Horizontes de Emancipación: La Posibilidad de una Práctica Revolucionaria de la Arquitectura (Introducción + Conclusiones)

Abstract

La arquitectura siempre ha estado ligada a procesos de transformación y reproducción social. Los arquitectos han intentado desafiar estructuras sociales en el pasado, pero esta tendencia parece estar en plena decadencia, ¿Es posible todavía una práctica emancipadora de la arquitectura? ¿Qué impide que la arquitectura forme parte de transformaciones radicales en lo social y espacial? Para saber si aún puede tener una función progresiva en la sociedad, su relación material con el capital debe ser desentrañada. El cuerpo humano activo, el trabajo abstracto, el espacio abstracto, el capital fijo, la propiedad del suelo, y la renta son conceptos fundamentales para entender la lógica espacial del capitalismo. Esta investigación examina estos aspectos teóricos en su relación con el edificio UNCTAD III en Chile, uno de los últimos intentos de oposición a la producción capitalista del espacio. A través de este caso, preguntas sobre el rol de la arquitectura en la sociedad capitalista y cuáles son las posibilidades de una práctica alternativa en nuestras condiciones actuales, pueden ser abordadas. Una alternativa radical a través de la arquitectura debe reconocer tanto su autonomía como su dependencia de las ciudades producidas por el capitalismo, si pretende plantear cambios concretos.

Palabras clave: Capitalismo, Producción de la Arquitectura, Espacio Abstracto, Práctica, Utopía, Revolución, Emancipación

Indice

Introducción

Parte I: La Base Material de la Arquitectura                                                          

1 Las Relaciones con la Naturaleza

2 El Orden Artificial

3 La Arquitectura de los Actos y la Abstracción del Trabajo

Parte II: La Producción de la Arquitectura en el Capitalismo

4 La Producción Social de la Arquitectura

5 Abstracción Real: La Arquitectura como Capital

6 Lo Formal: La Arquitectura como Mediación Política

Parte III: UNCTAD III y la Dialéctica de la Derrota

7 1971, Utopía: Industria, Modernismo, y Lucha de Clases en la Vía Chilena al Socialismo

8 1973, Tragedia: La Utopía Neoliberal y la Vía al Posmodernismo

9 2010, Farsa: GAM y el Aplanamiento de la Historia como Espectáculo

Conclusiones: ¿Una Arquitectura Revolucionaria?

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Introducción

Tarde o temprano en su formación o en su práctica, todo arquitecto se ve obligado a confrontar un peculiar dilema: para proyectar lo posible tiene que pensar en lo imposible. En otras palabras –y quizá sin saberlo–, debe imaginar algo que parece imposible con el fin de abrir paso a nuevas posibilidades. Si evita esto, sus visiones y diseños serán frustrados por el presente: repetirán sin cesar lo existente, o solo lo modificarán trivialmente, haciéndolo aparecer como algo nuevo, o de lo contrario, regresarán nostálgicamente a un pasado añorado. No serán proyecciones en sentido estricto, no engendrarán alternativas posibles. Al desafiar lo que parece posible, el arquitecto se da cuenta de que sus ideas no son realmente suyas, de que vive en una realidad social en la que desempeña un rol como cualquier otra persona. Sus percepciones y pensamientos acerca de esa realidad están condicionados por su posición en ella, y ésta es la verdadera fuente de sus puntos de vista sobre la arquitectura, de las cuestiones que debiera abordar con más urgencia, los objetivos hacia los que debiera apuntar y los métodos más adecuados para alcanzar dichos objetivos.

Este conflicto interno entre lo que parece ser posible o imposible en el horizonte espacial y temporal de una sociedad determinada revela una tensión permanente en la arquitectura: por un lado, no puede evitar la proyección de un posible estado de cosas, y por ende, la transformación de una realidad dada y, por otro, es la expresión de lo más ‘fijo’ en una sociedad: su estructura social, sus relaciones de propiedad, el Estado, etc. La presente investigación examina esta dialéctica con el objetivo de evaluar las posibilidades que la arquitectura tiene de transformar radicalmente una realidad establecida en lugar de reproducirla pasivamente. Este problema forma la primera etapa de un proyecto de investigación más amplio, que intenta sentar las bases de una teoría y práctica conjunta entre arquitectura y acción política. Este proyecto discutirá que uno de los aspectos más decisivos en una obra de arquitectura es el modo en que el arquitecto se posiciona en relación al mundo que habita. El arquitecto debe ser ante todo un ser humano situado, totalmente orientado y consciente de su papel en la historia (el tiempo), el espacio y la sociedad. Se plantean tres preguntas fundamentales: ¿Dónde nos encontramos hoy? ¿Qué se debe hacer? ¿Cómo debe hacerse? Cada una de estas preguntas apunta hacia diferentes etapas de la investigación, de las cuales la presente corresponde a la primera: para saber en qué tipo de realidad vivimos y cuál es nuestra posición y el rol en ella, tenemos que analizarla críticamente. Para poder evaluar la posibilidad de una  práctica arquitectónica que pretende no sólo la crítica hacia nuestro actual sistema social (capitalismo global), sino que además tener un papel activo en la lucha por su transformación radical, se requiere esclarecer su función dentro de dicho sistema. Esto implica un análisis del rol que la arquitectura cumple en el capitalismo, con el objetivo de demostrar su relación estructural, y evaluar el caso del edificio de la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD III) en Chile como un intento concreto por desafiar dicha relación.

I

Para saber si la arquitectura puede todavía tener una función progresiva en la sociedad capitalista, es necesario desentrañar su relación concreta con el capital. Como explicaré más adelante, a mi parecer la forma más adecuada de hacer esto es a través de: en primer lugar, examinar la forma abstracta o más pura de dicha relación, en contraposición a su investigación histórica; segundo, poner el estado actual de la práctica arquitectónica en perspectiva a través del análisis de un punto de inflexión crucial en su historia. La primera premisa supone un conocimiento suficiente sobre la relación de la arquitectura con cualquier tipo de sociedad –es decir, su relación universal con la práctica humana. Es evidente que una aproximación histórica a este problema supera el alcance de este trabajo, ya que probablemente requeriría un estudio comparativo de la evolución de la arquitectura desde el surgimiento del capitalismo. Se deduce entonces, que la segunda premisa debe subordinarse a la primera, es decir, se procederá de lo abstracto a lo concreto, progresivamente.

Las cambiantes relaciones entre el medio ambiente humano y las prácticas que incesantemente lo producen parecen estar en el centro de investigaciones relativamente recientes sobre el espacio, la economía y la política. En general, estos trabajos se centran en el hecho de que la arquitectura se interpone entre nosotros y la sociedad-naturaleza, es decir, nuestras relaciones como seres individuales y sociales están siempre mediadas por el mundo artificial que nosotros mismos hemos creado. A pesar de que en los últimos cuarenta años el capitalismo se ha expandido a una escala imprevista y ha impregnado casi todos los aspectos de la vida humana, los arquitectos en general parecen más cómodos que críticos hacia éste –ver la reciente evolución de firmas de arquitectura multinacionales y su maridaje con el establishment académico. Las posibilidades tecnológicas abiertas por este proceso son recibidas de manera más bien positivista, sin tener plenamente en cuenta sus bases económicas y sociales. La falta de estudios de arquitectura que cubran sistemáticamente estas cuestiones podría ser vista como un síntoma de la forma misma que esta relación entre arquitectura y capitalismo toma en la esfera de la cultura.

Desde el punto de vista de la fenomenología, las obras de Van der Laan (1983, 1960, 2005), Uexküll (s. f.; 1957; 1926, 2010), y Borchers (1968, 1975) intentan construir una ontología de la arquitectura –es decir, una teoría de sus bases fundamentales, más allá de consideraciones históricas o contingentes. Este enfoque fenomenológico y biológico se centra en la percepción humana, la acción y el rol del cuerpo en la configuración de nuestro mundo. Lefebvre (1991; 2004) también ha intentado restaurar el cuerpo humano como productor del espacio y la arquitectura a través de su actividad. Estudios relativamente recientes en la materia, criticando y contrastando el impacto de la cultura de consumo y de la imagen, han sido desarrollados por Pallasmaa (2005, 2007, 2009), que analiza el sesgo visualista y autorreferencial de la arquitectura moderna, posmoderna y contemporánea. Las ideas de Marx (2011) y Heidegger (2011) también tienen relevancia al estudiar cómo el cuerpo humano a través de su movimiento y trabajo capta el mundo que lo rodea con el fin de intervenirlo continuamente para ajustarlo a sus necesidades.

Durante la segunda mitad del siglo XX una serie de teorías relacionadas con el papel del espacio, las ciudades y la arquitectura en la sociedad capitalista han cuestionado críticamente las diferentes actitudes que los arquitectos han adoptado en relación con la realidad global del capitalismo. Estos temas han sido ampliamente investigados en las ciencias sociales. En de la teoría de Marx (1968, 1859, 2011), el materialismo histórico ofrece un marco para el análisis científico de la sociedad a través de un método dialéctico. Sobre la base de la economía política marxiana, el trabajo de Lefebvre y Harvey han reinstalado la relevancia del espacio en la reproducción de este sistema social contrastando con teorías previas más ortodoxas, que tendían a subestimar su importancia. El trabajo de Lefebvre (1991, 1976, 1976, 1983, 2003) ha sido una fuente importante para geógrafos, urbanistas y arquitectos, así como diversos movimientos sociales. Lefebvre plantea preguntas críticas acerca de la naturaleza del entorno construido e introduce una historia del espacio abstracto, o el espacio producido por el capitalismo. De particular interés es su intento por desarrollar las ideas de Marx en una teoría de la economía política del espacio. También siguiendo las ideas de Marx, Harvey (1985, 2005) desarrolla una teoría del desarrollo geográfico desigual del capitalismo, en el que se analiza el papel de los procesos de urbanización en el desencadenamiento o desplazamiento de las crisis económicas.

El amplio campo de la Teoría Crítica, comenzando por Marx, Weber y Freud, seguido por el Marxismo Occidental y la Escuela de Frankfurt, llegando hasta la Teoría Cultural y los Estudios Culturales, colocan al frente problemas sobre la relación entre ideología y práctica social. Teorías más recientes se centran en el problema del espacio, que a menudo ha sido minimizado por los enfoques clásicos. Jameson, por ejemplo, analiza el posmodernismo como la forma cultural del capitalismo, así como el papel de la utopía y la temporalidad en la política, la cultura de masas y la arquitectura (1991, 1997, 1998, 2005). Harvey (1989) también analiza estos temas centrándose en la dialéctica entre base y superestructura, especialmente en el paso de la modernidad a la posmodernidad. Lefebvre (1995) analiza críticamente la modernidad en toda su ambigüedad política y estética. Eagleton (1991) y Žižek (1994) restablecen la teoría de la ideología, sobre todo en su nivel ‘cotidiano’ o del fetichismo de las relaciones de mercado.

La crítica radical de las diversas ideologías arquitectónicas y su rol en la reproducción y legitimación del capitalismo ha sido investigada por Tafuri y Aureli. Desde el punto de vista histórico, Tafuri (1998, 1976, 1980) es conocido por plantear una crítica radical de las ideologías arquitectónicas tanto modernas como posmodernas. Más recientemente, Aureli (2008, 2011) ha realizado contribuciones relevantes al estudio de las relaciones entre política y arquitectura, primero, relacionando el movimiento marxista autonomista italiano de finales de los 60 con las teorías arquitectónicas de Aldo Rossi y Archizoom, y segundo, estableciendo el papel de lo formal y del proyecto en relación a la dimensión política de la arquitectura. Leach (1999) y Le Corbusier (1986) han abordado directamente la relación entre arquitectura y revolución. El primero desde los puntos de vista del Marxismo Occidental y la teoría de Foucault sobre la relación entre espacio, poder y saber; y el segundo, desde un singular enfoque sobre el papel de la arquitectura en una revolución social.

II

Hay varias cuestiones que no son claramente establecidas o tratadas por los autores mencionados. Con su enfoque en el lenguaje, el discurso y la relación entre poder, saber y espacio, la crítica radical de las ideologías arquitectónicas no capta el nivel de la experiencia corporal de la arquitectura y su crítica, y a menudo se mantiene dentro de un enfoque idealista y abstracto respecto a los problemas de la arquitectura. Por otro lado, los enfoques fenomenológicos, en su intento por recuperar el cuerpo humano en una experiencia arquitectónica no alienada o no reductora, con frecuencia pasan por alto las cuestiones relativas a la práctica social y la historia, y caen en la pretensión utópica de que el cuerpo se puede restaurar únicamente por las lecciones de la arquitectura humanista, táctil y multisensorial de épocas pasadas (véase Jameson 1997, 252-54, 1998, 442). Las teorías críticas y culturales sí afrontan la problemática social, pero a menudo descuidan la importancia de la economía y de las relaciones materiales en la producción del espacio/arquitectura. Este problema es abordado por la economía política marxista no-ortodoxa, sin embargo deja de lado la cuestión fenomenológica o subestima el nivel ideológico. Lo que a menudo falta en todos estos campos es el nivel concreto de la obra de arquitectura, abordada desde un punto de vista social y material. La fenomenología minimiza el aspecto social, mientras que la teoría crítica y la economía desestiman el lado perceptual del análisis. En consecuencia, varias preguntas pueden ser planteadas, por ejemplo: ¿Cómo una obra de arquitectura actúa sobre nuestra percepción y relaciones sociales? ¿Dónde reside la dimensión social y política en una obra de arquitectura? ¿Se limita la relación concreta entre arquitectura y capital a ‘restricciones externas’ sobre una práctica arquitectónica que de lo contrario sería más ‘libre’? ¿O se encuentra incorporada desde siempre en el proceso interno de su producción?

Pareciera que la pregunta que lógicamente articula estos problemas es ‘¿puede haber una arquitectura revolucionaria?’ –de la misma manera como se podría pensar en una política, movimiento, o incluso prensa revolucionaria. Sin embargo, esta formulación oculta una problemática subyacente: ¿Puede la arquitectura ser política en sí misma? ¿Pueden los arquitectos tomar acción política a través de su arquitectura? ¿Requiere esto reducirla a un mero instrumento político o de propaganda? ¿No es ya uno? Por otra parte, la revolución es un proceso social complejo que incorpora muchas relaciones en diferentes niveles, por lo que no puede decirse que esté ‘contenida’ en las propiedades internas de un objeto. Una formulación alternativa de esta pregunta sería ¿Puede haber una práctica arquitectónica revolucionaria? De esta manera, el foco se desplaza de un objeto hacia la práctica social responsable de su producción.

Estas preguntas pueden ser reformuladas y organizadas a lo largo de la contradicción interna de la arquitectura entre cambio y replicación identificada anteriormente. Si la arquitectura está intrínsecamente ligada a imaginar un futuro, entonces siempre implica una transformación o bien una reproducción de una realidad existente. Sin duda, esta es una formulación altamente abstracta –ya que ambos polos denotan ‘extremos puros’ que no se encuentran en la realidad concreta–, aunque sin embargo nos permiten circunscribir el objeto de estudio. Antes que puedan formularse preguntas acerca de la revolución o la reproducción, una pregunta clave sobre las posibilidades y límites de la práctica arquitectónica debe guiar y estructurar nuestro análisis: de cara al capitalismo global y el supuesto desvanecimiento de cualquier alternativa viable a éste ¿Cuál debería ser el rol de la arquitectura en las ciudades producidas por el capital? Luego de la decadencia de la arquitectura moderna, junto con los ideales sociales y políticos que la sostenían ¿Es posible todavía una práctica emancipadora de la arquitectura? Dos opciones lógicas se abren a partir de esta pregunta primordial: si la respuesta hipotética es No, una segunda pregunta sería: ¿Qué impide que la arquitectura forme parte de transformaciones radicales en lo social y espacial? Y si la respuesta especulativa es Sí, una tercera pregunta puede ser lógicamente formulada: ¿Puede la arquitectura tener un papel en la transformación social? ¿Cómo?

III

Los criterios para selección del caso de estudio son una combinación de varios factores. La primera premisa fue concentrarse en una determinada práctica u obra de arquitectura, ya que la pregunta principal apunta hacia el ámbito del proyecto en lugar de problemas urbanos más amplios –aunque de ninguna manera pasando por alto la interacción entre ambos. El problema inicial fue encontrar una obra de arquitectura que, o bien encarnara la acumulación de capital (industrias, centros comerciales, oficinas, suburbios, etc.), o bien la desafiara (sindicatos de trabajadores, edificios constructivistas, etc.). Sin embargo, este enfoque tipológico limita la problemática al punto en que se asume que algo como una arquitectura capitalista o no-capitalista pueden coexistir dentro de un mismo modo de producción, lo que es un argumento sino dudoso, al menos ideológico. Sin embargo, este enfoque despejó el camino para plantear la cuestión de si centrarse en arquitecturas que pretenden reproducir el espacio capitalista, o las que pretenden transformarlo. La primera opción nos daría una comprensión precisa del papel del espacio/arquitectura en la acumulación de capital, mientras que la segunda aborda directamente el problema de la emancipación o revolución espacial. Esta última opción fue elegida debido a su evidente proximidad con la pregunta principal. El siguiente paso apuntó a la localización de un contexto histórico y geográfico. Se seleccionaron tres períodos históricos claves: 1) la arquitectura neoclásica y utópica de las revoluciones burguesas del siglo XVIII; 2) la arquitectura soviética constructivista de los años veinte; 3) las utopías radicales de finales de los sesenta. El tercer período fue escogido por ser relativamente reciente y, por ende, menos estudiado que los anteriores. Sin embargo, hay una razón más importante para haber seleccionado dicho período en particular: representa un momento coyuntural en el desarrollo del capitalismo del siglo XX, y este hecho fue reflejado ampliamente en el ámbito cultural (la transición del modernismo al posmodernismo) y político (revueltas de 1968). En el ámbito arquitectónico, durante estos años se establecieron los programas clave (posmodernismo, tecno-utopismo, fenomenología, deconstructivismo, regionalismo, etc.) que sentarían las bases para los desarrollos actuales (biomorfismo, parametricismo, sustentabilidad, etc.).

El edificio UNCTAD III fue seleccionado finalmente debido a dos factores: en primer lugar, se trató de un intento concreto de confrontar la producción capitalista del espacio durante un proceso pre-revolucionario en la sociedad chilena; en segundo lugar, mi propia cercanía con el edificio y su historia (nací y me crié en Santiago y he sido testigo de sus diversas metamorfosis a través del tiempo).[1] UNCTAD III fue construido entre 1971 y 1972 en Santiago de Chile, durante el gobierno de Salvador Allende. Simbolizó un enorme esfuerzo colectivo, construido en sólo 275 días con motivo de la tercera sesión de una importante Conferencia Internacional de las Naciones Unidas[2] durante la cual líderes mundiales tuvieron la oportunidad de conocer personalmente lo que entonces se denominó la ‘vía chilena al socialismo’. Su diseño fue influenciado directamente por las premisas de la Bauhaus y el Constructivismo. Luego del golpe militar de 1973, el edificio se convirtió en la sede de la Junta, y después pasó a formar parte del Ministerio de Defensa, adquiriendo todo tipo de connotaciones represivas y autoritarias. Posteriormente, en el 2006, fue parcialmente destruido por un incendio, sólo para ser reconstruido el 2010 como el espectáculo visual de la coalición liberal-democrática que se encontraba en ese momento en el poder.

IV

Examinar la función de la arquitectura dentro del modo de producción capitalista en su forma general o abstraída, y evaluar las posibilidades que la práctica arquitectónica tiene de confrontar activamente dicha función, constituye el objetivo principal de esta investigación. Un objetivo secundario es analizar un ejemplo histórico concreto de una relación antagonista entre arquitectura y capital, con el fin de comprobar la viabilidad de las hipótesis teóricas planteadas. El estudio de esta relación –desde el punto de vista de la práctica– no ha sido una preocupación importante para los teóricos de la arquitectura, ni hablar de los profesionales. Este hecho contrasta con el aporte de ciencias sociales como la geografía o la sociología. En consecuencia, el estudio de estas cuestiones teóricas e históricas ahonda en una zona inusual del conocimiento arquitectónico y contribuye a la formación de una práctica alternativa y crítica de la arquitectura que se plantea como objetivo transformar concretamente nuestras condiciones materiales existentes en lugar de simplemente replicarlas o reforzarlas.

V

La estructura general de este estudio se compone de tres partes principales. Tanto la totalidad como sus partes se organizan de acuerdo a un método dialéctico de investigación, partiendo de conceptos teóricos elementales hasta temas históricos más complejos –de lo abstracto a lo concreto. Cada parte tiene una función distinta, la primera despliega principalmente un argumento teórico, la segunda es predominantemente histórica, y la tercera se centra en la práctica y la coyuntura histórica.

En la primera parte, me ocupo tanto de los fundamentos de la arquitectura como del capitalismo, tratando de desentrañar su relación estructural a partir de los conceptos básicos que los definen. Para ello, busco relacionar la fenomenología de la arquitectura con un enfoque materialista respecto a la cuestión de la praxis humana. En la fenomenología, la arquitectura es pensada como un mediador entre el hombre y la naturaleza (Van der Laan 1960, 7, 1983, 11; Borchers 1968, 33, 1975, 182), mientras que en el materialismo histórico, el mediador principal es la práctica humana en sí, ya que el trabajo humano es visto como la actividad fundamental por la que el hombre transforma la naturaleza, produciendo un mundo humano a partir de ésta, y modificándolo constantemente en función del desarrollo de sus fuerzas productivas (Marx, 2011, 197-98). Una mayor integración de estos enfoques requiere de una profundización de la fenomenología en las ideas de la biología teórica (Uexküll 1926), y una progresiva incorporación de la función de las relaciones sociales en la percepción y la producción de la arquitectura (véase Capítulo 2). Al poner en relación una definición específica de objeto arquitectónico –en términos de un esquema de acción más que de una cosa sensible– y la teoría del valor de Marx –como ‘cristalización’ del trabajo humano abstracto–, planteo entender su relación e influencia mutua como la base material sobre la cual descansa la producción capitalista de arquitectura (véase Capítulo 3). Una restauración del cuerpo humano y el valor de uso sobre el dominio del fetichismo de la mercancía y el valor de cambio requieren un enfoque materialista de la arquitectura en que la práctica social constituye el origen real de las ideas arquitectónicas en lugar de lo inverso.

Este enfoque nos dirige, en la segunda parte, hacia un entendimiento del espacio y la arquitectura como productos sociales sujetos a las mismas leyes de movimiento que operan en el modo de producción capitalista. Ambos poseen funciones sociales específicas, ya sea como medios de producción y subsistencia, o lo que denomino como una ideología objetiva (véase Capítulo 4). ¿Cómo se puede caracterizar el tipo de arquitectura producida por el capitalismo? Conceptualizado a partir del proceso histórico de la abstracción del trabajo y el espacio –es decir, la acumulación primitiva requerida para el establecimiento de la sociedad burguesa y sus relaciones de propiedad–, psicólogos, historiadores y teóricos de arquitectura desarrollaron el concepto moderno de espacio hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Este concepto presenta al ‘espacio’ como un vacío/volumen neutral y autónomo disociado de las prácticas sociales y políticas que lo producen. Por lo tanto, se trata de una concepción ideológica (falaz) del espacio desde un comienzo. Otros intentos de la Bauhaus y parte del movimiento Constructivista de incorporar la dimensión social a través de teorías funcionalistas (y supuestamente marxistas) no abordaron el papel que el formalismo (y su forma degradada, el esteticismo) tuvo y aún tiene en el carácter fetichista del espacio capitalista (Tafuri y Dal Co 1980, 173). En efecto, la reducción del espacio a este estado apolítico, visual-estético, o puramente empírico no es mera ideología, sino que cumple una función práctica específica: garantizar la reproducción de las relaciones sociales de producción (Lefebvre 1991, 317, 1976, 11). Sin embargo, dicha reproducción no se puede conseguir sin grandes problemas. Las contradicciones internas al desarrollo del capitalismo (especialmente entre capital y trabajo) se incrementan en el nivel espacial como una tendencia simultánea hacia una homogeneización absoluta por un lado, y la fragmentación extrema del espacio, por otro. La arquitectura se convierte así en una abstracción real (como el dinero o el capital), un objeto aparentemente autónomo y racional, que aspira a homogeneizar todo lo que se encuentre en el camino de las fuerzas de la acumulación (el estado y el mercado mundial), paradójicamente, mediante la fragmentación y subdivisión del espacio (véase Capítulo 5).

Si el espacio/arquitectura puede servir a fines políticos y económicos mediante el reforzamiento de las relaciones de producción/propiedad, ¿podría servir entonces como un dispositivo para confrontar dichas relaciones? ¿Acaso esto no depende, en primer lugar, de la total transformación de las prácticas sociales que lo produce? Estas preguntas requieren distinguir entre la política de la arquitectura y su dimensión política intrínseca. Mi objetivo es demostrar que la arquitectura es intrínsecamente política, no en el sentido limitado de su uso o interpretación política, sino debido a su rol como mediador entre los seres humanos, la naturaleza y el mundo humano. Lo político es una condición universal o formal, mientras que la política es particular y contingente (Jameson 1997, 243; Lefebvre 2003, 61). Esta distinción se expresa en términos arquitectónicos, a través de la dialéctica entre proyecto y diseño (Aureli 2011, xiii, 30ff), que corresponde también a la ya mencionada relación entre objeto y cosa. La dimensión política sólo puede ser captada al nivel abstracto/interno de los objetos, a saber, en la forma en que un proyecto fija el modo de relación entre la arquitectura y el espacio social que la produce (por ejemplo, la ciudad). La distinción entre el concepto de lo político y la ideología también debe ser considerada con el fin de aclarar su relación con la arquitectura. La ideología, por ejemplo, no se define tanto como una construcción mental, sino como algo que opera en la práctica social, por lo tanto, en la práctica arquitectónica. En última instancia, mi objetivo es demostrar que la arquitectura no puede ser política en sí misma (como la encarnación directa de una ideología política en particular), ni tampoco puede ser política debido a sus cambiantes usos políticos. Sin embargo, esto no implica que pueda ser determinada conscientemente (políticamente) al nivel substancial del proyecto arquitectónico (véase Capítulo 6).

Por último, en la tercera parte mi propósito es evaluar el marco teórico a través de un análisis materialista de UNCTAD III. Esta parte se divide en tres capítulos que, como episodios de una historia, tratan de reconstruir el proceso de concepción, construcción y funcionamiento del edificio. Este proceso se articula mediante la interacción dialéctica entre tres puntos de inflexión históricos: Utopia (1971), Tragedia (1973), y Farsa (2010).[3] En Utopía (véase Capítulo 7), se analiza el contexto económico y político de la época y su influencia en la concepción y realización del edificio. Dos niveles de análisis son introducidos: el edificio como resultado y condición de una práctica concreta, y como una representación ideológica. En Tragedia (véase Capítulo 8), se examinan las precondiciones sociales del golpe militar que puso fin al proceso revolucionario chileno y que transformó UNCTAD III en la sede principal de la Junta –una especie de centro de vigilancia estratégico, similar a un búnker de guerra. En Farsa (véase Capítulo 9), se relata el triste destino del edificio después del término de 17 años de dictadura: en el 2006 fue parcialmente destruido por un incendio debido a la falta de mantención, y más tarde fue reconstruido de acuerdo a los imperativos de una arquitectura abstracta y altamente estetizada. Varias preguntas surgen de este análisis histórico y que intentaremos responder de acuerdo a las premisas teóricas previas. Por ejemplo, ¿cuál fue la relación que UNCTAD III estableció con la ciudad y el entorno social más amplio de la época? ¿Cuál es su dimensión política intrínseca? ¿Cuál fue su papel en el proceso revolucionario iniciado por el gobierno de Allende? Si después del golpe, el edificio fue fácilmente convertido en un aparato represivo ¿dónde reside su potencial emancipatorio?

Después de examinar este caso único, que muestra la historia y la derrota de una práctica arquitectónica abiertamente política –precisamente en un punto de inflexión en la historia general de la arquitectura– seremos capaces de evaluar la posibilidad de que una práctica arquitectónica políticamente comprometida aún pueda ser viable dentro de las leyes coercitivas de la acumulación capitalista. Como cualquier otra forma de práctica social, la arquitectura podría tener un rol importante que desempeñar en un proceso de revolución social que apunte hacia la emancipación de la clase trabajadora de la dominación abstracta del capital y su forma política, el Estado. A pesar de que se pudieran formular acusaciones precipitadas de utopismo, debemos recordar que a veces lo verdaderamente utópico no es lo imposible, sino que precisamente la eterna reproducción de lo posible. Puede ser cierto que una futura ‘arquitectura socialista’ o no-capitalista no pueda ser pensada de antemano, y que dicho intento es fútil. En ese caso, uno pudiera preguntarse si esto no es más bien un falso problema. Podría ser que la verdadera cuestión resulte ser mucho más modesta: no la imaginación de arquitecturas imposibles y utópicas sobre el papel, sino la larga lucha –en terreno– por la consciente organización y revolución de su práctica.

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Conclusiones: ¿Una Arquitectura Revolucionaria?

No hay duda de que, en todas sus variantes, el modernismo –como la forma cultural y política del capitalismo– abrió un rol potencial para el arte y la arquitectura en la transformación revolucionaria de la sociedad burguesa –un papel difícilmente concebible hasta finales del siglo XIX. Sin embargo, esto no fue más que una posibilidad a la espera de realizarse. La ambigüedad política hacia el capitalismo y sus nuevos desarrollos tecnológicos, sobre todo en la arquitectura, comprometió en gran medida dicha potencialidad. Esto fue mucho más allá que una cuestión de elección para los arquitectos, dado que la fuerza y ​realidad del espacio abstracto –generado por el movimiento del capital y el Estado centralizado– influenció la teoría de la arquitectura de manera insospechada. Los arquitectos marxistas más comprometidos, desde los movimientos Constructivista al Neues Bauen, por ejemplo, vieron al funcionalismo como el resultado práctico del materialismo histórico: la arquitectura sería determinada únicamente por los procesos de la vida real y ya no por la ideología de la clase dominante. Sin embargo, tras el impulso inicial, el resultado fue claro: lejos de desafiarlos, la arquitectura moderna encarnó eficientemente los requerimientos del capitalismo y su aparato estatal. Con el advenimiento del capitalismo global y su contraparte cultural, el posmodernismo, el componente revolucionario fue ‘tirado por la borda’, por decirlo así, junto al Estado totalitario. El potencial de una práctica arquitectónica revolucionaria jamás se restableció –a excepción de unos pocos intentos menores. A pesar de la crítica posmoderna del modernismo (dentro y fuera de la arquitectura), lo que ha permanecido intacto durante la era posmoderna es, por supuesto, la actitud indulgente hacia el capitalismo. En ausencia de un proyecto político global que confronte seriamente la hegemonía capitalista y sus formas políticas (democracia liberal), el desafío activo de la arquitectura contra el orden social establecido, a lo sumo, se ha retirado hacia un fenomenologismo reaccionario o desviado hacia la impotencia de nuevas formas de moralidad que se asemejan a una ‘ética de negocios’ (construcción ‘responsable’ o ecológicamente ‘respetuosa’); y, en el peor de los casos, ha admitido voluntariamente las nuevas necesidades de una industria cultural multinacional (bajo pretextos autorreferenciales o teóricos), o se ha rendido totalmente ante los dictados de la especulación inmobiliaria.

Cualquiera que sea el intento de diagnosticar la situación actual, debería estar claro a estas alturas que hemos decidido seguir un camino muy diferente en este análisis. En lugar de abordar directamente el estado actual de las cosas, se ha creado una distancia crítica, lo que ha permitido ver el problema en cuestión de nuevas maneras. Esta distancia se ha creado tanto en el plano de la teoría como el de la historia. En primer lugar, hemos abstraído la relación concreta y contingente entre arquitectura y capitalismo para examinarla en relativo aislamiento –colocando entre paréntesis ciertas especificidades históricas y geográficas. En un segundo movimiento, hemos puesto a prueba las conclusiones teóricas mediante su incorporación en las complejidades de una realidad histórica concreta (UNCTAD III). Al volver hasta ese momento coyuntural de crisis y reestructuración capitalista, acompañado de la correspondiente agitación social, política y cultural, entre finales de los 60’ y principios de los 70’, mi objetivo fue localizar (examinando el último aliento del modernismo) las bases reales de la relación entre la arquitectura y el capitalismo actuales. La tarea de estos pensamientos finales es, entonces, rearmar esta totalidad (teoría e historia, abstracto y concreto) en su movimiento, es decir, reconectar los procesos examinados desde el punto de vista de la práctica –es decir, las restricciones y posibilidades concretas de un práctica arquitectónica antagonista.

I

El planteamiento inicial se caracterizó por el intento de relacionar la teoría fenomenológica y biológica de la arquitectura con una concepción materialista del mundo. El objetivo fue establecer el papel de la actividad humana (praxis) en la producción del mundo humano (segunda naturaleza) y, en particular, la arquitectura. Aunque se han realizado varios intentos por vincular el Marxismo y la Fenomenología en el pasado –especialmente en Heidegger y Merleau-Ponty–, el análisis se centró en la ‘arquitectura inherente’ en el cuerpo humano en lugar de preguntas trascendentales o existenciales más amplias. La cuestión clave fue la relación del cuerpo humano con la naturaleza en abstracto –es decir, como si estuviera hipotéticamente aislado de las relaciones sociales. Examinada de cerca, la naturaleza se revela no como un absoluto, no como autónoma, sino como algo que está siempre ya-transformado por el hombre. No existe una naturaleza original, sólo la naturaleza previamente modificada –en mayor o menor medida– por la mano del hombre y vista a través de la mente humana. Por lo tanto, la noción de una segunda naturaleza –el mundo humano como nuestro propio hábitat ‘natural’– capta la interacción dialéctica entre la naturaleza externa e interna (humana), yendo ‘más allá de la interpretación ontológica idealista y materialista de la naturaleza’ (Lefebvre 2011, 142). Lo que este breve análisis revela es el carácter ilusorio de distinciones mecánicas entre naturaleza y sociedad: sólo hay una segunda naturaleza (humanizada), que está hecha de la materia de la primera naturaleza. Interpretaciones falaces e idealistas de la naturaleza pueden llevar fácilmente a ver la arquitectura simplemente como el ‘receptáculo’ de la vida humana, como supuestamente es la naturaleza. Sin embargo, nuestro mundo humano no puede ser visto simplemente como un ‘medio’, ya que no solamente es un mediador entre nosotros y la naturaleza, sino entre nosotros y ‘nosotros mismos’. En otras palabras, es a la vez resultado y condición de la actividad humana que lo transforma continuamente con el fin de reproducirse a sí misma, y no puede hacerlo de otra manera. Por lo tanto, el mediador real y origen de toda arquitectura es la actividad productiva como tal.

Visto desde esta perspectiva, el problema general y U3 se vislumbraron bajo una nueva luz. La perspectiva ontológica idealizada, en que la arquitectura emerge entre los seres humanos y el espacio natural (Van der Laan, Borchers) se amplía con una en la que la arquitectura también media entre los seres humanos y la segunda naturaleza (social), y al mismo tiempo, entre lo que ya existe (arquitectura del pasado) y lo que podría ser (arquitectura posible). Por otra parte, debido a que la arquitectura es un producto de las relaciones sociales, esta relación espacio-temporal es una en la que las relaciones sociales organizadas son el intermediario concreto entre los seres humanos y su mundo objetivo. Además, es la acción colectiva humana la que interviene entre las condiciones sociales y materiales ya existentes, y las posibles o nuevas condiciones que esta misma acción anuncia. U3 fue el producto de un intento por forjar nuevas relaciones sociales entre Santiago y sus habitantes, una relación en la que los trabajadores pudiesen percibir el mundo objetivo de la ciudad y sus edificios como el producto común de su propio trabajo, como una gran obra colectiva que ya no pertenecería a una clase de ciudadanos particulares o al Estado, sino al pueblo que la produjo.

Es precisamente esta conciencia de la arquitectura como una actividad creativa consciente, sujeta a disciplina, lo que la distingue de la actividad de la construcción en general, y de las formas naturales. Para entender la arquitectura desde el punto de vista de las relaciones con la segunda naturaleza, fue necesaria una distinción adicional entre lo natural y lo artificial. En el ámbito de la arquitectura de esta diferencia está lejos de ser evidente, y se basa en el carácter constitutivo de los términos más que la fuente de la que supuestamente emanan. Marx también utilizó el término ‘segunda naturaleza’ para referirse al mundo humano ‘naturalizado’, tratado como un absoluto externo sobre el que los hombres no poseen control. Ampliando la distinción de Van der Laan entre los órdenes naturales y artificiales, Borchers incluyó la llamada arquitectura ‘cotidiana’, ‘vernácula’ o ‘popular’, que se desarrolla de forma espontánea, dentro del orden natural, y la distinguió de la arquitectura como el resultado del pensamiento teórico sistematizado, la cual pertenece a un orden artificial. La arquitectura concebida como arte mayor rompe desde el inicio con el determinismo de las leyes naturales (humanas o no). Se deduce entonces, que la transformación del mundo (como segunda naturaleza), en el sentido de romper con su desarrollo ‘natural’ o ‘ciego’ más que reproducirlo instintivamente, sería una característica intrínseca a la arquitectura concebida de esta manera. Una vez más, U3 puede ser visto como un ejemplo de esto. Las personas involucradas en la planificación y la construcción eran plenamente conscientes del rol del edificio y la conferencia en la ruptura radical con la planificación (burguesa) establecida de la ciudad.

En este punto, y habiendo llegado a conclusiones iniciales sobre una base abstracta, tuvimos que integrar el entendimiento universal o puramente teórico de la relación entre hombre y naturaleza en una comprensión social –y progresivamente histórica– de la actividad humana. Con este fin se desarrolló la distinción entre los órdenes naturales y artificiales en la diferencia entre las cosas (cualidades sensoriales externas) y los objetos (esquemas internos de acción), los cuales constituyen lo que Uexküll llama el círculo funcional del cuerpo humano. Junto a éstos, introdujimos la dialéctica del uso y el intercambio de Marx. La primera distinción apela al carácter dual del cuerpo humano, siendo a la vez un transmisor pasivo y activo de energía (Lefebvre, 1991, 178). La segunda, apunta al carácter concreto y abstracto de las mercancías. Una distinción adicional de Marx es entre el valor de cambio (razón de cambio entre mercancías) y el valor (trabajo abstracto). Siguiendo a Uexküll y Van der Laan, Borchers postuló a los objetos como la substancia de la arquitectura. Por su parte, Marx planteó al valor como substancia de las mercancías. El objetivo aquí fue establecer la relación intrínseca entre los objetos (arquitectónicos) y los valores (sociales). El concepto común que los une es el tiempo de trabajo, y su equivalente en arquitectura, los actos humanos. Según Borchers, los actos son acciones ‘cristalizadas’ (por ejemplo: entrada, pasillo, etc.), mientras que en relación con el valor, los actos son la estructura social que regula las acciones (por ejemplo, acciones ritualizadas, el trabajo, el deporte, la danza, etc.) En este marco, U3 se analizó como cosa y objeto, como valor de uso y valor de cambio. La cuestión central en este punto fue: ¿Cuáles características del edificio son intrínsecas a su arquitectura y cuáles no? Para responder, buscamos analizarlo como el resultado de una práctica social concreta y, al mismo tiempo, como una representación ideológica.

Al restaurar el papel central del cuerpo humano –su percepción, movimiento y su práctica social– reafirmamos una concepción materialista (social) de la arquitectura que nos permitió criticar y disipar los enfoques idealistas dominantes. Si la arquitectura es entendida ya no como el producto de los llamados ‘conceptos arquitectónicos’, las ideologías o incluso del zeitgeist ‘predominante’, sino más bien como resultado y medio de una práctica social, el problema de su rol en el capitalismo y en contra de éste reaparece de una manera distinta. Así, en lugar de concentrar los esfuerzos en los análisis ideológicos –sin duda necesarios, pero que abundan entre los teóricos de la arquitectura– decidimos centrarnos en las prácticas materiales sobre los que, en primer lugar, estos debates se construyen. En consecuencia, el primer paso en la investigación fue el análisis del espacio y la arquitectura entendidos como productos sociales, no medios pasivos o meros ‘reflejos’ de la sociedad. Establecimos sus funciones como los medios de producción y de subsistencia, y como ideología ‘objetiva’, es decir, el carácter fetichista que asumen bajo el capitalismo, y que es precisamente lo que asegura su uso instrumental por el poder político.

II

Una cuestión compleja emerge de estas reflexiones: ¿Qué tipo de arquitectura ha engendrado el modo de producción capitalista y cómo? La primera parte del problema debió abordarse de una manera abstracta, a fin de introducir el concepto clave de capital. Si la producción de valor (incluyendo la arquitectura) es lo que caracteriza a la producción simple de mercancías en las sociedades pre-capitalistas, la producción de plusvalía es lo que define el modo de producción capitalista. ¿Cómo se produce esta plusvalía? ¿De dónde viene la ganancia? Marx llegó a la conclusión de que sólo una mercancía llamada fuerza de trabajo tiene la capacidad de producir más valor de lo que cuesta –es decir, el capital variable. La condición previa para transformar el trabajo humano en mercancía fue la expropiación de los productores directos del acceso a los medios de producción (capital constante) y de subsistencia por una naciente clase social, la burguesía –un proceso conocido como acumulación originaria. Se inició así un cambio radical en las relaciones de propiedad, en la que el llamado ‘derecho a la propiedad privada’ asegura y legitima la exigencia de los ‘nuevos propietarios’ de explotar fuerza de trabajo con el fin de acumular plusvalía como un fin en sí mismo. El proceso por el cual el propietario de estos medios compra la fuerza de trabajo y la pone a trabajar para producir nuevas mercancías que luego vende por el precio original más una ganancia, define el concepto de capital. Por lo tanto, si el capital es un proceso en el que el valor contenido en las mercancías cambia constantemente su forma con el fin de expandirse a sí mismo –del dinero a las mercancías y de nuevo a más dinero– y luego, tan pronto como la arquitectura se adentra en este circuito como medio de producción (una fábrica u oficina, por ejemplo) se convierte ella misma en capital –como capital constante, o más específicamente, capital fijo.

El resultado de este proceso histórico fue la progresiva abstracción de las actividades laborales concretas en esa actividad indiferenciada de creación de riqueza llamada trabajo abstracto. Una vez medido como el promedio del tiempo de trabajo para producir una mercancía dada, el trabajo abstracto forma la substancia del valor de dicha mercancía, que finalmente se expresa en su valor de cambio y su precio. Según Lefebvre, este proceso no podría haber tenido lugar sin la integración de la arquitectura y el espacio en su totalidad, en el circuito del capital. Como resultado, éstos se han convertido en abstracciones reales: fetiches aparentemente autónomos (como el dinero y el capital) que causan una tendencia simultánea a la homogeneización y la fragmentación social que, sin embargo, es socialmente real. El espacio abstracto nació de la violencia y la ‘destrucción creativa’ de la acumulación originaria y la creación del Estado moderno. Esencial para este proceso fue también el papel creciente de la urbanización en la expansión de los mercados, llegando finalmente a todo el mundo.

A finales del siglo XIX y principios del XX, teóricos del arte y la arquitectura comenzaron a formular el concepto de espacio moderno, lo que no fue más que un reflejo en la teoría de una realidad social ya en desarrollo. Este movimiento corresponde a la instrumentalización del conocimiento analítico por el pensamiento burgués a fin de facilitar la aplicación práctica y estratégica del espacio abstracto –ya sea por el Estado o las empresas privadas. La arquitectura se convirtió progresivamente en un problema de ‘economía y conveniencia’ (Durand) y finalmente adoptó plenamente la jerga y los métodos de la industria a gran escala (la gestión científica del trabajo, el funcionalismo, y así sucesivamente). Paradójicamente, la Bauhaus, los Constructivistas y arquitectos afines se vieron a sí mismos como llevando a cabo una revolución anti-burguesa en el arte, el diseño y la arquitectura. Es cierto que cambiaron radicalmente la forma en que el arte y la arquitectura se relacionaban con la sociedad, y por lo tanto, inevitablemente, se abrió el camino para una práctica revolucionaria en el ámbito cultural. Sin embargo, las llamadas a los arquitectos a ‘abrir sus ojos’ a la sociedad industrial y sus nuevos desarrollos técnicos (Le Corbusier) contenían un mensaje ambiguo que resume su postura positivista. Arquitectos más radicales o abiertamente marxistas adoptaron una actitud determinista e igualmente positivista en la fusión entre materialismo y funcionalismo. Otras variantes del modernismo, como el futurismo, el expresionismo, y el neoplasticismo se mantuvieron dentro de un enfoque formalista-esteticista desprovisto de, o indiferente hacia, las cuestiones sociales.

Los arquitectos de U3 fueron muy influenciados (incluso directamente) por estas teorías, y las incorporaron en su diseño a través de dos características principales: el diseño total o integral, y la búsqueda de lo nuevo –ambas están estrechamente relacionados con la idea de la producción del espacio. La concepción abstracta del espacio se vio atenuada por un enfoque local como resultado del despliegue pre-revolucionario de nuevas relaciones sociales en el ámbito de la producción y la cultura. Como objeto arquitectónico (y un conjunto de objetos) y como el resultado y condición de una nueva práctica social, las características intrínsecas de U3 –como su planta libre, su estructura independiente, o su apertura hacia la ciudad– no lograron romper con la producción capitalista del espacio de una manera substancial. Sin embargo, su proceso de producción y diseño, sin duda desafió los métodos imperantes en la época, tanto en la arquitectura como la organización del proceso de trabajo.

Después de haber analizado las relaciones entre el desarrollo del espacio abstracto y la aparición de la arquitectura moderna, debimos especificar el carácter político de la obra de la arquitectura. ¿Es la arquitectura política? La respuesta es sí, pero sujeta a definiciones específicas. La distinción entre lo político y la política se desarrolló en el marco de la diferencia entre proyecto y diseño, que asimismo corresponde a la previa distinción entre los objetos (propiedades internas) y las cosas (propiedades externas). Se identificó un camino en que se reconoció el carácter estructural o formal de lo político en la arquitectura. Como el resultado de una práctica política en su sentido más amplio, la arquitectura es entonces intrínsecamente política, que no es lo mismo que decir que es política ‘en sí misma’. La dimensión política de la arquitectura radica en la estructuración del modo de relación que establece entre los seres humanos y entre éstos y su entorno. De ello se desprende que la utilización o la interpretación política de la arquitectura son funciones meramente externas o contingentes que no puedan constituir su dimensión política intrínseca. Al enfrentarnos a las afirmaciones de Jameson y Tafuri se hizo evidente que la pregunta inicial debía ser reformulada desde el punto de vista de la práctica arquitectónica y no de su resultado. Este nuevo enfoque nos permite hacer frente a la difícil cuestión de la acción política del arquitecto. Confrontando la esterilidad extrema de la posición de Tafuri, afirmamos la idea de que la acción política en arquitectura debe tener lugar primero al nivel de sus métodos de producción y debe ir más allá de los límites de la propia disciplina. U3 fue analizado desde el punto de vista de estas hipótesis, llegando a la conclusión de que a pesar su significación política explícita y cambiante a lo largo de su vida útil, su dimensión política intrínseca como objeto arquitectónico se mantuvo prácticamente sin modificaciones hasta que fue destruido por el incendio de 2006. Como un ejercicio de amnesia histórica y política, su reconstrucción aseguró que su dimensión intrínseca como objeto –y conjunto de objetos– se rompiera o modificara al punto de llegar a ser irreconocible.

III

No puede haber una práctica arquitectónica revolucionaria sin el apoyo de un proceso social revolucionario que la sustente. Si la arquitectura es entendida como el resultado de la producción social del espacio, es precisamente esta práctica productiva lo que deberá cambiar radicalmente para cambiar la arquitectura. Por otro lado, estas prácticas revolucionarias no ocurren en un vacío: están sujetas a un conjunto de condiciones ya existente, un espacio social y una arquitectura ya existentes. ¿Debería la práctica arquitectónica esperar a una revolución total, una transformación total de la producción de la vida material, para cambiar ella misma? o ¿Puede la práctica arquitectónica transformar estas condiciones materiales heredadas únicamente cambiando sus propios métodos internos? No y sí. No, en la medida en que estos métodos sólo pueden alterar la manera en que la arquitectura es conceptualizada y diseñada, pero no su producción social real, que depende de un amplio conjunto de fuerzas económicas y políticas: la arquitectura no puede cambiar exclusivamente a partir del ámbito de las ‘ideas’. Sí, si una práctica arquitectónica específica o un conjunto de prácticas son capaces de establecer vínculos orgánicos entre sus métodos y los objetivos de organizaciones sociales y movimientos revolucionarios, especialmente los vinculados a las prácticas espaciales –por ejemplo, movimientos ciudadanos, movimientos urbanos por el ‘derecho a la ciudad’, movimientos de los sin techo, organizaciones por la defensa del patrimonio o la conservación del medio ambiente, etc. ¿Qué impide llevar a cabo esto? Se examinaron varias cuestiones en nuestro análisis: la internalización del espacio abstracto dentro de la práctica arquitectónica, la ilusión ideológica de los arquitectos respecto a su propio papel en el capitalismo, su gran dependencia de un marco institucional (político) y económico que legitima y perpetúa el modo de producción existente, la ‘comodificación’ de los objetos arquitectónicos y de la arquitectura en general. ¿Cómo pueden los arquitectos confrontar estos límites? ¿Existen condiciones para una práctica de arquitectura políticamente consciente en el capitalismo? Para ser verdaderamente radical, la arquitectura debe ir a la raíz del problema y enfrentarlo con sus propios métodos, pero nunca de manera aislada de otras prácticas radicales, y ciertamente no como una cuestión puramente teórica o académica. La raíz del problema es clara: la arquitectura debe desafiar el espacio abstracto del capitalismo (basado en las relaciones de propiedad privada) mediante la restauración del cuerpo humano total en el conjunto de sus dimensiones perceptuales y sociales y en el ámbito de los objetos arquitectónicos, es decir, dentro de la propia planta de arquitectura. La actividad humana siempre podrá cambiar el propósito de la arquitectura, pero no puede cambiar su estructura interna, su sistema de medición, y la manera en que ésta afecta nuestra percepción y acciones. La arquitectura es un producto colectivo y artificial de nuestra propia creación, es el mundo humano que nos forma al tiempo que nosotros lo conformamos, su transformación no será nunca la exclusiva invención de los arquitectos, sino de la sociedad en su conjunto.

En resumen, esta investigación ha analizado teóricamente las relaciones entre arquitectura y capitalismo con el objeto de enfrentar con realismo la cuestión de su rol político en la lucha por la transformación de este modo de producción. Es evidente que esta tarea no puede ser confiada a la arquitectura como los modernos creían, sino que debe ser entendida sólo como una pequeña contribución (colaborativa) a un proyecto colectivo más amplio por la emancipación de la clase trabajadora de la dominación ciega y abstracta del capital, así como la transformación radical de sus instituciones –sobre todo la propiedad privada y el Estado. Sin duda, el objetivo final, como creía Lefebvre, es la transformación de la vida cotidiana en todos sus aspectos. Sin embargo, soluciones facilistas a este dilema caen por lo general en formas no-dialécticas o crudas de utopismo. Estas se manifiestan ya sea como experimentación formal auto-referencial vaciada de contenido político (o uno forzado y a posteriori), o como llamados reaccionarios a volver a una arquitectura más ‘humana’ y fenomenológica que lograría por sí misma un cambio sin contaminarse o asociarse con prácticas sociales externas. El carácter ilusorio y ensimismado de estas y otras variaciones no sólo exige un análisis crítico del lugar y rol de la arquitectura dentro de la producción capitalista del espacio, sino que más importante aún, es el replanteamiento de su práctica y métodos. En breve, lo que queda por hacer es trabajar hacia un programa de arquitectura que aborde de una manera unitaria (como un conjunto de proposiciones teóricas fundamentales) sus contenidos, objetivos y métodos. Por razones estratégicas explicadas anteriormente, esta investigación consistió sólo en una pequeña parte del análisis crítico necesario, centrado principalmente en los problemas de la arquitectura moderna. Un análisis más detallado requiere hacer frente a los nuevos problemas que el posmodernismo –entendido como la superestructura cultural del capitalismo global– representa para la práctica arquitectónica. Es de esperar que el ejemplo de UNCTAD III y la experiencia de los trabajadores, artistas, arquitectos e ingenieros que lo hicieron posible, pueda ser una valiosa prueba del potencial revolucionario de la práctica arquitectónica para contribuir modestamente a la transformación y re-apropiación del espacio y el tiempo social.


NOTAS

[1] He participado, además, en la traducción del español al inglés, de ‘275 Días: Sitio, Tiempo, Contexto y Afecciones Específicas’, un proyecto curatorial que recupera la mayor parte de las obras de arte integrado de UNCTAD III, perdido durante la dictadura, véase (Varas y Llano 2011, 5).

[2] Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD III), celebrada en Santiago de Chile, del 13 abril al 21 mayo de 1972.

[3] El título de estos capítulos es una referencia a los comentarios de Marx sobre la concepción de la historia de Hegel. Marx no sugiere que los acontecimientos históricos se repiten (‘primero como tragedia y después como farsa’), sino que lo nuevo es constantemente atormentado por lo viejo, construido sobre sus condiciones materiales establecidas, las cuales son inevitablemente escenificadas y parodiadas en toda circunstancia emergente: ‘los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio (…) La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos’ (véase Marx, 1937, 5).

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UNCTAD III: Arquitectura Contradictoria (Borrador)

*Este ensayo fue traducido electrónicamente desde el inglés.
Nota: Borrador para la segunda sección del Capítulo 5.

Por Patricio De Stefani

Este edificio refleja el espíritu de
trabajo, la capacidad creadora y el
esfuerzo del pueblo de Chile,
representado por:
 
sus trabajadores
sus técnicos
sus artistas
sus profesionales
 
Fue construido en 275 días y terminado
el 3 de abril de 1972, durante el gobierno
popular del compañero presidente de la
República, Salvador Allende G.
 
S.R.R[1]

1971, Utopía:

Industria, Modernismo, y Lucha de Clases en la Vía Chilena al Socialismo

El edificio para la tercera reunión internacional de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD III)[2] Fue construido en Santiago de Chile, entre junio de 1971 y abril de 1972, durante el gobierno del presidente socialista Salvador Allende.[3] Su historia está marcada por una serie de “traumáticas” eventos sociales y políticos, para decir lo menos. En esta sección se centrará en una “economía política” del edificio en relación con determinados aspectos del sistema económico chileno durante la década de 1960 y principios de 1970. Para ello voy a utilizar las principales hipótesis y conceptos desarrollados en la primera parte de esta investigación, el fondo económico más amplio, social y político de la época, y el caso y el papel de CORMU[4] en el diseño de una nueva forma de concebir el espacio urbano y la arquitectura influenciada principalmente por la Bauhaus y las ideologías del CIAM, sino también por las visiones sociales y políticos implícitos en las economías emergentes la cultura moderna de Chile.

Tendremos que comparar las premisas generales que el proyecto previsto sobre la relación entre la arquitectura moderna y la ciudad existente, con la relación actual del edificio establecido con la ciudad de Santiago. ¿Cómo UNCTAD III en relación con la ciudad existente? ¿Cuál fue el modo general y específica de esta relación? Responder a estas preguntas requiere que distingamos entre el edificio como lo sensorial y el edificio como objeto social.

Como una intervención urbana concreta, que estaba destinado originalmente para completar un gran complejo de viviendas modernistas: San Borja Renovación Urbana. Este desarrollo forma parte de las políticas urbanas llevadas a cabo por CORMU (desde 1966) y las políticas de vivienda de CORVI[5] -Dos. Dependiente del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU)[6] El papel y la visión de estas instituciones del Estado fue en gran medida progresista y enfocado en resolver los problemas de vivienda y urbanas de la clase obrera. El edificio está situado en el centro de Santiago en un bloque triangular. Su entrada principal está orientada al sur de la calle principal de la ciudad, Alameda (Libertador Bernardo O’Higgins) y San Borja, al oeste se encuentra el Cerro Santa Lucía (lugar fundacional de la ciudad), en el barrio norte Lastarria, Parque Forestal, y Cerro San Cristóbal, y al este, una de las plazas principales de la ciudad, la Plaza Baquedano. Se trata de un edificio aislado formado por dos volúmenes principales, un volumen horizontal en forma de losa que contiene todas las salas de conferencias principales y otras instalaciones, y una torre que comprende las funciones de secretaría (Fig. 1). Magnitud general del bloque horizontal se podría resumir de la siguiente manera: 180 m de longitud, 50 m de ancho y 20 m de altura, mientras que la torre es de 24 metros de eslora, 20 m de ancho y 80 m de altura. El edificio principal consta de tres edificios más pequeños (de estructura de acero y revestimiento de chapa ondulada), y sobre ellos un techo de acero plano tridimensional se basa en dieciséis pilares de hormigón. El edificio se conecta, a través de su entrada principal, la Avenida Alameda y el barrio Lastarria (Fig. 2).

Fig.1. Edificio UNCTAD III, placa y torre, 1972

Fig.2. Contexto urbano (Santiago Centro), vista desde Cerro San Cristóbal hacia el sur, 1973

Como un objeto urbano, el edificio se materializa un esquema más general de intervención en la ciudad existente. CORMU vio esto como una estructura burguesa obsoleto e ineficiente que fue el resultado directo de la “anarquía” y desigualdades del capitalismo (Honold y Poblete, citado por Gámez 2006, 11). La principal tarea de los planificadores chilenos y los arquitectos modernistas consistía en imponer el orden en la ciudad existente, un orden que era a la vez necesario y racional, universal y humana. Sin embargo, veremos que el modernismo chileno difieren en aspectos importantes de la evolución más generales dentro de la arquitectura moderna internacional, y parte de ello se debió a la influencia de las políticas económicas de América Estados Unidos. Como objeto arquitectónico, la UNCTAD III, se organizó en torno a una variante de la idea moderna del plan libre homogénea. Las múltiples actividades relacionadas con la conferencia fueron organizadas en un único plano compacto, rectangular donde las actividades sean «libremente» distribuidos por núcleos funcionales, incluyendo salas de conferencias propiamente dichas (Fig. 3).

Fig.3. Plano de ubicación y planta primer piso

Tan pronto como se analizan estas condiciones y las ideas más estrechamente, contradicciones emergen. La ideología de la CORMU refleja en gran medida los objetivos contradictorios, como la integración a través de la urbanización de la población pobre, como medio para evitar revueltas sociales-mientras que al mismo tiempo argumentar a favor de una transformación “socialista” y moderna de la ciudad burguesa. Sin embargo, como este discurso venía de la ideología dominante ‘modernización’ del Estado de “productivismo”[7], Necesitamos una comprensión más profunda de las condiciones económicas de las últimas décadas.

Desde la década de 1940 a finales de 1960 el chileno formación socioeconómica[8] Se caracteriza por un modelo de industrialización por sustitución de importaciones parcial (ISI)[9], Siguiendo las teorías económicas desarrollistas.[10] Estos fueron adoptados por diversos gobiernos latinoamericanos con el fin de promover la industrialización como una manera de superar el subdesarrollo y la crisis de los mercados de sus exportaciones-se agravó por la Gran Depresión (Hettne 2001, 137). Las relaciones económicas internacionales de Chile se caracteriza por la forma en que los países subdesarrollados trataron de hacer frente a la modernización sin mantener su dependencia anterior en naciones del primer mundo, que ellos acusados ​​de imperialismo y la explotación a través del intercambio desigual.[11] Bajo este impulso, una serie de instituciones internacionales se han creado a lo largo de las líneas de los conceptos de “desarrollo” y “modernización”[12] -e.g. CEPAL, UNCTAD.[13] En Chile, las instituciones del Estado nuevos, como CORFO[14] fueron creados para estos efectos. Sin embargo, el modelo fue ‘agotado’ pronto debido al impacto de la Segunda Guerra Mundial y los problemas internos, tales como la falta de demanda de bienes de consumo.[15] En 1958, la burguesía emergente logró elegir a Jorge Alessandri, un rico industrial del hombre-como el nuevo presidente, quien promovió la apertura a la inversión extranjera como una forma de financiar el modelo ISI en nuevos sectores de la economía-por ejemplo, bienes de capital y bienes de consumo duraderos (Vitale 1998, 207-208). Durante los años 1950 y 1960 hubo grandes movimientos migratorios de los campesinos a los centros urbanos. Esto dio lugar a una escasez de vivienda y otros servicios que el Estado tenía que cumplir, pero al mismo tiempo un aumento de la demanda, lo que permitió que el modelo ISI para recuperarse. De 1964 a 1970, el presidente Eduardo Frei Montalva, un demócrata cristiano que siguió las líneas desarrollistas recomendadas por CEPAL, basado en gran medida en los préstamos de los EE.UU., que un aumento sustancial de la deuda externa en el marco de la “Alianza para el Progreso” plan de puesta en marcha de Kennedy en 1961[16]- Para financiar sus propuestas. Dos de sus medidas más populares fueron la “chilenización del cobre”[17] y la “Reforma Agraria”[18] , Ambos de los cuales sólo se lograron parcialmente.

A medida que el desplome financiero de 1929 dio lugar a una disminución de los ingresos de divisas, que se utilizaban para importar productos manufacturados-CEPAL sugirió que los gobiernos de América Latina deberían adoptar el modelo de ISI. Sin embargo, este proceso de industrialización nacional se vio limitado por su dependencia del capital monopolista extranjero, que exportó la maquinaria e insumos necesarios para las industrias sustitutivas nuevos (Vitale 1998, 11). Por esta razón, el gobierno de Chile en virtud de Alessandri y Frei respaldó libre de impuestos a las importaciones extranjeras. Esto permitió a la burguesía industrial para salvar de la gran inversión en maquinaria, el aumento de la composición orgánica del capital, mientras que confían en la fuerza de trabajo barata (capital variable)-en su mayoría campesinos que vienen a los centros urbanos para aumentar sustancialmente sus ganancias y expandir sus industrias de consumo bienes a bienes de consumo duradero y productor (Vitale 1998, 6, 207-208). El aumento de la inflación y el malestar social debido a la vida pobre y las condiciones de trabajo, presionaron al Estado para promover grandes inversiones en urbanización (servicios, vivienda y transporte masivo) como una estrategia para integrar tanto los trabajadores y los campesinos y proporcionar la infraestructura necesaria requerida por la industrialización (Vitale 1998, 146). Mientras tanto, la burguesía agraria y comercial comenzó a trasladar sus inversiones al sector industrial, que pronto comenzó a ser controlada por empresas extranjeras a través de la inversión masiva de capitales. Hacia finales de 1960 el modelo de acumulación chileno se caracteriza por ser altamente concentrado, mono-exportador, heterogénea, con bajo nivel de ahorro, el crecimiento y el progreso técnico, y que no pueden superar la inflación crónica (Cornejo 2011, 174).

El clima ideológico general que surgió de e influyó en estas condiciones económicas fue dominada por dos tendencias principales. La primera fue la participación directa de la clase dominante con capital extranjero en el contexto de la Guerra Fría. Esto dio lugar a una feroz defensa de la propiedad privada y el control sobre los medios de producción, enmascarada como una defensa del individuo “libertad” y “democracia”, por lo general complementada con objetivos contradictorios, como el “reformismo” y la “integración nacionalista», representada por el Partido Demócrata Cristiano (DC) y el Partido Nacional (PN), respectivamente. El segundo fue el levantamiento campesino y movimientos obreros demandan tierra y la vivienda, que pronto se tradujo en “ocupaciones de tierras. Impulsado por la Reforma Agraria, la Revolución Cubana y las experiencias francesas de mayo de 68 ‘, este período se caracterizó por la escalada de huelgas y un rápido proceso de sindicalización, que fue reprimida violentamente por el gobierno de Frei, lo que resulta en varias masacres (Vitale 2000, 26). Sin embargo, fue precisamente su administración que desencadenó estos movimientos sociales que exigían la realización de sus promesas de una “revolución en libertad” (Vitale 2000, 23). Esta situación, junto con las divisiones internas dentro de DC, y la pérdida de la hegemonía de la burguesía industrial y financiera condujo en 1970 al triunfo de la coalición de la Unidad Popular (UP)[19] representada por Salvador Allende (Saavedra 2007, 178).

La estrategia económica seguida por el gobierno de Allende fue resumido por él de la siguiente manera: “Al desencadenar en el sistema económico fuerzas dinámicas frustrado antes, tenemos la intención de superar el modelo tradicional de crecimiento que se basó casi exclusivamente en aumentar las exportaciones y la sustitución de importaciones. Nuestra estrategia consiste en dar prioridad al consumo popular y confiar en las capacidades del mercado interno ” (Allende 1989, 317). Aunque Allende era abiertamente marxista y socialista, dejó en claro que su gobierno no iba a alcanzar el “socialismo”, sino más bien abrir un “camino” hacia ella, según el propio Chile, la autodeterminación y la situación. Su gobierno fue de transición, dijo, pero no obstante “popular, nacional, antiimperialista y revolucionario” (Allende 1983, 50). Por lo tanto, la llamada “vía chilena al socialismo” surge de “frente a la necesidad de iniciar una nueva forma de construcción de la sociedad socialista: nuestro camino revolucionario, el camino pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero nunca antes de poner en práctica ‘ (Allende 2009, 71).

Las contradicciones del chileno ‘dependiente’ forma de capitalismo, que comenzó a explotar bajo el gobierno de Frei, se profundizó durante el período de seguimiento. Como el cobre Allende nacionalizó y todas las industrias-que importantes ahora formaban parte del “área social”[20]- Y radicalizó la Reforma Agraria, los conflictos entre estos procesos sociales y el aparato legal e institucional dirigido por y para la burguesía, aumentado dramáticamente. Varios intentos para evitar que Allende asumiera el poder fueron hechas por la extrema derecha, incluyendo un fallido golpe de Estado respaldado por la CIA.[21] En el plano ideológico, el centro político lanzó campañas en los medios planteando la puesta de “tiranía comunista” contra “la libertad y la democracia”.[22] Lucha de clases como un proceso social objetivo, empieza a convertirse en parte de la realidad cotidiana chilena.

Como cualquier institución del Estado durante este período, CORMU también tomó parte activa en el proceso de transformación de la sociedad chilena. Esto se manifestó en la radicalización de su dirección y objetivos. A pesar de haber heredado el “reformista” enfoque de la administración de Frei, CORMU se llamaba ‘para sustituir a la deshumanización clasista creciente que demuestra el crecimiento caótico de la ciudad, mediante una política de recuperación de nuestro paisaje, las tradiciones populares y los hábitos de recreación, guiándolos ahora a los sectores pobres de la población “(CORMU, citado por Gámez 2006, 17). Podemos ver aquí un intento de conciliar un socialista, un moderno, un “regionalista”, y un enfoque asistencial al problema de la ciudad, por lo tanto, alejándose de la influencia de los regímenes de Europa y América (norte). Todas estas instituciones se crearon durante el gobierno de Frei, y tenían la intención de dar al Estado un papel de liderazgo en la producción del espacio urbano como una forma de impulsar la economía, así como integrar a la población marginada en el proceso de modernización (Raposo and Valencia 2005, 95). Sin embargo, en la práctica real, este proceso fue dirigido sobre todo a las clases medias, lo que sugiere que la creciente polarización social provocada por las contradicciones del capitalismo pueden mitigarse mediante el reposicionamiento de las clases medias en el centro de la ciudad (Raposo and Valencia 2005, 139). San Borja Renovación Urbana representado precisamente este tipo de intento. Así, el gobierno espera que “desde estos lugares de renovación comenzará el proceso de reducción gradual de las distancias sociales heredadas ‘ (Raposo, Raposo and Valencia 2005, 247-248).

Una vez en el poder, UP fue crítico de los intentos realizados por CC. Descenso de las masas populares hacia la periferia de las ciudades, la falta de contenido social en las políticas de vivienda, y el predominio de criterios de mercado, fueron denunciados y se enfrentaron. Sin embargo, a pesar de sus pretensiones radicales contra la ciudad burguesa, en su práctica real CORMU siempre reconoció su dependencia de las inversiones privadas para llevar a cabo su programa de (Raposo, Valencia and Raposo 2005, 95, 98, 135). El interruptor estratégica en el segundo circuito de capital prevista por el Estado, podrían entonces ser reorientados para corregir la fragmentación social en el espacio de la propia ciudad. Esto se materializa mediante la construcción de barrios populares en las zonas de clase media y alta (Raposo and Valencia 2005, 109). Atribuciones legales CORMU para poner en práctica estas ideas eran amplios. Podría comprar, vender y expropiar de inmediato un gran número de sitios con el fin de crear “conjuntos armónicos” (Raposo and Valencia 2005, 98) justifica por el hecho de que la ciudad necesita “un instrumento rápido con respecto a las expropiaciones ya que el interés social está por encima de cualquier consideración individual” (Schapira, citado por Gámez 2006, 10).

Con estos antecedentes en mente, podemos ahora abordar la UNCTAD III con más claridad. Para nuestro primer “pragmática” distinción entre el edificio y el objeto como cosa, tendremos que añadir un par dialéctico nuevo. Para los que nos encontramos en este edificio una confluencia de muchos factores de relevancia política, arquitectónica y económica. La pregunta es: ¿cuál de ellos deben ser considerados como inherentes a su arquitectura y qué parte de la contingencia de la situación histórica? Como se describe brevemente en el capítulo anterior, esto nos obliga a distinguir entre el edificio como el resultado y la condición de una práctica social concreta, y como representación ideológica-con todos sus significados y simbolismos asociados, que son particularmente fuertes en este caso .

Después de un año y medio de gobierno, el balance nacional se mostró optimista debido a la exitosa política de redistribución y de reactivación económica, que a su vez, un mayor apoyo popular, incluso en el plano internacional, la elección democrática del presidente marxista primera no pasó desapercibido , ya que la mayoría de la izquierda europea en ese momento, frente a estalinismo, estaba buscando una vía democrática al socialismo (Harnecker, Los tres Años del Gobierno Popular de Salvador Allende”. 1998, 34). Esto se vio reflejado en la designación de Santiago de Chile, por la comisión de la UNCTAD, para organizar la tercera edición de la conferencia con la condición de que las instalaciones necesarias se podría proporcionar. Además, la UNCTAD fue fuertemente influenciado por dependencia teóricos marxistas[23] de la CEPAL, quien argumentó que la situación de los países subdesarrollados no se debió a su falta de inclusión en el mercado mundial, sino por la forma misma en que se integraron en él (Hettne 2001, 137). Allende mismo fue influenciado por esta visión, afirmando que “la tarea asignada a la UNCTAD III es determinar nuevas estructuras económicas y comerciales, precisamente porque las establecidas después de la guerra, perjudicando gravemente los países en desarrollo, se caen a pedazos y desaparecerá ‘ (Allende 1989, 319). Desde el principio se vio la conferencia como una oportunidad para mostrar al mundo los beneficios de los cambios estructurales que se llevan a cabo.

Lo más notable acerca de la construcción fue el extraordinario esfuerzo exigido a las personas involucradas: a sólo diez meses para construir casi 40.000 m2, una tarea que normalmente lleva entre tres y cuatro años en esa época. El equipo de cinco arquitectos encargados (José Covacevic, Juan Echeñique, Hugo Gaggero, Sergio González y José Medina) pertenecían a CORMU y compartimos una fuerte cohesión ideológica y el compromiso (Raposo and Valencia 2005, 110). El sitio fue elegido debido a su ubicación central y, desde que estaba destinado originalmente para ser parte de San Borja Conjunto de viviendas-una de las torres de apartamentos ya estaba siendo construido, el cual fue aprovechado para ahorrar tiempo. Una estrategia que se necesitaba para avanzar tan rápido como sea posible. Según sus colegas, González se le ocurrió la idea original para el edificio: un “gran carpa” con todos los préstamos formalizados en virtud del mismo (Fig. 4, Wong 2011, 66). De este modo, las tareas tales como la construcción del techo y las salas de conferencias se puede realizar al mismo tiempo. A esta estrategia inicial varias ideas se suman: la continuidad (‘túnel’) con San Borja todo el camino a través del edificio hacia Lastarria barrio (Fig. 5), la idea de una ‘plaza de la capacidad “, y que también debería funcionar como una “estación” con conexiones subterráneas y de superficie de la ciudad (Fig. 6). Además, Allende propuso que después de la conferencia, el edificio debe convertirse en un centro cultural para la cultura popular, un “edificio de los trabajadores.[24]

Fig.4. primer modelo y modelo definitivo, 1971

Fig.5. Concepto constructivo y estructural ‘faenas paralelas’; túnel desde viviendas hasta el parque

Fig.6. Edificio-Plaza; Edificio-Estación

Sin embargo, centrarse únicamente en estas “ideas arquitectónicas” sería poco satisfactorio para nuestro análisis. Debemos hacer referencia a su marco ideológico y aún más, a la práctica social de la que surgió. La noción ya se ha discutido de extracto espacio-el espacio de acumulación-tendrá que considerarse en relación a la particular ‘modernismo’ que este edificio destinado a realizar. Por lo tanto, una pregunta inevitable asoma: ¿cómo un espacio provocada por la modernidad (el capitalismo) se podría utilizar para encarnar a un socialista “revolución”? ¿Sabía UNCTAD III logró cerrar la brecha entre la negación crítica de la actual (burguesa) de la ciudad y el positivo presagio de “socialista” de un futuro espacio? Estas preguntas, que pertenecen a la esfera ideológica, nos llevará a enfrentar la contradicción entre una concepción negativa de la ideología (fetichismo) y una positiva (conciencia de clase). ¿Qué pasa con el edificio como una práctica social-como la organización de actividades, tanto para su producción y su uso? Funcionales (mental) abstracciones tendrá que hacer frente a la abstracción (social) de los objetos que las actividades de las estructuras, de los trabajadores de primera y de “usuarios”. Fue el último UNCTAD III “esperanza” de la vía chilena al socialismo, su última utopía? Como veremos, la tensión entre las utopías modernas y socialista encarnada en este edificio entre reproducción y transformación, el Estado y los trabajadores, tendrá un giro inesperado, que hará hincapié en la brutalidad (arquitectónica) necesaria para mantener el orden social.

1973, Tragedia:

La Utopía Neoliberal, el Terror y el Desmantelamiento de la Arquitectura Chilena

Tras la apertura del edificio y el desarrollo de la conferencia durante abril y mayo de 1972, algo cambió.[25] El gobierno tuvo que hacer frente a graves problemas económicos, tales como la disminución de la inversión privada, la hiperinflación, escasez de la oferta, los altos niveles de especulación y fuga de capitales, y varias huelgas. Algunos economistas han tratado de explicar estas cuestiones sólo como fracasos de la “irresponsabilidad” del Estado, en su “populista” el gasto y redistribución a través de aumento salarial (Cornejo 2011, 182; Meller 1996, 117-133; Ffrench-Davis 2003, 28-29 ). Pero sus conclusiones se basan en ignorar el impacto económico de la lucha de clases, el sabotaje reaccionario de la burguesía, y el intervencionismo estadounidense (Cornejo 2011, 181-182). Allende y la clase obrera se unieron para enfrentar las causas reales de la situación económica: la propaganda negro, corrida bancaria, el mercado negro, el acaparamiento, los ataques terroristas contra los bienes industriales, bloqueo de EE.UU. invisible (veto a los préstamos y créditos internacionales), dejando de piezas de repuesto las importaciones, y la financiación y el entrenamiento de grupos fascistas paramilitares para crear un “clima de golpe” (Harnecker, Los tres Años del Gobierno Popular de Salvador Allende”. 1998, 36). Para contrarrestar algunas de estas acciones sin transferir su impacto en los trabajadores, el gobierno tuvo que ampliar la oferta de dinero-con los consiguientes presiones inflacionarias (Harnecker, Los tres Años del Gobierno Popular de Salvador Allende”. 1998, 34)- Y crear DINAC, JAP, y los “mercados populares”[26] para controlar el suministro, la distribución y los precios. Como complemento de estas medidas, los trabajadores comenzaron a tomar el control de las fábricas expropiadas, formando “cordones industriales”[27], Y “comandos comunales” en la organización de los barrios populares para ayudar voluntariamente a los organismos gubernamentales. Este espíritu de cooperación entre los trabajadores y entre éstos y el gobierno, va a caracterizar lo que comenzó a ser conocido como el “poder popular”, la organización espontánea y la conciencia colectiva de clase de los trabajadores en la lucha por su emancipación económica.

Las personas involucradas en la construcción de la UNCTAD III pronto se dio cuenta de que no sólo iba a ser un reto enorme, pero que a fin de lograr su objetivo, el proceso de trabajo mismo deben someterse a una transformación radical. Los arquitectos e ingenieros que recordar el hecho de que los trabajadores estaban muy comprometidos con la tarea, querían demostrar que ‘fueron capaces de construir una sociedad más justa ” (Troncoso 2011, 60). Además, según Hellmuth Stuven, uno de los ingenieros, los trabajadores participaron en las reuniones de planificación proponiendo mejoras para ahorrar tiempo. Aún más, añadió que “sin invertir la pirámide no podíamos avanzar, simplemente nos vamos a fracasar” (Stuven 2007). Esto tiene que ser entendida como parte de la situación social en la que se creó la “batalla de la producción” real[28] Para contrarrestar el boicot de la oposición. DC todavía tenía influencia en algunos sectores de la clase obrera y les pagó a la huelga contra el gobierno en demandas “tema único” (Harnecker, Los tres Años del Gobierno Popular de Salvador Allende”. 1998, 36). Para dividir y convertir a los trabajadores contra sí mismos, contra sus intereses como clase, fue un duro golpe para el gobierno. Sin embargo, los trabajadores que eran conscientes de esto entendieron que tenían que trabajar el doble más rápido para mantener la producción. Para ello comenzaron a organizar el proceso de trabajo por sí mismos, denunciando boicots sus directivos a los organismos gubernamentales. UNCTAD refleja claramente este clima, particularmente cuando había escasez de piezas de repuesto para ejecutar algunas máquinas, o cuando el comercio de Ingenieros sindicato se declararon en huelga, y los trabajadores reemplazado (Maulén 2006, 90). A partir de estas experiencias se deduce que la estructura social subyacente de las actividades (actos humanos), que controla la organización del trabajo debe haber sido alterado de alguna manera. ¿Esto significa que tuvo un efecto en la configuración de los objetos arquitectónicos? Ciertamente, las decisiones sobre cómo organizar el tiempo y el espacio influido directamente en la planificación y diseño del edificio, pero los cambios en la organización de los trabajadores no eran paralelos anterior a la construcción.

¿La organización espacial y temporal (objetos) del plan de la UNCTAD fundamentalmente impugnar la producción capitalista de espacio en Santiago? No. En primer lugar, el problema que tenemos que enfrentar es que de una falta de coincidencia entre el discurso de los arquitectos política y moral y la estructura subyacente de su diseño. Esta contradicción no es específico de la UNCTAD, pero se ejecuta a lo largo de la historia de la arquitectura moderna: modernismo como formalismo estético y el modernismo materialista como el funcionalismo puro. Tafuri ha identificado este conflicto interno en el intento de Hannes Meyer para combinar la arquitectura moderna y el marxismo (Tafuri and Dal Co, Modern Architecture 1980, 173). En segundo lugar, hemos mostrado cómo la noción de Lefebvre del espacio abstracto era la base material que permitió el surgimiento de las teorías de la Bauhaus y de la arquitectura modernista, y no al revés (Lefebvre, The Production of Space 1991, 304). Es decir, los arquitectos no ‘inventar’ abstract (moderno) el espacio; sus teorías reproducir algo que ya estaba ahí, una abstracción real funcionamiento y organización de la producción y la sociedad. De ello se desprende que, aun cuando CORMU intentado una “estetización de la política” (Raposo, Raposo and Valencia 2005, 168) Para anunciar el cambio social en el entorno construido él mismo-, no pudo presagiar una arquitectura que estructuralmente se enfrentó a la producción capitalista del espacio. Sin embargo, esto debe ser visto como parte de la relación ambigua de UP a la modernidad como una fuerza limitada pero potencialmente revolucionario (Pinedo 2000, 139). Esto era, en cierto sentido, “reflejo” en la relación entre CORMU y la arquitectura moderna, en la que el racionalismo y el funcionalismo ortodoxo dio paso a enfoques más experimentalistas (Raposo, Valencia and Raposo 2005, 144, 158). A pesar de su apariencia de “grave” y monumental, la UNCTAD III fue un ejemplo de tal variante latinoamericana de la arquitectura moderna. Esto se muestra en dos aspectos importantes: la ‘integración’ de la construcción dentro de la trama urbana y el concepto de “arte integrado” desarrollado por los artistas modernos que intervinieron el edificio durante el proceso de construcción como parte de su función como centro cultural (futuro Fig. 7). Según el asesor artístico de la UNCTAD Eduardo Martinez Bonatti, el arte moderno no debe limitarse a un museo, convertida en arte-mercancía-un privilegio de las clases altas. Un “anti-museo de arte” debería ser “un museo al otro lado de la ciudad, en todo el medio ambiente”, un arte “incorporado como un elemento más de la realidad”, porque “no es propiedad de ningún ser particular, es propiedad de un medio colectivo social ” (Martínez Bonatti 1972, 4). Mientras que los artistas estaban proclamando la convergencia anti-burguesa y revolucionaria entre el arte y la vida, los arquitectos eran ciertamente más moderada-a lo largo de las líneas reformistas del Estado, de vez en cuando levantando la bandera de la “revolución”, pero finalmente conforme a los dictados de lo abstracto ( ) el espacio del capitalismo. El paralelo con la Comisión Europea vanguardias (Lefebvre, The Production of Space 1991, 304) no fue una mera coincidencia, sin embargo, tampoco era sólo una cuestión de “influencia cultural”. Después de trabajar en la Bauhaus y la URSS con Meyer, el arquitecto húngaro Tibor Weiner, viajó a Chile y dio clases en la Universidad de Chile con Sergio González como su asistente, quien luego lo reemplazó (Maulén 2006, 84).

Fig.7. Arte Integrado en la UNCTAD III (de izquierda a derecha y de arriba a abajo): Felix Maruenda (chimeneas de la cocina), Ricardo Meza (tiradores de puertas), Alfredo Manzano (ballenas colgantes), Bernal Juan (claraboyas).

La relación dialéctica entre un “constructivista” funcionalismo -identificado con el marxismo y “científico-mecánico” materialismo- y un “popular” modernismo -que incorpora el arte, la trama urbana y popular simbolismo era el dilema para los arquitectos de la UNCTAD. El primer caso se reflejó en la lucha con la organización, el tiempo, la producción, la eficiencia, y todos aquellos factores que están directamente ‘determinadas por la vida ” (Meyer 1970, 117). La segunda, en la incorporación activa del arte, las referencias populares, tales como la idea de que recuerda un “alero-edificio de porches coloniales (Maulén 2006, 86), Sus económicos impulsados ​​por ‘brutalistas “estética y su” piazzettas’ y jardines en terrazas en la entrada secundaria del barrio Lastarria (Fig. 8; Winograd, citado por Raposo, Raposo y Valencia 2005, 287-288). Sin embargo, desde el punto de vista del espacio abstracto, no sólo estas tendencias no son mutuamente excluyentes, sino complementarios, como los anuncios de Lefebvre en su análisis (Lefebvre, The Production of Space 1991, 354), En el que la eficacia de una racionalización positivista y la objetivación de la arquitectura se basa precisamente en su visualización, la estetización, la cualidad, el simbolismo, el uso. El edificio es a la vez un producto de las fuerzas materiales de la sociedad y de una ideología institucionalizada y en el discurso político. De hecho, la utopía y la ideología están inextricablemente entrelazados en el mismo. Por un lado, el aspecto semi-suspendido y autónomo de las salas de conferencias señala un “salto hacia adelante” en un futuro mejor que está por venir (Fig. 9). Por el otro, se materializa el Estado mismo “reformista” ideología que trata de superar. Su “instrumentalidad” no radica en ser una herramienta directa para la producción de un “nuevo espacio socialista ‘-como’ fábricas dirigidas por workers’, pero al dar la” apariencia “de la misma. El techo spaceframe gigantesco y homogéneo da la necesaria “unidad” con el todo, pues, un sentido de totalidad se encarna, que de otra manera se percibe como tres edificios separados. Sin embargo, más allá de los sentidos posibles, no debemos olvidar el carácter ideológico de estos procedimientos, es decir alegórico su ‘ocultar’ la naturaleza, o el hecho de que las interpretaciones de este tipo son de uso frecuente por los propios arquitectos para “cubrir” lo que realmente hacen sus edificios, lo que incluye la forma en que se producen.

Fig.8. Acceso norte y torre; acceso oeste a través de un callejón lateral

Fig.9. Fachada norte

Todas estas contradicciones, ya sea ideológico, estético o práctico, se unen en torno a una tensión central entre el eje antes mencionado de reproducción y transformación (véase el Capítulo 4). Lo importante a notar aquí es como las anteriores categorías opuestas giran en torno a este eje espacio-temporal sin posición fija: funcionalista-materialismo, por ejemplo, puede tener una función progresiva apuntando a la transformación de la base material de la sociedad, pero también puede se usa para desintegrar diferencias en una objetivación completa de la arquitectura. Un problema difícil abre con esto, el problema de la arquitectura como la media de consumo, la producción, la acumulación, la energía. ¿Puede el uso instrumental de la arquitectura cambiarlo hasta el punto de convertirlo en contra de la finalidad para la que fue concebido? ¿Esto significa que los edificios son dispositivos neutros en espera de ser “significado” y “politizado” por “usuarios”? Formulada de esta manera, estas preguntas no nos lleva muy lejos. Veamos un ejemplo de este problema contando el cambio histórico que se alejó de la UNCTAD III de su anterior ‘destino’.

Notas


[1] Inscripción de la placa de piedra por el escultor Samuel Román, escrito por el arquitecto Sergio González.

[2] La tercera conferencia se celebró en Santiago de Chile, del 13 abril-21 mayo 1972. Persiguió, entre otras cosas, “la promoción del progreso económico de los países en desarrollo por medio de un desarrollo amplio del comercio mundial que sea justo y ventajoso para todos los países” (UNCTAD, 1973, 1).

[3] Salvador Allende fue presidente de Chile del 4 de septiembre de 1970 hasta su derrocamiento por un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973.

[4] Corporación de Mejoramiento Urbano o CORMU fue un organismo creado en 1966 para planificar y ejecutar proyectos de renovación urbana acorde a ideas modernistas.

[5] Corporación de la Vivienda, creada en 1952 por el presidente Carlos Ibáñez del Campo.

[6] Ministerio del Estado de Chile creado en 1965 por el Presidente Eduardo Frei Montalva para la planificación y desarrollo de proyectos de vivienda y urbanización.

[7] Nos referimos a los enfoques deterministas y mecánicos del materialismo histórico y la identificación de la primacía de las fuerzas productivas con el economicismo, por ejemplo, Kautsky, Plejanov. Ver (Harman 1998, 9-11) y (Lefebvre 1991, 72, 322, 410).

[8] Uso este término en lugar de “sociedad” para distinguir un acercamiento histórico de uno teórico a la economía política. Ver (Harnecker 1971, 19-24).

[9] Este modelo aboga por sustituir las importaciones extranjeras para los productos nacionales como una manera de fomentar el desarrollo industrial en los países del tercer mundo.

[10] El desarrollismo fue un conjunto de teorías que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial a partir de la teoría de la modernización y la economía estructuralista, y que intentó teorizar estrategias económicas y políticas para los países en desarrollo a alcanzar el desarrollo a través de sus industrias nacionales. Ver (Rist, 2008, 109-122).

[11] Las teorías de la dependencia (desarrolladas en América Latina) tenían varios puntos en común con las teorías marxistas del imperialismo y el desarrollo desigual y combinado (Lenin, Luxemburg, Trotsky). Ver (Hettne 2001).

[12] Para una toma amplia y crítica sobre estos conceptos, véase (Rist 2008).

[13] La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) fue creada en 1948 con sede en Santiago de Chile, y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) fue creada en 1964 en Ginebra, Suiza.

[14] Corporación de Fomento a la Producción, fundada en 1939 por el Presidente Pedro Aguirre Cerda.

[15] Principalmente como consecuencia del alto porcentaje de la población pobre y de bajos ingresos (Vitale 1998, 207).

[16] Según Vitale, este “plan de ayuda” fue dirigida a contrarrestar el impacto ideológico de la Revolución cubana reciente en los países latinoamericanos. Ver (Vitale 2000, 13).

[17] Este término se utiliza para diferenciarla de una completa nacionalización de las minas de cobre.

[18] La reforma agraria diseñada para expropiar la propiedad de la tierra de latinfundistas (terratenientes) y redistribuirla entre los campesinos, poniendo fin a las relaciones de propiedad “colonial-feudales”.

[19] La Unidad Popular siguió al FRAP (Frente de Acción Popular) que fue una coalición de partidos de izquierda que existió desde 1956 hasta 1969. La Unidad Popular estaba formada por el Partido Socialista, Partido Comunista, Partido Radical, Partido de Izquierda Radical, el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), y el Partido de Izquierda Cristiana. La coalición se formó en diciembre de 1969, ya través de elecciones internas designadas Salvador Allende como su candidato presidencial para las elecciones de 1970.

[20] El Área de Propiedad Social de la economía fue una de las medidas más importantes del programa de la Unidad Popular. Consistió en la socialización de las industrias clave hasta ese entonces controladas por los monopolios nacionales y transnacionales. Estas industrias estarían bajo el control democrático de los trabajadores y los representantes del gobierno. El área fue vista como una clave para la construcción de una economía socialista planificada, en contraste con la burocracia del capitalismo de Estado. Ver (Allende 2008).

[21] El General Roberto Viaux planeó el secuestro fallido y resultante asesinato del general René Schneider (que era considerado leal a la constitución) el 25 de octubre de 1970, para provocar la movilización de las fuerzas armadas y por lo tanto para evitar que Allende asumiera su cargo. La operación fue financiada y promovida por la CIA, en coordinación con Asesor de Seguridad Nacional de los EE.UU., Henry Kissinger, en lo que se llegó a ser conocido como operación “Track II” o ‘Project FUBELT’: ‘La opción de un golpe militar fue jugado desde el primer día en que Allende triunfara” (Vitale 2000, 45-48). Véase también (Uribe 1974).

[22] Sólo una semana después de que Allende ganó las elecciones, el ministro de Hacienda de Frei, Andrés Zaldívar, anunció que la economía estaba siendo destruido debido a banco masivo funcionar como una reacción a los resultados de las elecciones. El principal periódico de derecha, El Mercurio, publicó un fotomontaje de los tanques rusos entran en La Moneda, palacio, diciendo que Chile seguiría el camino de Checoslovaquia, e incluso que los niños chilenos serían trasladados a Rusia. Ver (Vitale 2000, 41, 42).

[23] La teoría de la dependencia se desarrolló durante los años 1960 y 1970 como una síntesis de marxismo americano (Baran, Frank, Sweezy), el marxismo latinoamericano (Marini, Dos Santos), y el estructuralismo económico latinoamericano (Prebisch, secretario general de la UNCTAD, Furtado, Pinto, Cardoso, Faletto) Ver (Hettne 2001; Kay 2001).

[24] Allende manifestó la necesidad de recuperar los trabajadores por el increíble trabajo realizado en el acabado de la construcción a tiempo, por lo que propuso dotar al edificio de nuevo a los trabajadores. Ver (Ulibarri 1972).

[25] “Perdimos demasiado en los últimos meses de la Unidad Popular, porque no se podía dormir esperando el golpe de Estado, y si no se puede dormir no se puede soñar, y lo digo literalmente, no se puede soñar en el futuro de un país, en el futuro de una ciudad” (Stuven 2007).

[26] DINAC (Dirección Nacional de Abastecimientos y Precios) y JAP (Comités de Abastecimientos y Precios).

[27] Industrial belts or Cordones Industriales were a form of workers organisation, democracy, and popular power under which several factories or companies were grouped along a common street or area of the city. Their initial intention was the democratisation of the workplace, but soon it became a front to combat strikes organised by the company owners to boycott against the government. They were independent from Trade Unions and the State. See (Silva 1998; Gaudichaud 2004).

[28] “El futuro de la revolución chilena está, más que nunca, en las manos de los que trabajan. Depende de ustedes ganar la gran batalla de la producción ” (Allende 2008, 248).

 

Trabajos Citados

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La Producción Social de la Arquitectura (Borrador)

*Este ensayo fue traducido electrónicamente desde el inglés.
Nota: Este es el borrador del Capítulo 4. Tuve que posponer la conclusión ya que necesito para entrar en el capítulo 5.

Por Patricio De Stefani

Diagrama conceptual del Capítulo 4

La Arquitectura como Medio de Producción

Para establecer el papel de la arquitectura dentro del capitalismo como un sistema es la difícil tarea que tenemos por delante en esta sección. Si las hipótesis descritas en la primera un son válidas, entonces este problema no podría haber sido dirigida directamente desde el principio. Para nuestra preocupación no es sólo la determinación de distintos tipos de relaciones entre la arquitectura y el capital, sino para demostrar su interdependencia interna y estructural, de tal manera, que la posibilidad de romper con la que podría ser eficaz-y no mera retórica. Por lo tanto, sólo a partir de nuestro análisis de las categorías más elementales relativos a la sustancia de la arquitectura (objetos) y el capital (valor), ahora podemos empezar a construir en la complejidad del análisis histórico de los estudios de casos concretos. En este capítulo vamos a aclarar y ampliar los conceptos básicos que serán presentadas en dicho análisis, teniendo en cuenta que por primera vez en su forma general-es decir, independiente del modo de producción capitalista. Que son el resultado de la cadena de las categorías desarrolladas en la parte anterior, en el que se estableció la importancia de la actividad humana como una mediación fundamental entre el mundo objetivo humano (en una segunda naturaleza) y la vida social que tiene lugar en él y lo produce. De este modo, las contradicciones entre la naturaleza y el hombre, natural y artificial, las cosas y los objetos de uso y de cambio, los objetos y valores, concreto y lo abstracto, sujeto y objeto, apenas se puede entender sin la mediación de las acciones sociales de humanos.

En cuanto a la distinción entre el acto humano y la acción humana, por ejemplo, tanto Lefebvre y de Certeau reconoce-al menos implícitamente-como diferencia. El primero de su ‘ritmo-análisis “, y el segundo de su concepto de” práctica cotidiana “. Lefebvre utiliza, por ejemplo, el sistema gestual para referirse a las acciones rítmicos como “la base de las normas rituales (y por lo tanto codificada)” (1991, 214). Por su parte, De Certeau habla de las prácticas cotidianas como los conjuntos de procedimientos ‘y’ esquemas de operación y de las manipulaciones técnicas “(1984, 43), también la distinción entre las estrategias abstractas (prácticas codificadas) y tácticas (formas de apropiación creativa de esos códigos) más o menos coincide con la que existe entre los actos y acciones (De Certeau 1984, 35-39).

Concepto de Lefebvre de ritmo es especialmente relevante, ya que no sólo se relaciona con el “ritmo” del cuerpo humano y sus ritmos biológicos o cíclico, pero lo más importante de la “colonización” de ellos por las repeticiones artificiales y lineal de la mano de obra, a saber: : ritmos sociales (Lefebvre 2004, 8). Según él, la idea de un rhythmanalysis y la “producción de tiempo social” estaba destinado a poner ‘toques de la clave de su teoría de la “producción del espacio” (1991, 405). Los ritmos son “las relaciones secuenciales en el espacio (…) una relación entre el espacio y el tiempo ‘ (Lefebvre 1991, 206), O más precisamente una “interacción entre un lugar, un tiempo y un gasto de energía” (Lefebvre 2004, 15). Lefebvre es muy enfático en señalar que no hay ritmo sin repetición y la diferencia, y lo más importante, sin medida, y no sólo esto: ya que muestran una relación espacio-temporal, que es una “medida-medida ‘-como’ árboles anillo de citas “o una línea de montaje en fábrica (2004, viii, 8, 1991, 175). También trató de demostrar cómo esta noción del ritmo podría traer la búsqueda de Marx de las relaciones sociales escondidos en los productos básicos a su expresión límite.

Los ritmos del cuerpo humano están directamente relacionados con sus capacidades fisiológicas, por lo tanto, con su fuerza de trabajo. Como vimos anteriormente, la capacidad para llevar a cabo la actividad productiva es uno de los tres factores básicos de la mano de obra-proceso-de trabajo, instrumentos y materias primas. Estos apuntan hacia diferentes dimensiones: la actividad del trabajador, junto con su ritmo, es la fuerza motriz de la producción, los instrumentos y la tecnología son una extensión de esta fuerza, y las materias primas son objeto trabaja y transforma en productos. Estos dos últimos forman los medios de producción-es decir, condiciones necesarias para la puesta en marcha del proceso de (Marx, 2011, 200-201). Instrumentos tales como herramientas de mano, máquinas, computadoras, y similares, sirven directamente en el proceso de producción, mientras que otro tipo de instrumentos no-a menudo se piensa como tal, se utilizan indirectamente como el escenario en que todo el proceso se lleva a cabo, y cuya pre -condición es la existencia de la naturaleza como tales:

Una vez más nos encontramos con que la tierra es un instrumento universal de este tipo, ya que proporciona una legitimación activa para el trabajador y un campo de empleo para su actividad. Entre los instrumentos que son el resultado del trabajo anterior y también pertenecen a esta clase, nos encontramos con talleres, canales, caminos, etc. (Marx, 2011, 201)

Arquitectura cae, entonces, dentro de esta categoría general. ¿Se limita sólo a las fábricas y los almacenes? No. Obviamente, el trabajo productivo-trabajo que produce valores de uso-no sucede sólo en las fábricas, oficinas e instalaciones de todo tipo deben ser incluidos. Sin embargo, el papel que desempeña la arquitectura como medio de producción es mucho más amplio. La arquitectura es al mismo tiempo un medio de subsistencia y de producción, incluso si no sirve a este último propósito, directamente, por ejemplo, como los medios de reproducción de la fuerza laboral en materia de vivienda, los asentamientos, por tanto, la fuerza de trabajo. En este sentido, Lefebvre ampliado el concepto de Marx de la producción para incluir no solamente las cosas en el espacio, pero el espacio mismo como el más general de los productos humanos (Lefebvre 1991: 219), Y ya que los productos también pueden ser medios o instrumentos, el espacio es también el “más general de las herramientas” (1991, 289).

Antes de que podamos continuar, tenemos que aclarar dos conceptos estrechamente vinculados que se han fluyen a través de esta exposición: el espacio y la producción. Este no es el lugar para dar una explicación completa de estas nociones complejas, sino de señalar algunas de sus características básicas desarrolladas por las teorías críticas sobre la materia (véase Lefebvre 1991; Morales, 1969; Suárez 1986) y así evitar posibles malentendidos. Vamos a afinar estos a medida que avanzamos a través de la discusión. Lo primero que llama la atención sobre el concepto de Lefebvre del espacio es su inseparabilidad de la producción: el espacio es siempre un producto social, por lo que, paradójicamente, “el concepto de espacio no es en el espacio” (Lefebvre 1991, 299). El espacio como una abstracción vacía y homogénea, como vacío neutro o volumen, por lo tanto es reemplazada por la noción de espacio social. Este carácter social que le da un papel fundamental dentro de la sociedad: no sólo es socialmente producido, sino una condición básica para que la producción “, a la vez consecuencia y causa, producto y productor de ‘ (Lefebvre 1991, 142), Por lo que ‘no puede ser reducida al rango de un simple objeto ” (Lefebvre 1991, 73). Si la producción es lo que da la noción de espacio de su significado social, la actividad productiva a continuación, en sí, es decir, la práctica social del trabajo, está en el centro de la comprensión del espacio social. Una vez más nos encontramos con que la praxis humana constituye el lugar y la raíz de nuestro entorno humano objetivo. Para Lefebvre es evidente que esta práctica va más allá de la mano de obra, para incluir cualquier gasto de energía que efectúa un cambio en el mundo (1991, 179). En consecuencia, la producción goza al mismo tiempo una amplia y un sentido restrictivo. Siguiendo el concepto de Hegel a Marx y Engels, Lefebvre señala cómo funciona poseen una universalidad aún mayor de mano de obra abstracta que, ya que fue considerado por los economistas políticos clásicos. Sin embargo, al mismo tiempo, se trata de un concepto concreto, ya que sólo tiene sentido la medida en que le pedimos “que produce” y “cómo se produce”: se trata de una abstracción concreta (1991, 69). Para evitar reducirla a su pura “economicista” sentido o diluirlo en general, la producción de ideas, símbolos, discursos, o cualquier cosa para esa materia-Lefebvre se remonta a la praxis y de su “racionalidad inmanente” (1991, 71). La producción va más allá de la fabricación de materiales, pero no caer en el campo indeterminado de conocimiento, sino para incluir la producción y reproducción de las relaciones sociales (Fine 2001, 448). Así, tanto en el espacio y la producción de alcanzar su pleno sentido sólo en relación con una práctica social.

Práctica conlleva inevitablemente las relaciones sociales entre los individuos y la naturaleza (las cosas), los individuos y los instrumentos (objetos), entre los propios individuos y entre grupos de individuos. Hemos visto que de estas relaciones hay un tipo que tiene la primacía sobre todos los demás (Harman 1998, 15): Estas son las relaciones con la naturaleza (a través de trabajo social), ya que sólo mediante la producción de un mundo humano de la naturaleza que son capaces de sobrevivir dentro de ella. Por lo tanto, las relaciones con la naturaleza-que se especifica en el primer capítulo de un punto de vista biológico, son, de hecho, las relaciones sociales de producción (Lefebvre 1971, 62-63). Las relaciones de producción son las relaciones en las que los hombres necesariamente se involucren en el proceso de producción (Marx, 1859, 4; Walker y Gray 2007, 256). Éstos se pueden entender como las relaciones técnicas (personas a las cosas-objetos, a otros individuos, o bien a un grupo) o como las relaciones económicas (entre grupos de individuos), y su función principal es reunir a los trabajadores y sus medios de producción ( las fuerzas productivas) en una determinada organización con el fin de producir sus medios de subsistencia(Shaw, 2001, 235). Para Marx, estas relaciones surgen de acuerdo con el desarrollo de la sociedad las fuerzas productivas tiene a su disposición en un momento dado de la historia-es decir, mejoras en las técnicas y la organización del proceso laboral, así como la producción de nuevos instrumentos y tecnologías. Cazadores-recolectores relaciones de producción, por ejemplo, estaban limitados por su propia organización y medios de trabajo-es decir, bandas nómadas y herramientas rudimentarias. Si sus fuerzas productivas hubiera sido más avanzada, de inmediato se han cambiado las relaciones sociales en sentido amplio (Harman 1998, 17). Esto es lo que se conoce en la teoría marxista como “materialista” concepción de la historia, que ya hemos introducido como un método relevante para la arquitectura (ver revisión de la literatura). Contrariamente a sus críticos (no marxistas, así como los marxistas), no es una teoría determinista crudo que reduce todo a la realidad material, sino que pone la práctica social en su núcleo: es ‘¿No es el resumen de la materia, sino el concreto de la praxis social la verdad de la teoría materialista (Schmidt 1977, 36). De acuerdo con Marx, entonces, la prioridad de las fuerzas y relaciones de producción con respecto a otras relaciones sociales, los convierten en la ‘base real’ sobre la que descansan todas las demás relaciones sociales (1859, 3). Por lo tanto, la arquitectura y, más en general el espacio social, disfrutar de un lugar privilegiado dentro de lo que se ha llamado desde la base económica de la sociedad, en particular, como una de las fuerzas de producción (Lefebvre 1991, 349; Cohen 2000, 51). Como se indica en la Introducción, la UNCTAD III, la construcción será analizada principalmente desde esta perspectiva materialista, poniendo el énfasis en su estructura económica subyacente en el contexto particular de la década de 1970 la sociedad chilena (véase el capítulo 5).

La Arquitectura como Ideología Objetiva

Si la estructura económica de cualquier sociedad está compuesta por las fuerzas que producen la vida material y las relaciones sociales tal proceso conlleva, ¿cuáles son entonces, las otras relaciones sociales que se derivan de ello? Todas aquellas actividades que no están directamente involucrados en el proceso de producción, sin embargo relacionado con él-están, por así decirlo, “construido” sobre ella. Esto incluye las relaciones políticas, jurídicas, religiosas, culturales e ideológicas en general. Marx famoso resumen las premisas de este argumento afirmando que «el modo de producción de la vida material condiciona el proceso general de la vida social, política e intelectual. No es la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino su existencia social la que determina su conciencia “(1859, 4). Este pasaje allana el camino para la reivindicación de un conflicto fundamental e inevitable entre la base económica y la superestructura “ideológica”[1] que se eleva sobre ella, conduciendo finalmente a un proceso de revolución social. ¿Cuál es el estado de la arquitectura en este esquema? Para responder a esta pregunta tenemos que abordar la complejidad del argumento de Marx. Por lo que está en juego no es simplemente una teoría de la estructura general de la sociedad, sino una teoría de la dinámica del cambio social. Como Marx lo pone:

En una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o-esto simplemente expresa lo mismo en términos legales, con las relaciones de propiedad dentro de los cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Entonces comienza una era de revolución social. Los cambios en la base económica, tarde o temprano a la transformación de toda la inmensa superestructura erigida. (1859, 4)

Según Harman, lo que está implícito aquí es más que una distinción simple entre base y superestructura. La asimetría es doble: entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes, así como entre éstas y las relaciones «superada» de la producción establecida y controlada por las relaciones sociales superestructurales o no económica (Harman 1998, 26, 28). Hemos definido las relaciones económicas de producción como una relación entre grupos de personas. Al principio, estos grupos se definen por su relación con el producto excedente, y surgen en un momento determinado en el desarrollo de las fuerzas productivas, como la división social del trabajo crece en complejidad. Siguiendo a Marx, Harman (1998, 19, 1998, 13) afirma que en una etapa temprana en cualquier formación social, la explotación de un grupo sobre otro es una condición básica para el avance de las fuerzas productivas. Esto significa que, dado un exceso de producción de baja por encima de lo que se necesita para la supervivencia, la única manera de desarrollar las fuerzas productivas es que si un grupo social se apropia de ese excedente y la utiliza para sus propios intereses en lugar de distribuirlo entre el resto de la población – en cuyo caso no sería no entrada excedente suficiente para desarrollar la producción. Tras el paso de cazadores-recolectores a las sociedades agrícolas, la explotación de estos grupos se originó el primer lugar entre los sectores de la población que forjó nuevas relaciones de producción-como la agricultura y el comercio o se retiró del trabajo material. Pero esto sólo podría haber ocurrido si las mejoras en las fuerzas productivas ya estaban en marcha. Harman da cuenta de que Marx es enfático en señalar que “las relaciones de producción” corresponden “a las fuerzas de producción, no al revés” (Harman 1998, 26) -Y esto significa que las fuerzas productivas son siempre más “dinámico” de las relaciones que implican (1998, 26). ¿Por qué? Debido a que el objetivo fundamental de los individuos que trabajan juntos es para aumentar sus medios de subsistencia mediante la búsqueda de nuevas formas de producir con mayor eficacia. Para lograr esto, inevitablemente, tienen que comprometerse en nuevas relaciones de producción que progresivamente sustituyen a los antiguos. Por lo tanto, es el objetivo fundamental de encontrar nuevas formas de controlar la naturaleza, junto con el mundo humano que se deriva de ella-la que determina qué tipo de relaciones de producción mejor se adapten a este fin (1998, 26). La división interna de estas relaciones se corresponden con su división temporal: las relaciones económicas tienden a desprenderse de la producción directa, ya que presupone el control económico de las fuerzas productivas y sus productos excedentes por un grupo de individuos-que utiliza este poder para explotar al resto de la población obligándolos a trabajar para ellos. Tan pronto como se apodera de este grupo de mando de estas fuerzas que empiezan a “arreglar” las relaciones de producción y explotación a través de arreglos institucionales, que pueden adoptar las formas jurídicas, políticas, religiosas o ideológicas. Por el contrario, las relaciones técnicas de producción están en constante evolución debido a su implicación directa con la fuerza de trabajo (Marx y Engels, 1968, 12), y en segundo lugar, las mejoras en la productividad requiere de nuevas técnicas y tecnologías, que a su vez modifica las relaciones entre los individuos en el curso de la producción, y en última instancia, desafía a los consolidados relaciones económicas. Las relaciones técnicas son siempre dinámicos, mientras que las cristalizan “en las relaciones económicas de carácter no económico las estructuras que sirven a la función de asegurar el monopolio del grupo en el poder sobre las fuerzas productivas. Por lo tanto, la tesis básica de este enfoque histórico es que “el socio-económicos diferentes organizaciones de producción que han caracterizado la historia de la humanidad surgen o se caiga, ya que permiten o impiden la expansión de la capacidad productiva de la sociedad” (Shaw, 2001, 235).

Para avanzar en un esquema de la relación entre la arquitectura y la superestructura ideológica de la sociedad, tendremos que trascender nuestro “habitual” comprensión de la misma-es decir, como los edificios “en general”. Ya hemos avanzado algunos pasos en esta dirección en los capítulos anteriores, exponiendo su material ontológico, y la base biológica. A partir de este, por lo menos tres significados diferentes se puede afirmar: 1) lo que podríamos llamar Arquitectura, que se refiere a la arquitectura inherente a la estructura biológica de nuestro cuerpo. 2) Todos los días la arquitectura como algo que surge de las necesidades inmediatas de vivienda, el comercio, y así sucesivamente, y que no depende de una disciplina del conocimiento a existir y desarrollarse. 3) La arquitectura como una forma de arte mayor, sujeto a la disciplina y la notación (Borchers 1968, 27). Si no podemos o llamar “arquitectura” de la gran mayoría de las zonas edificadas depende enteramente de la posición que adoptemos con respecto a estas tres definiciones. La arquitectura como el producto de una disciplina supone la existencia de un ámbito cultural, entendida como el desarrollo de prácticas artísticas e intelectuales. Aquí, la arquitectura se establece mediante su propia institución que no es independiente del desarrollo de la base económica, sino que se inscribe en el objetivo general de cualquier superestructura de la fijación y control de legitimación del grupo gobernante sobre la producción. Al principio de la historia, la legitimación de las relaciones de explotación comenzó a tomar formas jurídicas, en particular en el derecho civil romano, con los derechos de propiedad de la tierra, cuya arquitectura “expresión” es la villa romana-, y que finalmente dio lugar a una clase de terratenientes entre finales de Imperial y la época medieval temprana (Lefebvre 1991, 243, 252-253).

Sin embargo, la superestructura no es sólo un conjunto de instituciones que regulan y fijan las relaciones económicas. De diferentes formas de la conciencia ‘o’ las concepciones mentales del mundo surgen junto a él, lo que Marx llamó las formas ideológicas (1859, 4). Ahora bien, el sentido dado a las ideologías aquí no es general ni positivo (Larraín 2001, 248). Desde la superestructura, en su inicio, no es más que la expresión jurídica y política de las relaciones sociales materiales de producción, las ideologías sería la forma en que estas expresiones se unen en el sistema más o menos formada de pensamiento-ya sea político filosófico, científico, artístico , y así sucesivamente. Marx y Engels señaló que “en todos los hombres la ideología y sus circunstancias aparecen al revés, como en una cámara oscura ‘(1968, 11), por lo que las ideologías en que se forme un poco’ deficientes ‘o’ distorsionada ‘de la conciencia. Sin embargo, el punto de que los acontecimientos posteriores y las críticas a menudo han perdido por mala interpretación de la noción de “Lukács falsa conciencia” (ver Larraín 2001, 251; Lukács de 1971, 50-72) es que, en el sentido marxista original, la ideología no es simplemente un ‘falso’ o ‘mal’ la concepción de una realidad objetiva, verdadera, no simplemente una ilusión, sino que es la realidad social y material en sí mismo que es contradictorio e “invertido”(Larraín 2001, 248). De este modo, la ideología es una especie de imaginario o mental “resolución” de las contradicciones reales en el modo de producción de una determinada sociedad. Por otra parte, la distorsión o mala interpretación también implica el ocultamiento de esas contradicciones. Ya hemos mencionado el reino de cambio como algo distorsionada apariencia de que las relaciones de producción de tomar cuando se encarna en el valor de las mercancías bajo el capitalismo (véase el capítulo 3, xx):

Una mercancía es por lo tanto, una cosa misteriosa, simplemente porque en ella el carácter social del trabajo de los hombres se les aparece como un carácter objetivo marcado en el producto de ese trabajo, porque la relación de los productores a la suma total de su propio trabajo se presenta a como una relación social, no existe entre ellos mismos, sino también entre los productos de su trabajo. (Marx 2011, 83)

De esto se deriva que las contradicciones implícitas en el fetichismo de la mercancía son la raíz de toda ideología. El reino de cambio de mercado da paso a un “mundo de las apariencias de los que, sin embargo es absolutamente real y tiene efectos reales sobre la producción y en otros lugares. Este mundo de individuos libres de compra y venta de los productos privados de su trabajo es real, pero oculta el nivel más profundo de las relaciones de producción-sobre todo, la explotación como la fuente de la plusvalía (ganancia). Por lo tanto, Marx ve fetichismo de la mercancía y el mercado como un “real” la distorsión y el ocultamiento de las relaciones sociales de producción, la base material de la sociedad. Este mecanismo sólo podría haber florecido en la sociedad burguesa, y lo contrasta con el feudalismo, en que las relaciones sociales de producción fueron “no disfrazado bajo la forma de las relaciones sociales entre los productos de trabajo” (Marx 2011, 89). Pero el fetichismo no se debe confundir con la ideología, que sólo se plantea como un reflejo en la conciencia de la apariencia de la superficie de intercambio de mercancías.

La extraña naturaleza de una realidad social que es en sí misma engañando ha llevado a algunos a afirmar que estamos “viviendo una mentira” o que el mundo social es en sí misma “ideológica” (ver Hawkes 2003, 171; Žižek 1994, 305). Sin embargo, esto presenta el problema de la ampliación del concepto de ideología hasta el punto que se convierte en “políticamente ineficaz ‘ (Eagleton 1991, 7). La arquitectura es especialmente propenso para adaptarse a este argumento, ya que es tanto un producto de las fuerzas materiales e ideológicas. Pero sería demasiado simplista para poner fin a la discusión planteando la arquitectura misma como el producto de la ideología de los arquitectos. Por el contrario, lo que el problema parece plantea es un ocultamiento de matrimonio, una que es prácticamente real y materialmente (de cambio de mercado), y otro que refleja esta realidad en el pensamiento, con carácter retroactivo de refuerzo, la institución, y la naturalización de la primera. Este ocultamiento dual de las relaciones de explotación (las relaciones de clase de la producción) de manera efectiva asegura la reproducción continua de sus condiciones materiales, por lo tanto asegurar la posición adquirida por la clase dominante y su influencia en los medios y los productos del trabajo.

Arquitectura se encuentra en un lugar extraño con respecto a este régimen general. Por un lado, es el producto y la condición para mantener la vida cotidiana y de mano de obra y, como tal, sujeto a fetichismo dentro de la sociedad burguesa, en las que aparece como un objeto pasivo, neutral y puramente visual-espacial. Por otro lado, se produce de acuerdo con esta misma “realidad ilusoria” de que las instituciones y las industrias de la construcción internalizar en sus ideologías, lo que repercute de nuevo en producción. Un edificio oculta el hecho de que se trata de la “objetivación” de las relaciones sociales, y su propio “diseño” se reproduce y oculta este hecho. Más adelante veremos cómo, en el caso de No-Stop City, la superación de la ideología burguesa y la ciudad coincide con la abolición de la arquitectura en sí misma (véase el capítulo 6). Por lo tanto, el dilema está lejos de ser una de verdad o falsedad. La ideología no tiene su origen en la mente de los hombres, sino en sus relaciones sociales reales. Por lo tanto, no es algo simplemente “impuesta” por las instituciones superestructurales, tales como el Estado, los medios de comunicación, o las escuelas, sino que más bien se deriva de la forma básica en que se organiza la producción y el intercambio dentro del modo capitalista de producción. Esta es la base fundamental en la que deben enfrentarse, no sólo en el nivel de ‘ideas’.

Notas


[1] Una distinción debe hacerse entre la superestructura y la ideología. “Superestructura ideológica” El término surgió de Engels y la primera generación de marxistas posteriores a la muerte de Marx, y se refiere a la totalidad de las formas de conciencia social (véase Larraín 2001, 249-250). Por el contrario, el concepto de ideología tiene un significado más restrictivo y negativo. Nos centraremos primero en el sentido específico dado a la “ideología” por Marx, sobre todo en su relación con la superestructura. Varias críticas se han seguido las interpretaciones posteriores de la original, al uso marxista. Vamos a dar cuenta completa de las mismas y su relación con la arquitectura en el capítulo siguiente.

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Debido a que un número importante de personas que sigue este blog en su versión actualizada en inglés (no tendría sentido escribir una tesis en un idioma para después traducirla y presentarla en otro) me he visto en la obligación de traducir la totalidad de posts a la fecha. Sin embargo, y debido a la cantidad de tiempo-trabajo requerido por la tesis, no me es posible por ahora traducir y verificar yo mismo los textos al español. Es por esta razón que he decidido usar un medio alternativo, se trata de una pagina que traduce documentos office a cualquier idioma. No es para nada como los otros traductores online (google, yahoo, el mundo, etc.) ya que la calidad de la traducción es notoriamente superior, pero no perfecta. Revisé muy por encima los textos y me parece que están dentro de lo legible guardando las proporciones y de que se trata de un software. Espero que a mis lectores de habla hispana les resulte útil. Les dejo la pagina web del traductor como dato de utilidad pública:

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La Arquitectura de los Actos [1] y La Abstracción del Trabajo

*Este ensayo fue traducido electrónicamente desde el inglés.
Nota: Este es el tercer y último capítulo de la Parte 1 (La arquitectura de El capital), después de esto voy a pasar a la economía política de la arquitectura y el análisis de los casos de estudio.

Por Patricio De Stefani

Trabajo y objetos

Ya hemos introducido el carácter general del trabajo humano en el capítulo 1, ahora tenemos que desarrollar más en detalle su relación con el concepto de objeto como se ha definido específicamente en el capítulo anterior. Sin embargo, primero tenemos que examinar los objetos y la mano de obra que emplea y las produce, desde el punto de vista de los procesos biológicos, tanto en el mundo de las percepciones y el mundo de las acciones definidas por Uexküll.

Las sensaciones que percibimos los estímulos que provienen de cosas que existen en el mundo exterior no son realmente las propiedades de los mismos, por lo tanto, las sensaciones pertenecen a la materia y la falta de extensión espacial. Esto es lo que Uexküll llega a la conclusión de su comprensión biológica de lo que hace una experiencia del mundo, que está fuertemente basada en la concepción kantiana de la relación sujeto-objeto (Uexküll 1957, 13). Por ejemplo, dice Uexküll, si escuchamos el sonido de una campana muy lejos, esto no es más que una secuencia de procesos: un proceso físico en el que las ondas penetran en nuestros oídos, un proceso fisiológico en el que éstos son transformados por el tímpano en la nerviosa excitación y la transmiten al cerebro, y, finalmente, un proceso psíquico cuando las células del receptor de proyectar una señal de percepción en el Umwelt-en este caso un sonido de sensaciones que aparezca como una propiedad de la campana en sí mismo (1957, 63). Como ya se dijo, este proceso se le llama círculo sensorial, ya que describe una trayectoria desde el exterior al mundo interior del animal y de nuevo al exterior, formando el mundo perceptivo del sujeto (Merkwelt). Cada círculo sensorial corresponde a un órgano de los sentidos, pero en combinación son los responsables de la imagen concreta de nuestro mundo. Uexküll interpuso el presente estudio a su límite preguntando qué parte de la experiencia pertenece al sujeto y que el objeto (sd, 13), concluyendo que un animal no puede percibir nada fuera del alcance de su propio Umwelt, que lo acerca a la noción kantiana de la cosa-en-sí (Uexküll º, 70, 1957, 13). Algunos autores han visto el concepto de Umwelt que apenas se distingue del solipsismo (Weber, 2004, 300), Mientras que otros han hecho hincapié en la distinción entre ellos, argumentando que nunca Uexküll niega la existencia del mundo externo, pero critica el objetivismo científico mecanicista por haber olvidado el papel fundamental que desempeña el sujeto en cualquier experiencia del mundo (Rüting 2004, 49).

Círculo sensorial y la exteriorización de la sensación de sonido

El círculo sensorial ofrece el contenido de nuestras experiencias: se trata de sensaciones de contenido y se distinguen por su calidad e intensidad (Uexküll n. D., 29-30). Este círculo, sin embargo, sólo consiste en “medio” del proceso biológico descrito por Uexküll. Porque si el resultado de esto es una pasiva percepción sensorial, un “natural”-lo que debe haber otro proceso por el cual el sujeto se involucra activamente con su mundo. Un ejemplo sencillo sería si de repente mire directamente al sol o si un objeto se acerca rápidamente a nuestros ojos, en ambos casos se puede parpadear varias veces e incluso taparnos los ojos con la mano o el antebrazo. Esto se conoce como un acto reflejo, y el proceso por el cual los órganos de los sentidos se relacionan con los órganos de acción con el fin de provocar una respuesta del cuerpo se llama arco reflejo (Uexküll n. D., 12-13). Pero sólo una pequeña parte de nuestras acciones puede considerarse reflejos involuntarios, mientras que el resultado resto de procesos más complejos.

Otro círculo tiene que ser considerado, a través del cual los órganos efectores (células efectoras, músculos, glándulas) reaccionan a otro tipo de estímulos que nuestro cerebro convierten en impulsos. Si el círculo sensorial nos permite formar un mundo perpetuo que nos proporcione con las cosas, junto con sus cualidades e intensidades-, el círculo de los impulsos que nos permite formar un mundo de efectos (Wirkwelt) que dotan de objetos que representan las acciones posibles. Merkwelt y Wirkwelt formar una cerrada unidad de sujeto-objeto o, como se mencionó anteriormente, el Umwelt (Uexküll n. D., 68).

Ahora, hemos dicho que los objetos se diferencian de las cosas en que provocan nuestras acciones. Todas las cosas se pueden convertir en un objeto si se articulan con nosotros de tal forma que provocan una acción unitaria de nuestra parte-es decir, una acción regulada (Uexküll n. D., 64). Si las cosas son reconocidos por las sensaciones de contenido que proyectamos sobre ellas, los objetos se distinguen por la sensación de orden. A diferencia de los primeros, éstos han de discernir únicamente por su calidad y no por la intensidad, a saber: la ubicación, dirección, y el momento (Uexküll n. D., 30). Son sólo sirven para ordenar las sensaciones que surgen en la experiencia ” (Uexküll n. D., 30) y nunca se presentan de manera aislada sino en conexión permanente con las sensaciones de contenido, que “envuelven” con las propiedades sensoriales. También sostuvo que el objeto es a la vez concreto y abstracto, es decir- una realidad tangible y útil hecha por el hombre cosa y un esquema mental promulgadas por los órganos internos efectoras. Nuestro sentido de la ubicación, por ejemplo, es responsable de dar a los objetos de su figura concreta. Esto no debe confundirse con su aspecto sensorial como provenientes de las sensaciones de contenido, sino más bien se trata de una estructura espacial constituida por una “relación dada de lugares en el espacio” (Uexküll n. D., 55). Por otro lado, nuestro sentido de la orientación forma las propiedades abstractas de los objetos, de todas las figuras deben estar basadas en un esquema elemental, compuesto por las señales de dirección, como arriba / abajo, adelante / atrás. Estas instrucciones elementales no tienen una forma y forman las unidades básicas con las que configurar las reglas de circulación que se mantienen en nuestra memoria, listos para su uso. Uexküll es enfático en destacar la importancia de estos esquemas abstractos del movimiento: «Sin plan no hay ningún objeto, ya que no hay melodía sin ritmo” (sd, 56).

Círculo de los impulsos y la exteriorización de las acciones

Sensaciones de tiempo son bastante más sencillo que los previuos. Al igual que el espacio, nuestro sentido del tiempo ofrece el “escenario” de nuestras experiencias, por lo tanto “cualquier sensación de contenidos, siempre que presente, siempre está ligado a una sensación de momento, lo que indica el punto en que tiene que ser colocado en la serie de tiempo” (Uexküll n. D., 31). A raíz de los experimentos de Estonia biólogo Karl Ernst von Baer, Uexküll considera el momento como el “más pequeño recipiente de tiempo indivisible” (Uexküll 1957, 29) que se repite sin cesar en la cadena sucesiva de tiempo. Von Baer fijado el momento humano en alrededor de 1/18 de segundo, y esto constituye la medida en que somos capaces de percibir los movimientos y distinguir si algo “era” (antes), “es” (ahora), o “será “(después). Cualquier movimiento más lento o más rápido, no se percibe como tal, por ejemplo, cuando miramos a las manecillas del reloj, o cuando nos fijamos en los radios de una bicicleta en movimiento (Borchers 1975, 212).

En tanto Uexküll y Van der Laan-y, desde luego-reconoció Marx, el trabajo es una actividad que surge de la necesidad de “completar” la naturaleza para vivir en ella (Uexküll º, 112; Van der Laan 1983, 1). Después de las necesidades inmediatas están satisfechas, el hombre tiene que ir más allá de la producción de medios de subsistencia a la producción de sus propios medios de producción. Por lo tanto, las herramientas son el primer producto del trabajo que también se utiliza como un instrumento para ello-un conductor de la actividad del hombre (Marx, 2011, 199). En el capítulo anterior hemos hablado de esto doble carácter de los objetos: por una parte son el resultado del trabajo, por otra son condiciones para ello. Es esta última propiedad que nos interesa, ya que tiene un “operativo” relevancia. Incluso podemos considerar a todos los objetos como instrumentos de una especie, en razón de su ‘equimentality’ (Heidegger, 2001, 97). Del Trabajo se puede entender, entonces, como una actividad mediante la cual (naturales) las cosas se transforman en (artificial) los objetos, y en el que estos últimos, como también las condiciones o las herramientas de mano de obra adicional, es necesario incorporar las ‘operaciones’ para su uso productivo. Entendido de este modo, los objetos deben pre-existen en nuestra memoria cerebral y corporal con el fin de estar debidamente efectuada durante el proceso de trabajo. Sin embargo, esto no debe ser considerado como una imagen concreta, sino como un conjunto de reglas o instrucciones, que activan tan pronto como se ‘ven’ un potencial de acción en las cosas.

El hecho de que los objetos no pueden ser percibidas directamente a través de nuestro aparato sensorial condujo Uexküll para examinar el proceso por el cual nuestros órganos internos se estimulan, por lo que propuso la idea de un espacio de tres humana: táctil, visual y operacional. En el espacio táctil proyectamos signos locales en el mundo exterior, formando una especie de lugar-mosaico. En el espacio visual, estos signos locales coinciden con los elementos visuales de la retina, formando una malla que envuelve todas las cosas, y de la que depende la nitidez y el detalle de nuestra imagen visual (Uexküll 1957, 19-20). De acuerdo con la distribución peculiar de nuestro órgano táctil (la piel), cuando proyectamos fuera de las unidades sensoriales, éstos forman una “extensión” que nos rodea por completo, al igual que una pompa de jabón llena de signos locales (Uexküll n. D., 43-44). Por lo tanto, nuestro sentido interno de la ubicación se activa a través de dos sentidos externos, el tacto y la vista, y de esa manera se asocia con la cara de concreto de los objetos-es decir, la “figura” compuesto por numerosas localidades. Los vínculos entre cada señal local en la táctil y visual del mosaico del lugar-se realizan a través del espacio operacional. En él, llevamos a cabo nuestros movimientos diarios que siguen los pasos de dirección de acuerdo a las seis direcciones básicas mencionadas en el capítulo 1, y que podemos reconocer a través de la propiocepción o cinestesia que actúa como señales de dirección (Uexküll 1957, 14). El sentido de la dirección organiza éstos en tres planos intersectados perpendicularmente entre sí, formando un sistema de coordenadas centrado en la cabeza (Uexküll 1957, 15). Medidas de dirección son responsables de vincular entre sí todos los signos locales de nuestra “extensión” y también para guiar nuestros movimientos. Los estímulos que afectan al círculo de los impulsos no viene de las cosas naturales, pero a partir de los objetos de nuestra propia creación, que llevan la marca de las señales de dirección que imprimen en ellos. Esta correlación nos puede llevar a comprender la obra de arquitectura como el resultado de la reacción del motor “a gran escala.

El círculo funcional como la unión de los círculos sensoriales y de los impulsos

Cuando recibimos estímulos externos provenientes de las cosas, que al instante los marcan con señales de los receptores (es decir, la percepción), cerrando el círculo sensorial. Por el contrario, cuando recibimos estímulos internos provenientes de nuestro propio cuerpo, lo que se refiere a las sensaciones de la primera “circle’-marcamos las cosas con las señales efectoras (significado operacional), cerrando el círculo impulsos transformándolos en objetos. La unión de los dos se llama círculo funcional (Uexküll 1957, 9-10; º, 68) y describe las acciones que llevamos a cabo como consecuencia de tener una experiencia perceptiva del mundo. Esta es la actividad continua de la producción que los seres humanos, inevitablemente, tiene que llevar a cabo con el fin de ganarse la vida.

Se puede considerar entonces el trabajo humano como una forma particular del círculo funcional. Recordemos que Marx lo describió como un “metabolismo” relación con la naturaleza. Lo que está en juego a continuación, en el círculo funcional, si no una relación de este tipo? Podemos ver fácilmente que el trabajo se lleva a cabo principalmente en el espacio operativo como un conjunto de instrucciones que guían los pasos de dirección. Por lo tanto, la doble naturaleza del círculo funcional de su motor y perceptivo-aspectos deben ser considerados como la base biológica de toda la actividad productiva, y es en ese sentido que la producción de la obra arquitectónica se puede entender como una reacción química “de la proporciones grandiosas de los (Borchers 1975, 10). Mirado desde este punto de vista, los objetos aparecen no sólo como el resultado material de la actividad productiva, sino también como una proyección de las acciones coordinadas de trabajo social.

Trabajo y Valor

Hasta ahora, hemos considerado, desde el punto de vista biológico-la relación sujeto-objeto con gran detalle. En este punto es necesario que nos movamos en el análisis de las relaciones sociales implicadas en ella. Esto se hará para compensar la falta de dominio como en la evidente aproximación fenomenológica de Uexküll. Porque si algunos han etiquetado a su vez subjetiva en la biología como en gran parte neo-kantiana de carácter, otros han notado la “contextual” influencia de sus contemporáneos de Husserl y Frege (Chang 2004, 116, 119).

En cuanto a los objetos como realizaciones concretas de muchas cualidades útiles, que son el producto de una variedad interminable de los tipos de trabajo. Para Marx, los valores de uso debe ser, en consecuencia, los productos de trabajo útil, es decir de “actividad productiva de una determinada clase y se ejerce con un objetivo definido” (Marx 2011, 49). La heterogeneidad del trabajo concreto y útil corresponde a la de los objetos, por lo que la carpintería, corte y confección, tejido, la construcción, y así sucesivamente, producir sillas, abrigos, ropa de cama, los edificios: “lo que aparece objetivamente como la diversidad de los valores de uso, parece, cuando miró de forma dinámica, como la diversidad de las actividades que producen esos valores de uso “(Marx, 1859, 7).Pero una y la misma actividad puede producir muchos tipos diferentes de objetos. Un carpintero puede producir sillas, camas, o mesas, un constructor puede construir casas, fábricas, escuelas, etc. Esto es lo que Marx se refiere como la “división social del trabajo”-del que hablaremos en el próximo capítulo-como el conjunto heterogéneo de diferentes formas de trabajo útil realizado por separado, y que constituye la condición básica para la producción de mercancías (Marx, 2011, 49; Mohun 2001, 153-154). De acuerdo con Jameson, es el trabajo concreto y sus ramas y productos concretos que Marx considera como el ámbito de la calidad que está directamente relacionado con el cuerpo en su dimensión fenomenológica: “El valor de uso es por lo tanto, la calidad, sino que es la vida del cuerpo, de la experiencia existencial o fenomenológica, del consumo de productos físicos, sino también la textura misma del trabajo físico y el tiempo físico ” (Jameson, 2011, 19). Como se mencionó anteriormente, el uso y los valores en uso (objetos concretos) son por su naturaleza eventual, en particular, y cualitativo. Hemos visto también, cómo los objetos no puede ser reducido a un conjunto de sus cualidades sensoriales o ‘accidentes’ como Harman (2011, 24) con razón, reflexiona sobre el concepto de Husserl de Abschattungen. Sin embargo, aunque los objetos están a menos de estas propiedades sensoriales, no pueden existir sin ellos. Volveremos a esta cuestión fenomenológica en el objeto, pero primero tenemos que profundizar nuestra comprensión del proceso de abstracción del trabajo concreto a través de la parte abstracta de los objetos.

El trabajo abstracto como “abstracción real”

Si el trabajo siempre se presupone la colaboración entre los individuos con el fin de presentar los objetos en el primer lugar, ¿por qué lo consideran simplemente como una relación biológica entre un sujeto y su objeto? Si, por lo tanto, el trabajo es intrínsecamente social de empresa, por lo que consideramos hipotéticamente como una relación aislada entre un ser humano, sus herramientas, y la naturaleza? Esto nos lleva a la cuestión de la abstracción como método y la realidad. Porque incluso el propio Marx considera necesario excluir la dimensión social de la mano de obra por primera vez en el fin de analizar el proceso de trabajo en general, como una categoría común a todas las sociedades humanas de la historia.[2] Esto no fue un mero accidente, y aparte de que está llevando a cabo para la ‘causa de análisis “sugiere, como Ollman (1993, 26) explica, que la abstracción tiene al menos tres significados diferentes para Marx-no exclusivamente para él, sin embargo: 1) una enfermedad mental actividad que se subdivide el mundo en categorías conceptuales, 2) el resultado de esta actividad, o de una totalidad conceptual y sus partes, y 3) categorías mentales reduccionistas y aisladas que se convierten en la base de las ideologías y prácticas dominantes. Vamos a tener que agregar a esta lista un cuarto significado que tiene mayor relevancia para nuestra discusión: la de asbtraction real o concreto. Marx nunca utilizó este término, pero se da a entender thorughout sus últimos escritos. Otros pensadores han desarrollado este concepto desde el punto de vista del intercambio de mercancías (Sohn-Rethel 1978, 17) y el espacio como mercancía (Lefebvre 1991, de 27 años; Stanek 2008). Para Marx, entonces, a considerar el trabajo como una actividad general, independientemente de su ubicación en particular, las personas involucradas, y la época histórica, tiene el propósito de mostrar cómo este defintion abstracto de la mano de obra simple y medio sólo podría surgir en el marco de la sociedad burguesa:

(…) Esta abstracción del trabajo como tal no es más que el producto mental de una totalidad concreta de trabajos. La indiferencia hacia labores específicas corresponde a una forma de sociedad en la que los individuos pueden, con facilidad de transferencia de un trabajo a otro, y donde el tipo específico es una cuestión de suerte para ellos, por lo tanto, de la indiferencia. No sólo la categoría, el trabajo, pero la mano de obra, en realidad, aquí se ha convertido en el medio de crear riqueza en general, y ha dejado de ser orgánicamente vinculada con personas determinadas, en cualquier forma específica. Tal estado de cosas es en su forma más desarrollada de la forma más moderna de la existencia de la sociedad burguesa-en los Estados Unidos. Aquí, entonces, por primera vez, el punto de partida de la economía moderna, a saber, la abstracción del “trabajo” de la categoría, “mano de obra como tal”, pura y simple mano de obra, se hace realidad en la práctica.(Marx, 1973, 32-33)

Trabajo como “abstracción real” se produce sólo cuando la producción de mercancías es generalizada, en otras palabras, cuando el trabajo se convierte en una mercancía con un valor, un valor de uso y un valor de cambio. Esto sólo pudo haber ocurrido cuando el valor de a poco fueron surgiendo como la ley que regula la estructura económica de la sociedad. Bajo estas condiciones, el trabajo ya no es particular, sino universal, ya no concreto, pero abstracto es decir- gasto productivo de la energía humana en general. Las similitudes con esta definición de la mano de obra y el círculo funcional, están a la vista, con una excepción: sólo con Marx, el trabajo abstracto se convierte en la fuerza que actúa sobre la sociedad con efecto retroactivo, porque se define por su rol social, específicamente la determinación de valores y valores de cambio-, mientras que Uexküll se mantiene dentro del ámbito fenomenológico. No obstante, el círculo funcional describe un proceso real biológico común no sólo a los seres humanos, pero la mayoría de especies animales así. Para Uexküll, los objetos son el resultado de una exteriorización de nuestra estructura biológica subjetiva, mientras que para Marx, los objetos son el producto de una objetivación de nuestras actividades y propósitos específicos, los cuales a su vez, reflejan nuestras condiciones materiales de vida. Por lo tanto, el movimiento circular se afirma por tanto: desde el mundo exterior a nuestro cerebro y luego de vuelta al mundo, cambiando continuamente y cambiarnos a nosotros mismos en el proceso. Marx lo describe de la siguiente manera:

En el proceso de trabajo, por lo tanto, la actividad del hombre, con la ayuda de los instrumentos de trabajo, los efectos de una alteración, diseñado desde el comienzo, en el material trabajado sobre. El proceso desaparece en el producto, éste es un valor de uso, el material de la naturaleza adaptadas por un cambio de forma para las necesidades del hombre. Trabajo se ha incorporado con su tema: el primero se materializa, este último transformado. Lo que en el obrero apareció como movimiento, aparece ahora en el producto como una calidad fija sin movimiento. Las forjas de herrero y el producto es una falsificación. (2011, 201)

Actividades en coordinación con un objetivo claro a ser “incorporado” en el objeto producido, pero como ya hemos visto que ambas acciones y el resultado tiene que pre-existen en la mente del trabajador. Sin embargo, el objeto resultante está lejos de ser “estático”, ya que debe servir a las acciones posteriores que se consumen, por otro lado, también puede servir para este fin por volver a entrar en el proceso de producción como medio o herramienta. La estructura de estas acciones debe ser señalado en el objeto. Estos dos efectos hacen que los objetos los valores en uso, y en ese sentido que se definen por las condiciones particulares y los objetivos con los que se producen, son de hormigón objetos útiles que resultan de trabajo útil concreto. Pero si los objetos se producen para ser intercambiado con otros objetos, lo único que importa es la cantidad de medio de trabajo-energía necesaria para su producción, para que puedan ser comparados entre sí. Paradójicamente, el tiempo de trabajo-y las acciones ejercidas en ese momento-que mide la cantidad que se rige por los productos de esa misma mano de obra, es decir, por su relación con el valor (Marx 2011, 86). Son, por tanto, abstractos objetos sociales que se derivan del trabajo social igualmente abstracta.

Promedio de tiempo de trabajo social y el disciplinamiento de la mano de obra

La naturaleza misteriosa de la definición del valor de Marx reside en su «inmaterial-todavía-social-objetivo del personaje: para los productos básicos que tienen los medios de valor que cuentan sólo como ‘congelations homogéneos de trabajo indiferenciado” (Marx 2011, 52). Marx utilizó términos como ‘congelación’, ‘cristalización’ y ‘objetivación’ alternativamente para ilustrar cómo el trabajo concreto y su producto se extrajeron como valores en el intercambio de mercancías, y cómo esto no es “una ilusión meramente subjetiva o capricho individual, sino más bien una social, De hecho, una realidad social descuidamos a nuestro propio riesgo “(Jameson, 2011, 26). El valor-trabajo incorporado en los productos básicos, entonces, tiene una existencia puramente social, despojado de cualquier cualidad particular. Aquí, el objeto cuenta sólo como la subyacente estructura temporal de la actividad de trabajo y no como una cosa material útil. Por lo tanto, el objeto ya no es una silla concreta, sino un conjunto de instrucciones distendidos en el tiempo, e indispensable para construir cualquier silla en una determinada cantidad de tiempo, este último en última instancia determinada por lo que la sociedad requiere, como «socialmente necesario». Por otra parte, como objeto abstracto, el presidente también representa un conjunto de instrucciones de uso que, ya sea de manera productiva (medios de producción) o improductivamente (medios de subsistencia). ¿Qué tipo de acciones, entonces, determinar la naturaleza de estos objetos?

La Doble Dimensión de los Actos Humanos

El problema que enfrentamos ahora es cómo especificar los tipos de acciones llevadas a cabo durante el proceso de trabajo, y cuál es su relación con los objetos arquitectónicos. Para nuestro análisis comparativo de las teorías de Uexküll y Marx plantea la cuestión, una vez más, de lo universal y lo particular. El enfoque biológico y fenomenal del círculo funcional es claramente un proceso universal, común a todos los seres humanos. Pero también es un compromiso concreto fenomenal entre un sujeto y su objeto. Del mismo modo, la premisa social de valor implica a la vez, un proceso productivo concreto, y una homogeneización abstracta de todas las diferencias cualitativas entre las actividades laborales. Por lo tanto, no sólo los objetos están presos entre estos dos polos, sino también las acciones que conllevan. En lo que sigue, voy a sugerir que podría ser que los objetos, a causa de su abstracción, son el terreno crucial donde la mercantilización ha tenido lugar en un nivel espacial, con el advenimiento del capitalismo.

Trabajo de tiempo es de una magnitud cuantitativa, y como tal, completamente no-espacial, así como las sensaciones que se forman en el cerebro y proyectar sobre los objetos externos. Cuando se realiza el trabajo, las acciones humanas son tan variadas como la división social del trabajo. Durante este proceso, las acciones deben ser planificadas con antelación y realizarse de forma coordinada que asegure la realización de los fines perseguidos desde el principio, pues no sólo los efectos del hombre un cambio de forma en el material sobre el que trabaja, pero se da cuenta también una finalidad propia, que da la ley a su modus operandi, ya la que debe subordinar su voluntad ” (Marx, 2011, 198). Por lo tanto, las acciones están reguladas por nuestra voluntad. Movimientos libres y espontáneas son sometidos a continuación, a una estructura temporal-direccional de las normas e instrucciones establecidas de antemano. Incluso puede sugerir que este es el caso, no sólo en el proceso de trabajo, pero en la sociedad en su conjunto. Al igual que las reglas de los deportes y juegos, por ejemplo, las actividades humanas están reguladas por los objetos sociales, que están incorporadas en todas las cosas que tienen valor en uso para nosotros. Esta estructura social de la actividad del, por lo tanto, todos los movimientos humanos, el trabajo de ser el caso más evidente y relevante.

Hay un concepto dentro de la teoría arquitectónica que podría explicar cómo las cosas se convierten en objetos, y cómo éstos a su vez regulan nuestras acciones: el concepto de acto humano. Lamentablemente, hasta ahora, ha sido escasamente formulado, pero se espera que puedan seguirle la pista y la reconstrucción de algunas de las contribuciones pertinentes. Dicho en términos simples, un acto humano es “la estructura abstracta de la acción” (De la Cruz 2000, 139). En contraste con las nociones de uso, acción, actividad, y la función, voy a sugerir que los actos humanos tienen un carácter abstracto y sustancial en la arquitectura. Por lo tanto, primero tenemos que distinguir claramente este concepto a partir de estos conceptos aparentemente similares. Como sabemos, estas fueron desarrolladas dentro del Movimiento Moderno, y representó un intento de encontrar la base objetiva de la arquitectura. No obstante, de acuerdo con Lefebvre (1991, 144, 273, 369) y Adorno (1997), Por ejemplo, la función no era más que una abstracción de uso real, y en última instancia, sirve como base para la ‘taylorización’ de la arquitectura. Por otra parte, los movimientos corporales y acciones simples que realizamos para usar algo que no puede ser considerada como importante, ya que varían de acuerdo a la situación concreta en que se llevará a cabo. Podemos nadar en diversas maneras y con diversas técnicas, pero el acto de la natación, junto con sus reglas básicas, subyace en todas las variaciones posibles. Las similitudes con el concepto de objeto son evidentes. Sin embargo, los problemas surgen en cuanto nos dejan ejemplos sobre la base de las prácticas institucionalizadas, como el deporte y avanzar hacia las prácticas cotidianas, como el trabajo y la vivienda.

El acto humano como la estructura abstracta de las acciones

Dos de los pioneros en elevar el concepto de acto humano fueron Juan Borchers y Alberto Cruz, ambos teóricos de renombre en Chile y arquitectos de los años 1950 y 1960. Este último tenía su propia visión de lo que él llamó “acto arquitectónico”, y que estaba más cerca de una noción de los actos creativos de experimentación en un esfuerzo conjunto entre la arquitectura y la poesía (Cruz 2005; Pérez Oyarzun 1997, 12-14; 2010 , 3-4). Esta definición lo lleva lejos del significado que llevan a cabo actualmente. Por otro lado, hemos notado la gran influencia Uexküll y Van der Laan se reproduce en la teoría de Borchers, y estos sin duda fueron sus principales fuentes para proponer el acto humano como el elemento sustancial y específica de la arquitectura. Otros intentos para especificar este ámbito se han hecho difícil de alcanzar, por ejemplo, de Bernard Tschumi, con su concepto de ‘eventos’ (1996, 139-149, 1994, 10, XXI). Su enfoque, aunque altamente experimental, carece de rigor empírico y termina refugiándose en una analogía entre la narrativa literaria y la arquitectura. Por el contrario, por Borchers, los actos no son una cuestión de analogías, sino una relación real y mensurable entre el cuerpo humano y la obra arquitectónica:

El acto es la unidad más simple en la arquitectura, es el elemento, como el color en la pintura y el sonido en la música.

Un acto contiene un número de impulsos que son concatenados acciones cristalizadas en las cosas, que son el portador perceptible de objetos.

Una pared es un obstáculo para el camino. Una escalera facilita el ascenso y descenso (…) Son las acciones inmovilizadas. (Borchers, citado por De la Cruz 2000, 136)

El contexto de estas ideas tiene que ver con el intento de Borchers para definir la especificidad de la disciplina de la arquitectura, separándolo de los demás, y la conduce hacia su autonomía (Borchers 1968, 41, 118-122, 145; Pérez Oyarzun de 1997, 11 ). A través de una crítica radical de la tendencia visual y sensorial del Movimiento Moderno, que se considere necesario para identificar el sentido específico en torno al cual la arquitectura debe estar centrado, al igual que la pintura es a la vista, la escultura en el tacto, o la música en la audición (1968, 101, 118). También fue muy crítico tanto de la práctica profesional de la arquitectura y el mundo académico durante los años 1950. En consecuencia, propuso a la arquitectura de base en un nuevo sentido: la totalidad del cuerpo humano tomado como un gran órgano (1968, 118, 169), de tal manera que la arquitectura sea capaz de trascender una mera organización estética de las sensaciones (1968, 116) . Al principio, esto puede parecer como un hecho obvio, pero su propuesta crece en complejidad: para todo el cuerpo para ser la base de la arquitectura significa que este último no tiene ningún sentido privilegiado o específica a la cual apelar. El hecho de que hasta ese momento nadie había identificado este sentido específico fue una de las razones por las que, según él, la arquitectura estaba en un estado confuso e indeterminado, paradójicamente, en busca de su propia especificidad, en otros campos del conocimiento (1968, 101). Aunque el alcance y la profundidad de la teoría de Borchers excede la exposición actual, es importante contextualizar, aunque sea brevemente, su concepto de la ley, que se basa en la búsqueda de los órganos específicos del cerebro que son responsables de nuestra percepción y las respuestas corporales el mundo exterior.

Uexküll también trató de identificar, dentro del cerebro, los órganos centrales. Él encontró un receptor central o de órganos percepción (Merkrorgan) capaz de unificar el contenido de las sensaciones de los círculos sensoriales para formar nuestra Merkwelt. Él lo llamó apercepción o de plástico órgano de toma de la primera de Kant (Uexküll n. D., 57-58). Pero nunca se especifica que el motor parte del cerebro responsable de dar nexo con sensaciones de orden procedentes de los círculos de impulsos, para formar nuestra Wirkwelt. Este órgano central efector o acción (Wirkorgan) lo llamó la voluntad del órgano, pero aparte de su vinculación a un “órgano de la memoria ‘que almacena las” reglas del movimiento “, que sin duda dejó indeterminada (sd, 140). Sin embargo, él desarrolló una teoría biológica completa (Uexküll 2010) que sirvió de base para desarrollos posteriores de la biosemiótica, y en el que reconoce la importancia central de las respuestas activas de hombre y el animal hacia el mundo: los organismos vivos, especialmente de los animales, pueden realizar acciones que no son simples efectos de propiedades particulares, pero que gracias a un plan constructivo uniforme, son verdaderos actos “(sf, 65). Borchers tomó y desarrolló estos conceptos al ver como la única forma de decantar la arquitectura ‘hacia su base radical “(1968, 119). Ya hemos mencionado que, para él, los objetos abstractos son la sustancia de la arquitectura, y que también está vinculada esta afirmación a la aproximación fenomenológica de Husserl. Después de Uexküll entonces, se define la voluntad de nuestro órgano como “el centro de actividad permanente y espontánea que pone en movimiento los órganos imperativas de acciones y cuyas reglas se almacenan en un órgano de la memoria que conserva las reglas de movimiento” (1968, 120), y los impulsos como “algunas sugerencias de la voluntad que sirven para la ejecución de determinados movimientos coordinados de los músculos (1968, 147).

Todo el proceso del círculo funcional, que comienza con una percepción provocada por el órgano-y el plástico termina con una acción iniciada por el. Se orga-es conceptualizado por Borchers como la base de los actos humanos Sin embargo, se centra en el círculo de los impulsos y el órgano se ve como una “necesidad de conexión a tierra la arquitectura como un fenómeno de la voluntad y no como un fenómeno de los sentidos ‘(1968, 118). La particularidad de este argumento es que al centrarse en la voluntad que va más allá de la noción de que la obra arquitectónica que nos afecta exclusivamente a una sensual-emocional-y en última instancia meramente subjetiva o psicológica de nivel. Por el contrario, lo que implica es que la arquitectura es en sí mismo el producto de nuestra “voluntad objetivada ‘nuestros’-acciones cristalizadas.[3] Por lo tanto, si los actos humanos constituyen el elemento fundamental con el que el arquitecto (como figura en general) pueden constituir su objeto-es decir, la obra arquitectónica entendida como una concatenación de múltiples objetos, entonces, no son nada más que su subjetiva pondrá fuera de él en forma de ‘acciones’ congelada. Dicho sin rodeos, los actos son “cristalizaciones de la voluntad ‘ (Borchers 1968, 171), Son la ‘petrificado’ estructura de las acciones que constituyen los objetos. Es difícil ver con claridad la diferencia entre ambos actos y objetos, como él mismo Borchers usarlos alternativamente, pero por ahora creo que el punto está bastante claro.

Los actos humanos como la estructura abstracta de la actividad (relaciones sociales)

Como podemos ver, las similitudes con la terminología de Marx por lo menos sorprendente. Permítanme sugerir que, al señalar este paralelismo, dos definiciones distintas del acto humano surgen: 1) la estructura abstracta de la actividad, que es la base y regula nuestra otra manera “espontánea” acciones-por ejemplo, matrimonio / casarse, la cena / comer, el trabajo / trabajar, y así sucesivamente. 2) acciones unitarias cristalizadas o inmovilizado, que se mantienen en un “latente” estado dentro de los objetos concretos-por ejemplo: entrada / para entrar, corredor / a caminar, escaleras / ir hacia arriba o abajo, y así sucesivamente. La primera definición tiene básicamente un carácter social y lo inmaterial, mientras que el segundo es en esencia arquitectónica, aunque estos últimos ejemplos no deben ser entendidos como objetos materiales, sino como signos elementales temporales y direccionales. En ambos casos podemos distinguir claramente acto de la acción: el primero es siempre un sustantivo, mientras que el segundo, un verbo.

Los actos humanos como acciones cristalizadas (arquitectura)

Ahora podemos clarificar las implicaciones de la teoría del acto de la teoría del valor y viceversa, con el objetivo de determinar los motivos de la relación entre la obra de la arquitectura y el desarrollo del capital. Esta última categoría aún no se ha presentado, ya que su complejidad y las implicaciones históricas necesario profundizar en los siguientes capítulos. ¿Cuáles son, entonces, los aspectos comunes de estos conceptos, uno perteneciente a la arquitectura y el otro a la teoría social y la economía? El proceso de “objetivación” parece ser la primera categoría compartida. Por un lado, el trabajo real se encarna en las materias primas, gracias a su abstracción en unidades de tiempo medio: nuestra práctica concreta de lo que una silla se convierte en una medida cuantitativa, su valor, por lo que pueden vender (cambio) en el mercado. Por otro lado, las acciones reales se convierten en lo que se materializó en “contener” como objetos genéricos: nuestro esquema mental de lo que hace que una silla se convierte en acciones corporales que realmente construir una silla concreta que “contiene” ese esquema general, mismo que es común para todas las sillas particulares. Como podemos ver, tenemos que tener cuidado, porque «objetivación» juega un papel diferente en cada uno de estos ejemplos. En el primero, significa que una actividad concreta se convierte en una medida abstracta (tiempo), que es social, ya que designa un valor de intercambio con otros productos. En el segundo, significa que una actividad concreta se convierte en un esquema abstracto que también es social, pero permanece en el reino de los valores en uso y, por tanto, se ‘activa’ cada vez que nos comprometemos con un objeto. En consecuencia, la abstracción del valor no tiene consecuencias espaciales en sí mismo: un cambio puede ocurrir en cualquier lugar en cualquier momento, en la actualidad, incluso sin necesidad de presencia física. Por el contrario, aunque los actos no son espaciales esquemas, que siempre están relacionados con un componente espacial: para bajar las escaleras, o caminar por un pasillo, sólo se necesita saber de nuestra partida, parada y los puntos de llegada, es decir, las relaciones conectivo que necesitamos para moverse, la figura espacial de la escalera o el pasillo son secundarios, al igual que un mapa de tránsito en el que lo único que cuenta son las líneas de conexión, independientemente de la forma actual, la escala, o la distancia. Borchers entendido esto, y por eso pensó en actos como las cifras de tiempo y espacio de conexión en lugar de (1968, 173). Se basó en la teoría de grafos y topología con el fin de ‘medir’, y lo llevan a la conclusión de que “en un acto, hay un potencial de energía cinética” (citado por De la Cruz 2000, 137), de ahí su definición de la arquitectura como ‘Física hizo carne »(1968, 173).

¿Cómo es posible que el reino inmaterial de las relaciones de valor llega a dominar la esfera material de los valores de uso? Es evidente que, sobre la base de su valor social, es decir la objetividad en su realización en los mismos valores de uso. Por lo tanto, Marx se refiere a las materias primas como “las cosas sociales, cuyas cualidades son al mismo tiempo, perceptibles e imperceptibles por los sentidos ‘y, a continuación, añade que” en la misma forma que la luz de un objeto es percibido por nosotros, no como la excitación subjetiva de nuestra nervio óptico, sino como la forma objetiva de algo que está fuera del propio ojo “(2011, 83). Esta es una comparación muy interesante, por Uexküll, se preguntó algo similar cuando se trata de desentrañar cómo somos capaces de reconocer los objetos:

¿Cómo nos las arreglamos para ver sentado en una silla, beber en una taza, la escalada en una escalera, ninguno de los cuales se les da la percepción? En todos los objetos que hemos aprendido a usar, podemos ver la función que llevamos a cabo con ellos con tanta seguridad como vemos su forma o color. (1957, 48)

Tenemos, por tanto, que ambos productos (como valores) y los objetos son imperceptibles a nuestros sentidos externos, sin embargo, «perceptible», en el caso de los objetos, a nuestros sentidos internos que perciben Uexküll el “significado operativo” describe en su ejemplo. Esto no es más que la activación de nuestra memoria corporal, que de inmediato se despliega las reglas necesarias de coordinación de movimiento, e incluso la creación de nuevas reglas si es necesario, como cuando aprendió a andar en bicicleta con ruedas de entrenamiento, y luego de hacerlo sin ellos. Con los valores de las materias primas qua no es tan simple: ya que sólo se hacen conscientes de su poder con carácter retroactivo para regular nuestras relaciones sociales, cuando los cambiamos en el mercado. Por lo tanto la noción de Marx del fetichismo de la mercancía que se refiere a la naturaleza desconcertante de la esfera del intercambio (el mercado) en el que, por así decirlo, las relaciones sociales concretas entre los productores se convierten en eclipsado y aparecen como propiedades de los productos mismos (Marx 2011, 83 ; Fine 2001). Esto plantea la posibilidad de que los objetos y actos, elementos fundamentales para la arquitectura, se han convertido en mercancía a través del tiempo de tal manera, que es casi imposible distinguir un sustrato no mercantilizado en su interior. Los movimientos regulados y coordinados que aprendemos a través de nuestra vida son, por supuesto, socialmente instituido y conectado a tierra biológicamente, por lo que, al igual que hay un trabajo socialmente necesario tiempo, lo que se oculta de nosotros a través del intercambio, no es una conducta socialmente instituido, lo que está representado por los actos humanos escondidos dentro de todos los objetos, incluidos los objetos arquitectónicos. Tan pronto como estas dimensiones dobles se entrelaza, tenemos que la arquitectura se convierte en otro “instrumento” para disciplinar a nuestros movimientos para adaptarse al ritmo de la ley del valor, que busca disminuir el tiempo de trabajo tanto como sea posible y así acortar el ciclo de producción y la expansión de sí mismo. Como hemos mencionado, esto no es exclusivamente a las actividades laborales, pero vamos a ver cómo una definición más amplia de la noción de producción nos permite ver cómo todas las actividades humanas están implicados directa o indirectamente en la producción social de valor.

Palabras de cierre

El camino que hemos recorrido en estos tres capítulos nos ha llevado a través de un progresivo desarrollo de muchos conceptos. Hemos comenzado con la contradicción y la unidad orgánica entre la naturaleza y el hombre, en el que se define el cuerpo pasivo como orgánicamente vinculado a la primera, y el trabajo del cuerpo activo como la posibilidad de que la superación de esta contradicción a través del mundo humano creado por la arquitectura. A continuación, nos adentramos en la definición de la orden específico en el que la arquitectura de tierra, distinguir las cosas de los objetos dentro de un enfoque biológico y fenomenológico. Por último, nos centramos en el ámbito de la actividad humana productiva para comprender la base de la relación entre los actos humanos y el valor. En los siguientes capítulos vamos a extendernos en este tema desde un punto de vista histórico, el cual tratará de explicar la naturaleza y el destino de la arquitectura en las sociedades capitalistas, y las posibilidades de transformaciones radicales.

Notas


[1] This title is taken from Section 3, Chapter 3 of Jorge de la Cruz’s Master dissertation (De la Cruz 2000, 148).

[2] ‘[In] The labour-process, resolved as above into its simple elementary factors (…) was, therefore, not necessary to represent our labourer in connexion with other labourers; man and his labour on one side, Nature and its materials on the other, sufficed.’ (Marx 2011, 205)

[3] We must bear in mind that Borchers uses a specific definition of will taken mostly from Schopenhauer and his critique of the causality between will and action, which he claim were one and the same thing. See: (Cartwright 2005, 181-182; 15-17), and (Schopenhauer 1969, 100).

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El Orden Artificial

*Este ensayo fue traducido electrónicamente desde el inglés.

Por Patricio De Stefani

Cosas y Objetos

Hemos afirmado que no existe una clara distinción entre el hombre y la naturaleza, y sin embargo no hay una unidad armónica ya sea, por lo que siempre queda es una contradicción intrínseca derivada de la discordancia estructural, que sólo está parcialmente superada a través del trabajo y su producto. Esta contradicción dialéctica no es, lógico, lo que significa que la naturaleza y el hombre son dos opuestos se complementan en una eterna reciprocidad y el intercambio de material. Si no hubiera oposición, no habría necesidad de hombre para el trabajo de un modo particular con el fin de sobrevivir.

Máquina voladora, Leonardo da Vinci, 1490

La naturaleza crea, mientras que el hombre produce. El producto de nuestro trabajo no es el resultado de un proceso natural, no se hace por instinto, y que produce artefactos: es artificial. Sin embargo, y si nos atenemos a nuestra conclusión inicial sobre el hombre y la naturaleza, la distinción natural-artificial está lejos de ser evidente por sí mismo. Volvamos a la diferencia entre la naturaleza y lo natural, siendo el primero el medio ambiente total (biosfera) y el segundo una característica de las cosas y procesos creados por la naturaleza-incluyendo a los seres humanos. Podríamos afirmar, por ejemplo, que la división entre la naturaleza externa e interna se reproduce en el concepto de lo natural. Esto significaría que algunas de las características de los procesos naturales de alguna manera estar presentes en los objetos de fabricación humana, una especie de internalización de los recursos naturales. Esta distinción nos obliga a ir más allá de la mera apariencia de las cosas y abordar el orden interno, que las estructuras de ellos. El orden natural sería la que se basa en las leyes naturales.[1] Esto significa que los objetos hechos por el hombre que se basan en las leyes de la naturaleza, tales como aviones, locomotoras, puentes y obras de ingeniería en general, pertenecen al orden natural, a pesar de que son evidentemente artificial en el sentido de los hechos por el hombre .[2] No sería posible sin la abstracción de las leyes naturales en las leyes físicas de la ciencia. Un avión sería impensable sin los principios de la aerodinámica, a su vez desarrollado por el estudio del comportamiento de vuelo de las aves, mecánica de fluidos, etc. Esto significa que todas las cosas naturales son la expresión de facto del orden natural, pero no todas las cosas artificiales pertenecen al orden artificial. ¿Qué es este orden? ¿Cuáles son sus propiedades? Van der Laan se ve en la discordancia fundamental con el orden natural, a partir de la construcción arquitectónica en primer lugar:

La casa no tendrá, por tanto, una forma determinada por la naturaleza, como en el caso de un nido de pájaros. Siempre que interviene la inteligencia como un principio de forma, parece que la ruptura con el mundo homogénea de las formas naturales (…) estas nuevas formas tal vez el tema de un nuevo orden, un orden artificial, que tiene su lugar en la naturaleza.[3]

¿Cómo podemos efectivamente distinguir entre estos dos órdenes? La inteligencia humana parece ser uno de los elementos clave. Pero ¿qué pasa con los aviones o locomotoras, ¿no son el producto del intelecto humano? Para encontrar una salida a este callejón sin salida que tenemos que convertir en una distinción crucial derivado de la constitución de doble del cuerpo humano: la diferencia entre cosa y objeto. La primera vez que se basará en las definiciones específicas dadas por Borchers y Uexküll, para luego contrastarlas con algunas ideas de Heidegger.

Las formas naturales y las formas humanas

Para Borchers, una cosa son los datos sensoriales que percibimos con nuestros sentidos externos-las funciones pasivas del cuerpo, tales como la vista, el tacto, el olfato, y similares. El cuerpo pasiva refleja los diversos estímulos que surgen de la cosa, el órgano competente transforma el estímulo correspondiente a una excitación nerviosa que entra en el cerebro que lo transforma en una sensación. Toma una jarra por ejemplo, como una cosa es algo difícil para nosotros, marrón, de un cierto tamaño, peso, olor, temperatura, y así sucesivamente. El cuerpo pasivo, constituido por los órganos externos, unifica todas las sensaciones separadas emitidas por el cerebro en una forma unitaria y coherente que luego traslado al mundo que nos rodea, llenándola de cosas de todos los tamaños, colores y formas, y la creación de una percepción de ellos.

Hemos dicho en el capítulo anterior que hay una relación inmanente entre nuestro aparato sensorial y la naturaleza. Ahora somos capaces de explicar las implicaciones de esta afirmación. La definición dada de cosas implica algo que ya está ahí, fuera de nosotros, y que “asimilar” a través de nuestros sentidos para formar una percepción unitaria del mundo. Sin embargo, las sensaciones que percibimos de las cosas no salen a las propiedades de la cosa en sí, sino más bien crea en nuestro cerebro en un proceso que comienza siempre de la cosa, pasa por el cuerpo y el cerebro, y termina de nuevo en la cosa. Uexküll llamó a este ciclo de proceso sensorial.[4] Esto significa que las sensaciones, por ejemplo, como escuchar sonidos, no existen en el mundo independiente de nosotros, pero sólo la vibración del aire como un estímulo para nuestro oído: el ciclo se cierra cuando se transfiera la sensación de sonido de vuelta a cosa y que parezca que viene de ella y no a nosotros mismos. Cuando el ciclo se cierra ya no somos capaces de “distinguir entre lo inicial y final de algo más, o no, entre un organismo y un mundo exterior ‘.[5] Por lo tanto, la distinción entre el mundo exterior y los fenómenos es decisivo y espejos que entre la naturaleza externa e interna: la primera es independiente de nuestra percepción, y la segunda se produce cuando los ciclos de la percepción de que se completen. Nuestro mundo de los fenómenos, sí en todo el mundo, o Umwelt proviene de nuestra propia constitución como sujeto y el organismo, a partir de nuestra experiencia del espacio como sus encuentros con el mundo externo.

Algo completamente diferente, aunque estrechamente relacionadas-que ocurre cuando reaccionamos ante el mundo exterior. Esto sucede cuando el resultado de un estímulo va más allá de una mera sensación o percepción, cuando nuestro cuerpo reacciona a ciertos estímulos que provienen de la cosa y realiza una acción. Si ‘nuestros órganos de los sentidos sirven nuestras percepciones’, luego ‘a nuestros órganos de motor de nuestras acciones, afirma Uexküll.[6] Nuestro Umwelt se divide en dos partes: un mundo de percepción de las sensaciones, que comprende todas las cosas percibidas, y un mundo de efectos de las acciones, que comprende los objetos producidos y utilizados por el hombre. Para Uexküll, nuestra actividad biológica esencial consiste en la percepción y la acción.[7]

Llamo brevemente los “objetos” a todas las cosas que ejecuta las medidas adecuadas para el servicio del hombre (…) un objeto es, pues, una cosa señalada por su capacidad para la ejecución (…) La distinción entre cosa y objeto no es familiar para el observador ingenuo. Considera todas las cosas como objetos, porque sólo las contempla en sus relaciones con los hombres.[8]

Un árbol puede servir para dar sombra, pero no es un objeto, ya que no se corresponde con la estructura de nuestras acciones que llevamos en nuestra memoria.[9] Por el contrario, si elegimos y llenar una jarra con vino, y luego verter el vino en un vaso, y luego la jarra se convierte en algo en un objeto de uso, se articula con nuestras acciones. Ahora podemos ver más claramente que cosa y objeto de designar a uno y el mismo cuerpo en el espacio, y que una jarra, como lo puede ser algo relativo como objeto si, por ejemplo, lo usamos como un florero. Heidegger utilizó este ejemplo en su influyente ensayo de 1950 La Cosa, en la que habita sobre la esencia de una cosa, y por qué hemos perdido el acceso a ella en el mundo moderno. Sin embargo, para él una cosa es lo que es esencial para un objeto, mientras que la segunda es sólo el aspecto exterior o la representación ideal de la cosa.[10] Heidegger afirma que lo que hace que la jarra de una cosa, es que sea un buque, y lo que lo convierte en un buque, es la propiedad de ser un vacío celebración, sostiene que “la jarra no es un recipiente, ya que se hizo, sino que la jarra tenía que hacerse, porque es este vaso explotación ».[11] De acuerdo con nuestra definición anterior, para Heidegger la cosa es el objeto, a saber, las cosas que ‘afectan a nuestros propósitos “.[12] Sin embargo, los objetos no son cosas sólo útiles, sino más bien pre-existentes esquemas de acción que figuran en nuestra memoria y la cosa: los objetos no son en realidad material y visible. El objeto en una botella o una jarra para el caso-es siempre la misma, sin importar el material de concreto en el que se hizo, ni sus diversas formas o diseños: el objeto consiste en la acción de la explotación (captura y conservación) y a continuación, verter, como Heidegger afirma con razón. Esta secuencia de acciones se pueden realizar de diferentes maneras, pero las reglas siguen siendo las mismas coordinadas, por lo tanto un objeto no es ni siquiera una mera serie de acciones, sino más bien el esquema invariable, o conjunto de reglas que las estructura. Si no sabemos con anterioridad estas reglas para el uso de la jarra, esto seguirá siendo sólo una cosa el envío de diversos estímulos que nuestros órganos de percepción externa se capturan y se convierten en una percepción, pero no enviará ningún estímulo a nuestros órganos efectores internos, y por consiguiente, nuestro cuerpo no reaccionará con una acción unitaria correspondiente.

Diseños de Jarra, Frank Brangwyn, c1930

Cosas llevar una existencia externa e independiente del hombre, en consecuencia las percibimos con nuestros órganos de los sentidos, formando una única percepción humana de ellos. Mientras que los objetos son dependientes e internos a nuestra constitución orgánica, por lo tanto, sólo les captar con nuestros órganos internos-incluyendo la memoria y entonces reaccionan de realizar una única acción corporal de la cosa. Vemos ahora que las cosas pertenecen al orden natural, cuando no resonar con nuestras acciones queridas, mientras que los objetos tienen que ver con el orden artificial, no sólo porque son hechos por el hombre, pero, más importante, dado que surgen de las leyes mentales cuyo efecto nuestras intenciones y propósitos en el mundo exterior, que cambian continuamente.

Uso y Cambio

El orden artificial que se produce en el pensamiento, sus leyes fundamentalmente en contradicción con las leyes de la naturaleza en vez de imitar o hacer abstracción de ellos. La jarra es un producto del trabajo humano, la transformación de materiales de la tierra por la mano humana. Pero, como afirma Heidegger, la jarra tenía que llevarse a cabo debido a que existía previamente en la mente humana, no como la imagen de la jarra de un diseño específico, sino, fundamentalmente, como el propósito de satisfacer una necesidad: la de sostener y verter líquidos. El advenimiento de la jarra depende de la acción humana a cabo en la naturaleza, pero esto no es lo que hace que sea artificial. La jarra es un objeto artificial, ya que 1) tenía que ser previamente concebido con una clara intención, 2) que tuvo que ser diseñado o construido de acuerdo a las leyes geométricas que no existen en la naturaleza, y 3) una vez completado, tenía que ser ” activado “por el cuerpo humano, y por lo tanto arrancó desde el reino de las cosas pasivas, y se convirtió en un objeto activo.

Fue este reino de los objetos al servicio del hombre que Marx miró en su investigación sobre la naturaleza de los productos básicos. Para él, los productos básicos son los primeros de todas las cosas útiles que puedan ser analizados tanto desde sus aspectos cualitativos o cuantitativo.[13] El primero se refiere a su utilidad o idoneidad a las necesidades humanas, este último a la cantidad de lo que puede ser cambiado por otra cosa. Sin embargo, hemos dicho que los objetos no son realmente las cosas materiales, sino un plan de desempeño depositados en la cosa por nuestra voluntad: un resultado de nuestras acciones anteriores que sirve nuestras acciones posteriores. ¿Se prevén Marx esta dimensión inmaterial del objeto? Bueno, él ciertamente reconoció el carácter fugaz de uso, indicando que una cosa útil ‘es un conjunto de muchas propiedades, y por lo tanto puede ser de utilidad en diversas formas “.[14] No obstante, también entendió la dependencia del objeto en lo concreto real:

La utilidad de una cosa hace de ella un valor de uso. Pero esta utilidad no es una cosa de aire. Al estar limitada por las propiedades físicas de la mercancía, no tiene existencia aparte de ese producto (…) El uso de los valores se convierten en una realidad sólo por el uso o consumo: también constituyen la sustancia de toda riqueza, cualquiera que sea la forma social de esa riqueza.[15]

El concepto de valor de uso se aproxima a la del objeto. Su concreción se define en términos de su funcionamiento real, su activación por el cuerpo humano cuando este no es el caso, se devuelve a su estado de cosa natural, de la percepción pasiva. Un objeto está en el resumen mismo tiempo (el producto de las leyes mentales y propósitos), y el hormigón (el producto del trabajo material y el rendimiento). Sin embargo, es desde el punto de vista de la cantidad que un producto llega a ser como tal. Podemos intercambiar una cantidad determinada de un producto determinado para una determinada cantidad de otra-por ejemplo, se podría negociar dos jarras de un libro. Sin embargo, lo que permite que esta equivalencia? ¿Cómo podemos establecer la proporción correcta en la que se intercambia cada uno de los productos básicos? Marx afirma que

El valor de cambio, a primera vista, se presenta como una relación cuantitativa, como la proporción en que los valores en el uso de un tipo se cambian por las de otro tipo, una relación en constante evolución con el tiempo y lugar. Por lo tanto el valor de cambio aparece como algo accidental y puramente relativo, y por lo tanto un valor intrínseco, es decir, un valor de cambio que está inseparablemente conectada con, inherente a los productos básicos, parece una contradicción en términos.[16]


Valor de cambio: la proporción en que las mercancías pueden ser inetrcambiadas

A diferencia de cambio, el reino de valores de uso es completamente heterogéneo: son tan diversos como las necesidades humanas. Esto plantea un problema, porque si queremos cambiar un valor de uso por otro, tenemos que igualar dos usos de decir totalmente diferentes titulares de los líquidos (JUG), y la lectura (libro). ¿Podemos realmente decir que un libro vale por dos jarras ya que es más “valioso” en uso? No, no se puede equiparar dos valores diferentes en uso debido a que la utilidad de una cosa: su capacidad para satisfacer nuestras necesidades, descansa en un ámbito subjetivo-cualitativo. Marx señaló que caemos en un engaño similar cuando tratamos de explicar el valor de cambio únicamente en su determinantes: la cuantitativa hecho de que dos jarras equivalen a un libro, ya que estos proporción de 2:1 es sólo la expresión de algo interno a todos los productos: la primera: los válidos los valores de cambio de un producto dado algo que expresa la igualdad, en segundo lugar, el valor de cambio, por lo general, es sólo el modo de expresión, la forma de manifestación de algo contenido en él “.[17] Este elemento misterioso que no puede ser una propiedad material de los productos básicos, ya sea.

Este común “algo” no puede ser una geométrica, un químico, o cualquier otra propiedad natural de las mercancías. Tales propiedades reclaman nuestra atención sólo en la medida en que afectan a la utilidad de esos productos (…) Por tanto, si dejamos fuera de consideración el valor de uso de los productos básicos, que sólo queda un patrimonio común, la de ser productos del trabajo .[18]

En el capítulo anterior hemos seguido Marx en que el trabajo humano es una necesidad cada vez más duradera en la que nos involucramos en una relación metabólica continua con la naturaleza. Como resultado de esto, también es el medio por el cual las cosas se convierten en objetos de uso. Y, por último, el trabajo es también el sustrato común que permite productos que se comparan entre sí. Si cada producto requiere de un tipo definido de la mano de obra a realizar, ¿cómo se mide esta diversidad cualitativa? Eso era para Marx el primer problema después de haber identificado el trabajo como sustancia del valor de las mercancías. Sin embargo, este nuevo concepto de (intrínseco) de valor como algo encarnado en los productos básicos y, sin embargo diferente de su uso y valores de cambio, deben ser aclaradas. La primera cosa a tener en cuenta es el valor que viene a ser sólo como las mercancías se intercambian por otros. Tomada aisladamente, una mercancía tiene un valor (en uso) sólo para la persona que la ha producido, por lo tanto carecen de validez social. Hemos visto también que los productos no pueden ser comparados por sus usos, ya que difieren cualitativamente. Por el contrario, ‘como valores de cambio son meramente cantidades diferentes, y por consiguiente no contienen un átomo de valor de uso “.[19] Más importante aún, los diferentes tipos de mano de obra necesarios para la producción de productos cualitativamente diferentes, no tienen ninguna relevancia a cambio tampoco. Lo que queda entonces es el trabajo humano como una actividad general, ya que lo que sucede es que a cambio

Junto con las cualidades útiles de los propios productos, ponemos fuera de la vista, tanto el carácter útil de los distintos tipos de trabajo materializado en ella, y las formas concretas de que el trabajo, no queda nada, pero lo que es común a todos ellos, todos se reducen a uno y el mismo tipo de mano de obra laboral, humana en abstracto.[20]

Trabajo abstracto: tiempo de trabajo en general

El concepto de trabajo humano abstracto es fundamental para entender el concepto del valor de Marx. El valor de una mercancía es la cantidad de trabajo requerido para su producción. Después de Ricardo, Marx establece el tiempo de trabajo (horas, días, semanas, etc) empleado en la producción de una mercancía como el determinante de su valor, pero no hay una distinción fundamental que pronto lo alejó de esta explicación. Porque si me decido a tomar mucho tiempo haciendo un producto no significa que mi producto tiene más valor: el tiempo de trabajo tiene que ser vista en el contexto de las relaciones sociales y en la sociedad en su conjunto.[21] Y si el trabajo abstracto se refiere al gasto de fuerza humana de trabajo en general, despojado de toda discriminación, entonces concreto, dice Marx, no debe ser un medio social de la fuerza de trabajo, de la capacidad de hacer un trabajo útil en virtud de una cierta cantidad de tiempo, las condiciones, y la intensidad. Por lo que el trabajo humano “requiere para la producción de una mercancía, no hay tiempo más de lo necesario en un promedio, no más de lo que es socialmente necesario”[22], Entonces el valor de las mercancías permanecerá constante. Por lo tanto, de trabajo socialmente necesario es el tiempo “necesario para producir un artículo en las condiciones normales de producción, y con el grado medio de destreza e intensidad vigente en cada momento”.[23] Esta vez socialmente determinado promedio de la producción de una mercancía es lo que fija su valor social. Un edificio de toma para la sociedad, en promedio, un tiempo y esfuerzo para producir, mientras que una cama considerablemente menos: la diferencia en sus valores está socialmente conectado a tierra. Somos capaces de conocer estos valores cuando se comparan y el comercio de productos básicos en el mercado, y no por sí mismos. Por lo tanto, somos capaces de determinar cómo muchas jarras de igualar un libro, ¿cuántos libros igual a una cama, o cuántas camas equivalen a un edificio.

También hay una serie de similitudes entre el concepto del valor de Marx y la del objeto. Por ejemplo, ambos se refieren a algo que sólo es accesible a través de algún tipo de mediación de la acción: yo percibo el objeto de una única silla cuando me siento en ella (ya sea real o potencialmente), sé que el valor de una silla cuando me lo cambiaremos por algún otro objeto. Sin embargo, la conexión fundamental radica en su relación interna con el trabajo humano, así que echemos un vistazo más de cerca.

El Objeto Arquitectónico

Antes de que podamos pasar a la relación entre el objeto y el valor, tenemos que aclarar completamente el concepto de objeto, y esto significa llamar la atención sobre su diferencia con el uso. Hemos visto que muchos objetos pueden existir dentro de una y la misma cosa, así que podemos usar una silla como mesa de noche o una habitación como oficina, sin ningún cambio en las propiedades del material de la cosa. Pero no es un simple cambio en su uso? Hasta el momento, no hemos trazado una distinción explícita entre el objeto y el uso, se ha limitado a señalar sus semejanzas.

Aunque Heidegger define las cosas y los objetos en el sentido inverso exacto de Uexküll y lo hizo Borchers, será útil si examinamos algunas de sus ideas anteriores. Para él, los objetos de designar la forma en que la metafísica occidental separa el reino abstracto e ideal de las formas puras del reino terrenal de las cosas concretas, poniendo este último como una mera reproducción imperfecta de la primera.[24] Después de una aproximación fenomenológica, Heidegger veía las cosas como perteneciente al mundo de los usos cotidianos y experiencias, pero la distinción, dentro de este ámbito, entre las propiedades activas y pasivas de las cosas no se aclaró. Se refirió a esta cuestión en 1927 con los conceptos de la actualidad-en-mano y listos para la mano-.

No importa que tan fuertemente nos basta con ver el “aspecto externo” de las cosas en cualquier forma esto ocurre, no podemos descubrir listo-a-mano nada. Si nos fijamos en las cosas sólo “teóricamente”, podemos salir adelante sin la comprensión de la disposición-a-mano. Pero cuando tratamos con ellos mediante el uso de ellos y manipularlos, esta actividad no es un ciego, sino que tiene su propio tipo de vista, por el cual se rige nuestra manipulación y de la que adquiere su carácter específico Thingly.[25]

Una cosa está presente-a-mano cuando está siendo percibida por la actitud pasiva y distante del teórico o el filósofo-sólo contemplado y considerado como un hecho material, en el mejor de como la “cristalización” de la idea pura. Por el contrario, una cosa está listo-a-mano cuando realmente se comprometen con él y directamente utilizarlo sin “pensar”. De esto podemos suponer que Heidegger se ocupa de contrarrestar la primacía del objeto ideal y visible (presente-en-mano) sobre la cosa (listo-a-mano) accesible a través fenomenológicamente el uso diario. Podemos afirmar, por tanto, que la distinción de Heidegger coincide en general con nuestra comprensión anterior de cosas y objetos. Lo de Heidegger es más o menos nuestro objetivo, mientras que su objeto no es del todo lo nuestro. Para evitar malentendidos, atengámonos a la definición anterior, manteniendo al mismo tiempo crítica de Heidegger a un enfoque abstracto-idealista en la materia.

El objeto como un esquema de ordenamiento

Si el objeto existe como un esquema mental de la acción, y como una cosa concreta fenomenal y útil, lo que deja su situación en un estado de confusión, se trata de una cuestión puramente abstracto o de carácter práctico? ¿Cómo se puede ser ambas cosas a la vez? Una bicicleta es a la vez un esquema mental de lo inmaterial que lleva a las normas de conducción y un artefacto que los hormigones elaborados de acuerdo con esas reglas. Cuando usamos algo, nunca lo hacemos en el exacto la misma manera, no podemos repetir los mismos movimientos exactos y puestos, ¿por qué? Dado que el uso consiste simplemente en las acciones concretas necesarias para consumir algo. Estas acciones se realizan de acuerdo a las normas de circulación almacenados en nuestra memoria, pero no son las mismas, no son más que la manifestación concreta y contingente. Tampoco son estas reglas formas puramente ideales, sino que se basan en nuestras experiencias corporales. Sin embargo, los objetos tienen cierta fijeza derivada de la actuación del cuerpo y sus capacidades, pero no son ni inmutables ni trascendental. Por lo tanto, la realidad de los objetos es sustancial o formal, en lugar de contingente. Borchers argumentó que esta propiedad los objetos hechos de la sustancia real de la arquitectura:

Una gota de agua tiene la forma de una esfera, un cuchillo de acero tiene una forma alargada y un borde: cuchillo y gota son cuerpos, pero el agua y el acero son la sustancia de gota y el cuchillo. Los objetos forman la sustancia de la arquitectura (…) una tabla puede ser de madera, mármol u otro material, el material que no constituye el objeto, que es como en la forma incidental, no esto o aquello: el objeto es la permanente, duradera, con independencia de su configuración, que es variable y cambiante.[26]

En lugar de una arquitectura simple basada en su aspecto sensorial como cosa, Borchers buscaba una basada en lo que en última instancia que queda de ella después de todo, el resto ha desaparecido o cambiado: los objetos arquitectónicos. Del mismo modo, los valores de Marx constituyen la sustancia de los productos básicos. A través del tiempo, pueden cambiar su uso y las relaciones de cambio, pero lo que queda es su valor, aunque de cualquier manera absoluta.

Hasta ahora, puede parecer que los objetos forman parte de un reino oscuro y puramente abstracto, o bien una definición subjetiva que tiene poca validez empírica. Sin embargo, Uexküll basa su investigación en experimentos científicos, y se definen los objetos como un hecho biológico sin la cual no sería capaz de dar forma y movimiento a todo el mundo que nos rodea.[27] Si el uso humano es lo que convierte las cosas en objetos, entonces es esta actividad lo que permite superar la contradicción inicial entre ellos, que es una de las formas que la contradicción entre lo natural y lo artificial se lleva. Por otro lado, si los objetos son sustanciales, forman la estructura subyacente de ambas cosas y usos, que son siempre contingente y sujeto a condiciones específicas. Como cosa, una jarra se puede hacer de diferentes materiales y puede tener un sinnúmero de diseños y diversa, esto dependerá de su tiempo, la ubicación y las condiciones productivas. También se puede utilizar de muchas maneras diferentes, siempre que sus propiedades de los materiales lo permiten. Pero no puede cambiar su tamaño hasta un cierto punto, no puede cambiar sus componentes básicos, como ser un vaso (holding), con al menos un mango, y tal vez el cuello o los labios (vertido). Estas propiedades no necesita tener una forma definida, sino simplemente ser capaz de ser manejado por la mano humana en una forma adecuada. Sin embargo, estas cualidades formales son sólo una parte del objeto-que podemos llamar la “figura” (o esqueleto espacial)[28]- La otra que consiste en sensaciones de orden, como nuestro sentido de la ubicación, dirección, y el momento, que son internas a nuestro cuerpo y completamente no-espacial. Los vamos a revisar con más detalle en el capítulo siguiente. Baste por ahora será la de señalar su relación con nuestro “cuerpo” de memoria:

Nuestra memoria, que utilizamos constantemente para reconocer los objetos-por lo general no consiste en imágenes que se comparan con los objetos para ver si ellos coinciden (…) El objeto permanece en nuestra memoria no como una imagen completa, sino como una serie de señales de la directiva que al igual que una melodía, habita en nosotros.[29]

Mesa gigante

Volvamos ahora al concepto de valor. Una cosa a tener en cuenta es que para Marx, el valor es específico para el surgimiento del capitalismo. Pero, ¿cómo puede ser esto? No, no todas las creaciones humanas tienen valor para ellos, siempre y cuando cumplan con sus necesidades? Aquí es donde tenemos que tener cuidado de no confundir la definición específica del valor de Marx con otros significados con respecto a la ética, la cultura o la economía en sí-es decir, incluso la teoría del valor subjetivo.[30] Del valor de Marx tiene un significado completamente diferente hay que aclarar para evitar malas interpretaciones. Para él, el valor de las mercancías no es una cuestión de apreciación subjetiva, la preferencia de los consumidores, los principios éticos, o cualquier otro tipo de apreciación. Por el contrario, el desarrollo de valores señala el advenimiento de un modo particular de producción, una en la que no producimos para nuestros propias necesidades humanas, sino también para intercambiar nuestros productos a través del mercado: «convertirse en una mercancía de un producto debe ser transferido a otro, al que servirá como un valor de uso, por medio de un “intercambio.[31] Los valores surgen al comparar la cantidad de medio y socialmente necesarios tiempo de trabajo que entró en la producción de cada producto, y esto sólo puede hacerse a través del intercambio. Considere cómo Marx refleja en el valor como lo que permanece en los productos básicos después de que se abstraen de sus aspectos cualitativos y concretos:

(…) Se compone de la misma realidad insustancial [fantasma-como la objetividad][32] en cada uno [de los productos básicos], una mera congelación del trabajo humano homogéneo, la fuerza de trabajo gastada sin tener en cuenta el modo de su gasto. Todo lo que estas cosas nos dicen ahora es que la fuerza de trabajo humana se ha gastado en su producción, que el trabajo humano se encarna en ellos. Cuando miraban en forma de cristales de esta sustancia social, común a todos ellos, que son los valores y.[33]

La estructura tripartita de la forma-mercancía se revela así: tiene a la vez un valor de uso, un valor de cambio-, y un valor. Del mismo modo, una construcción arquitectónica puede ser entendida como una cosa puramente sensorial, como algo que se utiliza, y finalmente como un objeto o un esquema de pedido. El único término que coincide adecuadamente con la estructura del producto es su uso. Para que las cosas no son ni abstracto ni cuantitativo, sino más bien espectacular y cualitativos. Y los objetos no son específicos para el capitalismo, sino inherente a nuestro organismo. Pero no nos interesa aquí, en las comparaciones filosóficas, sino con su relación actual.

Representación de un martillo, un martillo real, definición de martillo

No podemos ver o sensualmente percibir el objeto en un martillo, es irrelevante y no espaciales: sólo surge cuando nuestros sentidos internos reaccionar a los estímulos procedentes de la misma, y por lo tanto nuestro cuerpo ejecuta una acción unitaria en la que, por lo tanto “el uso de / consumir “en una u otra forma de martilleo, sacar un clavo. Tanto Marx como Heidegger teorizó sobre un tipo particular de uso: consumo productivo. Heidegger sostuvo que todas las cosas ‘prêt-a-mano “son esencialmente los equipos que usamos” con el fin de “hacer o ayudar a hacer otras cosas en un proceso continuo.

(…) El trabajo que se produce no es sólo útil para algo. La producción en sí misma es un uso de algo de algo. En la obra hay también una referencia o una asignación a ‘Materiais’: el trabajo depende de cuero, hilo, agujas, y similares. Cuero, por otra parte se produce a partir de pieles. Estos se toman de los animales, que alguien ha planteado.[34]

Del mismo modo, Marx señala, en su análisis del proceso de trabajo, este doble carácter de los productos del trabajo, ya que no son sólo los resultados sino también las condiciones para una mayor producción.

Aunque un valor de uso, en la forma de un producto, los problemas de la mano de proceso, sin embargo, otros valores de uso, productos del trabajo anterior, entrar en él como medios de producción. El mismo valor de uso es tanto el producto de un proceso anterior, y un medio de producción en un proceso posterior. Los productos son por lo tanto, los resultados no sólo, sino también las condiciones esenciales de trabajo (…) El trabajo consume productos con el fin de crear productos, o en otras palabras, consume un conjunto de productos, al convertirlos en los medios de producción para el otro conjunto.[35]

Vemos entonces que, en general, los objetos forman parte de un proceso incesante de creación de valores de uso de valores de uso, incluyendo otra anterior la naturaleza. Todas las actividades humanas forman parte de este proceso, ya sea directa o indirectamente. En este sentido, los objetos de coordinar y disciplinar a las acciones humanas de acuerdo a las normas de circulación que son biológica y socialmente a tierra-en la medida en que ambos son indistinguibles unos de otros. Así, los objetos son irrelevantes, ya que constituyen el sustrato de una práctica social permanente: la mano de obra. Y en particular, los objetos también son esenciales para la creación de valores bajo el capitalismo. Si, como se ha indicado anteriormente, son “un plan de desempeño depositados en la cosa por nuestra voluntad: un resultado de nuestras acciones anteriores que sirve nuestras acciones subsecuentes, entonces el factor temporal es determinante. El grado en que la estructura de los objetos de nuestras acciones y movimientos durante el trabajo depende en gran medida el factor clave que gestiona y controla el tiempo de la producción y el intercambio de productos básicos: el medio social del trabajo a tiempo parcial. ¿Quién determina ese promedio? ¿Quién establece lo que es “socialmente necesario”? En definitiva, ¿quién o quienes determina los valores en una sociedad capitalista?[36] Valor dicta no sólo el ritmo de producción, sino también su organización, incluyendo en general los movimientos de los trabajadores durante la producción. Las reglas de circulación para el uso / producción de un objeto conseguir transfigurado en un nuevo conjunto de normas que se incorporarán en el objeto producido. Las reglas para martillando clavos en los tablones de madera transforman en las reglas para sentarse en una silla de madera. Por lo tanto, el elemento clave que relaciona (arquitectónica) los objetos a los valores es el tiempo de trabajo, que a grandes rasgos, es el momento de la vida misma.


[1] We refer here to the laws of nature as the ‘objective orders or regularities in the natural world, which are independent of human minds and discovered by scientific investigation’, not to be confused with the concept of natural law in ethics, nor with physical or scientific laws, see: Nicholas Bunnin and Jiyuan Yu, The Blackwell Dictionary of Western Philosophy (Oxford: Blackwell Publishing, 2004), 380.

[2] Juan Borchers, Institución Arquitectónica (Santiago: Andres Bello, 1968), 33. Translated from Spanish to English for academic purposes by Patricio De Stefani, 2012.

[3] Hans Van der Laan, Le Nombre Plastique (Leiden: E. J. Brill, 1960), 5-6. Translated from French to English for academic purposes by Patricio De Stefani, 2012.

[4] Jakob von Uexküll, Cartas Biológicas a una Dama (Santiago: Zig-Zag, n. d.), published originally as “Biologische Briefe an eine Dame” (Belin: Verlag von Gebrüder Paetel, 1920), 29. Translated from Spanish to English for academic purposes by Patricio De Stefani, 2012.

[5] Juan Borchers, Institución Arquitectónica, 144.

[6] Jakob von Uexküll, “A Stroll Through the Worlds of Animals and Men: A Picture Book of Invisible Worlds”, in Instinctive Behaviour: The Development of a Modern Concept, ed. Claire H. Schiller (New York: International Universities Press, 1957), 6.

[7] Ibid.

[8] Uexküll, Cartas Biológicas a una Dama, 63-64.

[9] Ibid, 64

[10] Martin Heidegger, “The Thing”, in Poetry, Language, Thought, trans. Alfred Hofstadter (New York: Harper and Row, 1971), 164-165.

[11] Ibid, 166.

[12] Uexküll, “A Stroll Through the Worlds of Animals and Men”, 6.

[13] Karl Marx, Capital: A Critique of Political Economy (Volume I), trans. Samuel Moore and Edward Aveling (Mineola, NY: Dover Publications Inc., 2011), 42.

[14] Ibid.

[15] Ibid, 42-43.

[16] Ibid, 43.

[17] Ibid.

[18] Ibid, 44.

[19] Ibid.

[20] Ibid, 45.

[21] David Harvey, A Companion to Marx’s Capital (London: Verso, 2010) 18, 20.

[22] Karl Marx, Capital, 46.

[23] Ibid.

[24] Adam Sharr, Heidegger for Architects (Abingdon: Routledge, 2007), 29.

[25] Martin Heidegger, Being and Time, trans. John Macquarrie and Edward Robinson (Oxford: Blackwell Publishers, 2001), 98.

[26] Juan Borchers, Institución Arquitectónica, 31.

[27] Uexküll, “A Stroll Through the Worlds of Animals and Men”, 14, 16, 30, 37, 43.

[28] Uexküll, Cartas Biológicas a una Dama, 55.

[29] Ibid, 55-56.

[30] On the economic field, one of the key exponents of the subjective theory of value was the Austrian School of economics, in particular see: Eugen von Böhm-Bawerk, The Positive Theory of Capital (New York: G. E. Stechert & Co), accessed December 13, 2011, http://books.google.co.uk/books?id=Xwcwj0GhyHoC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false

[31] Karl Marx, Capital: A Critique of Political Economy (Volume I) (Moscow: Progress Publishers, 1887), 29, accessed December 10, 2011, http://www.marxists.org/archive/marx/works/download/pdf/Capital-Volume-I.pdf

[32] In other editions of Capital the German term ‘gespenstige gegenständlichkeit’ is translated as ‘phantom-like objectivity’ which perhaps describes more accurately the nature of the notion of value, see: Karl Marx, Capital: A Critique of Political Economy (Volume I), trans. Ben Fowkes (London: Penguin Classics, 1990), 128.

[33] Karl Marx, Capital, 45.

[34] Martin Heidegger, Being and Time, 99-100.

[35] Karl Marx, Capital, 201, 204.

[36] David Harvey, A Companion to Marx’s Capital, 20.

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Las Relaciones con la Naturaleza

*Este ensayo fue traducido electrónicamente desde el inglés.
Nota: este es el primer capítulo terminado de la  tesis. Pronto publicaré algunos cambios menores en la estructura de investigación.

Por Patricio De Stefani

El Orden Natural y el Cuerpo Pasivo

A menudo pensamos en la naturaleza como el llamado “entorno natural”, que el paisaje de gran envergadura que está ahí fuera que rodea nuestras ciudades, no afectados por la intervención de la mano humana. Para una adecuada comprensión de la relación entre arquitectura y naturaleza, quiero proponer que retire la imagen de este “sentido común” de inmediato. Por lo que está en juego en esta relación es la naturaleza-en el mismo de que otra “intrínseca” sentido de la arquitectura.

La naturaleza tiene un orden. Sus diversos ciclos desarrollarse de acuerdo a las leyes más o menos invariables, que son el objeto de las ciencias naturales. Considerado en sí mismo, como una orden de pre-humano, que es externa e independiente del conocimiento humano y la praxis, un mundo que es el producto de ningún pensamiento consciente o acción, un «acontecimiento ciego y no-conceptual.[1] Sin embargo, los seres humanos han tenido que vivir en el espacio natural desde el principio-al igual que cualquier otra especie en la tierra-lo que la naturaleza es la fuente primaria de toda habitación humana, “el lugar desde el cual el hombre está ausente, es también el lugar donde el hombre comienza, tomando forma y seguir adelante de sí mismo “.[2]

El mundo natural y sus formas

Comprender la naturaleza en sí misma, como un absoluto, no nos da pistas sobre su relación con los seres humanos, ‘¿qué más puedo decir al respecto, aparte de que existe? “[3] En su lugar, debemos identificar un conflicto o ambigüedad si se quiere-en el concepto de la naturaleza misma, por ‘sucede que usamos la misma palabra para designar la naturaleza en el hombre (la naturaleza humana: el instinto, necesidad, deseo) y la naturaleza sin el hombre , antes que el hombre, el hombre exterior “.[4] Los intentos de establecer una distinción clara entre el hombre y la naturaleza se han desarrollado en su mayoría de la metafísica clásica y el pensamiento más tarde, burgués del siglo XVIII. Éstos comienzan a desmoronarse tan pronto como captar la relación dialéctica, lo que significa ver la naturaleza en el hombre y viceversa, sin confundirlos. Este es el enfoque adoptado por Marx, en una forma poco fragmentada-y reconocido por Lefebvre. Por último la naturaleza se puede entender bien como externa (pre-humano) o como interna (dentro-humano). El hombre depende de la naturaleza, pero la naturaleza es independiente del hombre.[5] La contradicción entre estas dos definiciones surge tan pronto como nos mira desde uno a otro. Como externo, la naturaleza aparece engañosamente como algo “puro” y el vacío, por lo tanto inaccesibles. Como interno, corresponde a los límites naturales y las capacidades como seres biológicos y sensoriales. Sin embargo, la naturaleza interior del hombre (naturaleza humana) es siempre algo que se está convirtiendo en un medio-la naturaleza y el medio antinature-, ya que es sólo por medio de la abstracción que los hombres se han convertido en los hombres en todo, sólo mediante la transformación de la naturaleza en algo que va más allá de ella sin estar completamente separado de él. No tenemos en este momento el espacio aquí para ir a fondo en este debate, pero debemos tener en cuenta que este “physis-antiphysis dicotomía está superada lo más pronto nos damos cuenta de que es por antiphysis o antinature, que el hombre controles y regresa a la naturaleza “.[6]

Sapo viviendo contra la superficie de la tierra

Si nos imaginamos la naturaleza como del mundo exterior, en un ideal-y que podría ser sólo de esa manera-puro, el estado pre-humano, y la suspensión de cualquier ser humano (social) de la concepción mediada por ello, podemos comenzar a entender por qué es que los seres humanos no pueden habitar en la tierra de la misma manera que el resto de las especies, dejando de lado el hecho evidente de la razón y el intelecto, por el momento. De acuerdo con el arquitecto holandés Hans van der Laan, el espacio natural es centrada en la tierra, ilimitada, y homogénea.

El espacio que nos ofrece la naturaleza se eleva por encima del suelo y se orienta por completo hacia la superficie de la tierra. El contraste entre la masa de la Tierra y el espacio por debajo del aire por encima, que se encuentran en la superficie de la tierra, es el dato primario de este espacio. A causa de su peso todos los seres materiales están involucrados en este orden espacial, y vivir como si fuera en contra de la tierra.[7]

Esto significa que el espacio natural es fundamentalmente con orientación vertical a lo largo del eje de la tierra / por debajo del aire por encima de /. El espacio natural es el mundo primario fenomenal que nos enfrentamos con nuestro aparato sensorial-es decir, nuestra pasiva cuerpo-sin embargo hay algo en nosotros que impide que habitamos este orden vertical como tal. Primero, es un espacio ilimitado que se extiende hacia todas las direcciones, y en el que los límites a la percepción surgen sólo como pliegues en la superficie de la tierra-tres, colinas, montañas, etc.[8] En segundo lugar, es un espacio homogéneo ya que se extiende continuamente a lo largo de la masa de la tierra, sin ningún tipo de roturas, pliegues y cortes sólo en su propia superficie. El hombre no puede vivir únicamente en el espacio natural, ya que nuestro “gran manifestación de la vida se encuentra sólo en nuestra capacidad para mantenerse en pie y moverse, y al hacerlo, para contrarrestar el movimiento a la baja causada por la gravedad”.[9] Van der Laan también hace hincapié en lo que él llama nuestra experiencia del espacio-es decir, el espacio de la imagen que construimos en nuestra mente y de acuerdo a nuestra propia estructura corporal.[10] En contraste con el espacio natural, el espacio se construye a partir de nuestra experiencia es centrada en el cuerpo, limitada y heterogénea, y por esta razón, es ‘necesariamente en conflicto con el espacio de la naturaleza “[11], Afirma Van der Laan. Después de esto, el arquitecto chileno y teórico Juan Borchers afirma:

En la naturaleza las cosas se extienden de forma continua en todas las direcciones. Pueden tener todas las medidas posibles (…) La mente humana tiene que hacer una distribución de todos ellos y agruparlos en una serie de instrucciones sencillas y significativas, directamente relacionadas con la constitución subjetiva del cuerpo humano: altura, anchura, longitud. Estos mismos, agrupados en pares opuestos y separados por un corte: derecha e izquierda, adelante y atrás, arriba y abajo.

Estas sensaciones no existen en el mundo exterior desde la que los estímulos que afectan a nuestros órganos de los sentidos vienen, pero en nuestra estructura subjetiva que nos trasladaremos al mundo exterior.[12]

Debido a la experiencia espacio-objeto-espacio si se quiere-es centrada en el cuerpo, que es esencialmente horizontal, lo que significa, como Van der Laan avisos, que potencialmente en contradicción con el eje vertical basado en la gravedad del espacio natural. Los seres humanos son también los bípedos evolucionaron sólo, y en virtud de esta posición vertical que no pueden vivir de manera sencilla sobre o contra la tierra. Sin embargo, esta falta de coincidencia entre el hombre y la naturaleza no es tan evidente como puede parecer. El hombre es también parte de la naturaleza, lo que significa que la naturaleza ha creado una especie que es, por naturaleza, en contradicción con la naturaleza en todo el mundo a sí mismo. Van der Laan es claramente consciente de este problema: la naturaleza ha producido una especie tan porque carece de algo, es incompleta. ¿Qué significa cuando decimos que “nos encontramos en la naturaleza, formamos parte de ella como todo lo demás, y sin embargo, también estamos fuera de ella”[13]? Si la naturaleza externa es incompleta, por lo que es la naturaleza interna, “la naturaleza es también lo que el hombre carece.[14] Es la fuerza de la abstracción lo que permite a los humanos se desprenden de la naturaleza, cambiando su forma, pero no la abstracción proviene de la naturaleza, en primer lugar? Si esto es cierto, el argumento según el cual la abstracción humana (conciencia) se basa en última instancia, en su material, la experiencia fenomenológica del mundo, se debe profundizar.

El sistema de coordenadas del hombre

El orden natural es el concepto que nos permite captar la contradicción entre la naturaleza externa e interna. Hemos dicho que la naturaleza tiene y el orden, que se manifiesta en la orientación ilimitada, homogénea y vertical de su espacio. También se manifiesta en todas sus creaciones orgánicos, que crecen por intususcepción[15] -i.e. dentro de ellos mismos. Sin embargo, este orden se mantiene de alguna manera en los objetos hechos por el hombre, pero ¿cómo es esto posible? De acuerdo con Marx, siempre existe una relación inevitable orgánica entre el hombre y la naturaleza, sin la cual la vida humana no sería posible:

La naturaleza es hombre inorgánico cuerpo-naturaleza, es decir, la medida en que no es en sí mismo cuerpo humano. El hombre vive en la naturaleza significa que la naturaleza es su cuerpo, con la que debe permanecer en continuo intercambio, si no es para morirse. La vida física y espiritual del hombre está ligada a la naturaleza significa simplemente que la naturaleza está ligada consigo misma, porque el hombre es una parte de la naturaleza.[16]

De esto, podemos sacar una primera conclusión: si el orden natural, con sus leyes y disposiciones, es la ley de la naturaleza, entonces es parte de la naturaleza humana también. El hombre de inmediato las necesidades biológicas y fisiológicas, por ejemplo, comer, techo, dormir, sexo, y así sucesivamente-no necesariamente requieren elaboración previa de la abstracción tout court. Por lo tanto, para satisfacer estas necesidades naturales primordiales, el hombre tiene que trabajar como lo haría la propia naturaleza-ha, al igual que otras especies, cazar o recolectar su alimento, encontrar o construir su vivienda, y similares. Pero esto no sólo se aplican a las necesidades primordiales “. ¿Qué significa cuando decimos que algo es o se desarrolla de una manera natural? Aquí se debe distinguir cuidadosamente la naturaleza de lo natural. Esto último significa algo que se desarrolla espontáneamente, sin la intervención del pensamiento racional y sistematizada, de acuerdo con las leyes naturales-es decir, vital y las leyes orgánicas. La distinción entre el hombre y la naturaleza se vuelve aún más borrosa si se tiene en cuenta el desarrollo de la historia humana en relación con la naturaleza. Marx sugiere que la naturaleza en sí es una ilusión creada por el pensamiento burgués, para hacernos creer que existe una clara distinción entre el hombre y la naturaleza.[17] Como sugiere Schmidt, “la naturaleza es para Marx un momento de la praxis humana, y al mismo tiempo, existe la totalidad de lo.[18] Para Marx, el mundo fenoménico es a la vez natural y social:

El mundo sensible ciertamente no es para Marx una cosa dada inmediatamente desde la eternidad, siempre idéntico a sí mismo, sino más bien el producto de la industria y la condición de la sociedad “, pero este mundo es la mediación social pero a la vez natural, misma e históricamente precede a la conjunto de la sociedad humana.[19]

Marx va aún más lejos como para afirmar que “la naturaleza que se desarrolla en la historia humana-la génesis de la sociedad humana-es la verdadera naturaleza del hombre, por lo que la naturaleza, ya que desarrolla a través de la industria, aunque en forma enajenada, es la naturaleza antropológica verdadero”.[20] En este sentido, afirma que la naturaleza sólo se puede acceder a los seres humanos es la naturaleza transformada por su actividad. El hombre debe trabajar, porque está en su naturaleza, es lo que lo hace humano, y al mismo tiempo, lo que lo hace para luchar contra la naturaleza. En el hombre, la naturaleza lucha contra sí mismo.

El Cuerpo Activo

A pesar de que estaba implícito desde el principio, debemos aclarar el concepto del cuerpo pasivo y su relación conflictiva sin embargo, depende en el orden natural, como condición previa para comprender la relevancia de la arquitectura de lo que Lefebvre considera como el cuerpo activo.[21] Lo que está implícito en esta estructura dual del cuerpo humano es una teoría de su “metabolismo” la interacción con el medio ambiente. Según Lefebvre, el cuerpo humano y los organismos vivos en general se puede entender como dispositivos recogedor de energía:

(…) El organismo vivo puede definirse como un aparato que, por una variedad de medios, capta energías activas en sus proximidades. Se absorbe el calor, realiza la respiración, se alimenta, y así sucesivamente. También, como “normal” cosa, conserva y las poblaciones de un excedente de energía disponible por encima de lo que necesita para hacer frente a demandas inmediatas y ataques. Esto permite que el organismo de una medida de libertad para tomar iniciativas (que son no determina ni arbitraria).[22]

El cuerpo pasivo y el aparato sensorial

El cuerpo pasivo corresponde a las funciones realizadas por nuestro aparato sensorial o externa-por ejemplo, los sentidos vista, oído, tacto, gusto, olor, temperatura, cinestésica, y así sucesivamente. Bajo esta modalidad el cuerpo los efectos de menor importancia de las transmisiones de energía con el medio ambiente (datos sensoriales). Debido a que las funciones pasivas del cuerpo humano están vinculados directamente a la naturaleza externa, que son responsables de la infinita variedad de formas, imágenes, olores, sonidos, que dan forma a nuestro mundo fenoménico, o Umwelt-es decir, alrededor del mundo.[23] Por lo tanto, si algo natural se mantiene en el desarrollo social de nuestro ser biológico, es, sobre todo, nuestra percepción sensorial. Sin las leyes naturales que operan a través del cuerpo pasivo, que sería imposible que el mundo empírico que tienen una forma coherente para nosotros.

Nuestra experiencia-espacio es el resultado de la interacción entre el cuerpo y pasiva espacio natural. Como hemos visto, la contradicción entre estos espacios se deriva del conflicto entre externo e interno (humano) la naturaleza. El primero toma la forma de un natural espacio de pre-humano que no encaja en nuestra constitución natural del cuerpo. Como humanos, tenemos que hacer algo para completar el espacio natural para que sea habitable para nosotros. Van der Laan lo ilustra con un ejemplo sencillo pero revelador:

El suelo es demasiado duro para nuestros pies descalzos nos hacemos sandalias de material más blando que el suelo, pero más duro que nuestros pies. ¿Eran tan duro como el suelo o suave como nuestros pies nos daban ninguna ventaja, pero ser lo suficientemente fuerte como para resistir el desgaste y sin embargo, que se ablanden lo suficiente como para ser cómodo, que lograr una armonía entre los pies de licitación y en bruto de la suelo.[24]

En este ejemplo se supone el hecho de que la naturaleza externa es “demasiado duro” para nosotros, para vivir o para adaptarse al igual que las demás criaturas, por lo que aparece como una orden incompleta-que de ningún modo se plantea como inferiores. Como Heidegger, el hombre es arrojado al mundo,[25] sino también en una “incompleta” la forma, por lo que tiene que desarrollar a sí mismo ya su entorno para poder sobrevivir. La única forma posible para el hombre para superar esta falta de coincidencia-en el que, por así decirlo, el hombre es “demasiado débil” y la naturaleza “demasiado strong’-es actuar y modificar directamente la naturaleza como para que se ajuste a sus necesidades propias:” Contra la unidad del hombre con la naturaleza se expresa su carácter irreconciliable, es decir, en última instancia, la necesidad de mano de obra. “[26]

Estudio del movimiento

El cuerpo activo se pone en marcha por aquellas funciones que impliquen la transmisión masiva de energía entre nuestro cuerpo y su espacio circundante. Estos corresponden a nuestro sentido de dirección (espacio), la ubicación (lugar), y el momento (tiempo), proporcionada por nuestros sistemas vestibulares y del aparato locomotor, entre otros.[27] El movimiento del cuerpo humano es lo que hace posible el potencial de superación de la contradicción entre el espacio natural y la experiencia en el espacio. Sin embargo, no es cualquier movimiento o cualquier tipo de actividad, hay una actividad primordial sin el cual ningún otro, sería imposible de sostener: el trabajo humano. ¿Por qué? Debido a que es sólo por cambiar la forma de la naturaleza que el hombre es capaz de sobrevivir en la naturaleza. Él no tiene más remedio que usar su las fuerzas naturales del cuerpo para “dejar de lado” una parte de la tierra y la forma como para adaptarse a sus necesidades. Para Marx, el trabajo no es sólo un requisito para la supervivencia, sino una necesidad “impuesta por la naturaleza”:

El proceso de trabajo (…) es la acción humana, con miras a la producción de valores de uso, la apropiación de las sustancias naturales a las necesidades humanas, es la condición necesaria para efectuar el intercambio de materia entre el hombre y la naturaleza, es la eterna condición impuesta por la naturaleza de la existencia humana, y por lo tanto es independiente de todas las fases social de que la existencia, o más bien, es común a todas las fases tal.[28]

Esta actividad tiene, por lo tanto, un carácter universal. Pero antes de convertirse en el aspecto social del proceso de trabajo, vamos a examinar las implicaciones biológicas y fisiológicas de la misma con más detalle. Tanto Marx como Lefebvre vio el trabajo humano principalmente como una acción fisiológica general y no como un tipo definido de la actividad. Para Lefebvre el cuerpo activo implica el trabajo realizado por los miembros, músculos, y similares, a fin de avanzar y llevar a cabo cualquier actividad. A su vez, Marx sugirió que “sin embargo, varió el tipo de trabajo útil, o las actividades productivas, puede ser, es un hecho fisiológico, que son funciones del organismo humano (…) básicamente el gasto de cerebro humano, los nervios, músculos, etc.[29] Por lo tanto, este entendimiento general de los enfoques humanos laborales a la definición de (mecánico) trabajo en la física, la energía requerida por una fuerza para desplazar un objeto. Hay mucha discusión en cuanto a la diferencia nominal entre el trabajo y el trabajo, como podemos ver, por ejemplo, en la crítica de Arendt de Marx.[30] Sin embargo, estamos preocupados aquí con la actividad humana en su forma más concreta y general, como el cuerpo humano en movimiento a través del espacio con el fin de modificarla.

El proceso de trabajo

¿Cuál es la naturaleza externa para el cuerpo activo? Si el hombre no puede evitar la modificación de la naturaleza, entonces éste tiene un valor de uso para él. El hombre se opone a las fuerzas de su cuerpo a la de la naturaleza por medio del trabajo físico, un gasto de energía que extrae los materiales proporcionados por el mismo. Tanto Marx como Van der Laan, coinciden en el hecho de que parece que hay un conflicto es necesario (y de la unidad) entre el hombre y la naturaleza, derivado del hecho de que debe retirarse de un espacio de la naturaleza y hacer que funcione para sus propios fines, sino también en su enfoque sobre el movimiento y la actividad humana como la fuente real de todas las creaciones humanas. En esta actividad eterna, la naturaleza actúa como sujeto del trabajo, mientras que el cuerpo actúa como el principal instrumento de trabajo.[31]

El suelo (…) en el estado virgen en el que se suministra al hombre con artículos de primera necesidad o de los medios de subsistencia siempre a mano, existe independientemente de él, y es el tema universal del trabajo humano. Todas esas cosas que el trabajo sólo se separa de conexión inmediata con su entorno, son temas de trabajo de parto espontáneamente proporcionados por la naturaleza.[32]

Aparte de los alimentos y otros, la superficie terrestre se proporciona materiales que se pueden ensamblar para formar barreras y límites que no existían antes. Para hacer esto, el hombre necesita para emplear sus fuerzas corporales de cierta manera coherente tanto con las leyes de los materiales (la naturaleza) y las leyes de sus propios fines (leyes mentales). Esto es lo que Marx tenía en mente cuando hablaba de un intercambio de materia (Stoffwechsel o metabolismo) entre el hombre y la naturaleza. ¿Cuál es la relación entre el trabajo y el movimiento del cuerpo? Consideremos en primer lugar los diferentes roles de los brazos y las piernas:

El cuerpo compuesto por tronco y las extremidades, y coronado por la cabeza con sus órganos sensoriales. En el movimiento del tronco actúa como la estática y las extremidades como el componente dinámico, los brazos y las piernas se mueven con relación al tronco, que permanece inmóvil.

En contraste con los animales de cuatro patas, que utilizan sus patas delanteras y las patas traseras de una manera bastante similar, el hombre utiliza sus brazos y piernas de manera muy diferente: con el primero que trabaja, con el segundo camina (…) los movimientos de trabajo va totalmente en contra de la tendencia a la baja ocasionada por el peso, mientras que el caminar es una coordinación del movimiento a la baja debido a la gravedad y la libre circulación, al alza de la vida.[33]

Por otra parte, para Van der Laan, la relación entre las extremidades y el tronco que imita entre todo el cuerpo y su entorno inmediato, ya que él ve una dialéctica estática-dinámica en la actividad humana. El cuerpo en posición vertical, y su semi-separación de la tierra a través de su movimiento, permite que “para librarse de la estabilidad del medio ambiente gracias a la propia estabilidad. Necesitamos la estabilidad del tronco de mover las extremidades, necesitamos la estabilidad de nuestro entorno para mover nuestro cuerpo de un lugar a otro “.[34] La constitución fisiológica del cuerpo exige también cierto tipo de acciones para ser coordinados con el fin de lograr la transformación de los materiales proporcionados por la naturaleza. Lefebvre sitúa estos en los diferentes gestos corporales que llevan a cabo de acuerdo a distintas actividades, como el trabajo: “El espacio de trabajo es, pues, el resultado, en primer lugar, de los gestos (repetitivo) y (de serie) acciones de trabajo productivo (. ..) “.[35] Con el fin de dar forma a los materiales de la naturaleza, el hombre tiene que dominar una técnica de trabajo. Para ello, también es capaz, a diferencia de otras especies, para dividir el proceso de trabajo en etapas: concepción y ejecución, es decir- la capacidad de planificar proceso y el producto de antemano a su realización material real.

El Proceso de la Casa-Trabajo

Hemos llegado al punto en el que se hace casi imposible seguir adelante sin discutir el único producto del trabajo en la que el hombre puede vivir en: la casa. A medida que la construcción arquitectónica en primer lugar, no estamos preocupados por la casa de concreto, sino más bien con lo que Van der Laan designa como el proceso general de la vivienda.[36] Continuando con su ejemplo de la sandalia, se dirige a este proceso como el resultado de la contradicción inicial entre el hombre y la naturaleza:

Así como el material y la forma de la sandalia se eligen para estar en armonía con tanto terreno accidentado y delicados pies, el espacio artificialmente separados también deben crearse de acuerdo con las exigencias del entorno natural y de nuestra propia constitución.

Para el pie de la superficie de la sandalia representa un pequeño trozo de terreno blando, mientras que la parte inferior actúa como un pie endurecido en relación con el suelo. De la misma manera el interior de la casa es para el hombre un pedazo de medio ambiente habitable, mientras que en el exterior, donde se enfrenta a la naturaleza, lo que representa una existencia humana fortificada (…) Con la casa es una cuestión no sólo de el contacto entre nuestros pies y el suelo, pero de la reunión de todo nuestro ser con el entorno natural total.[37]

El proceso de la vivienda comprende el curso de acción necesario para el hombre para completar el espacio natural por medio de la mano de obra, y así ser capaz de habitar su propio espacio separado humana. Este proceso en el compuesto por cuatro términos: la naturaleza en un extremo, el material extraído y la casa construida en el centro, y el hombre en el otro extremo. Van der Laan se distinguen tres fases o funciones en que estos términos están vinculados cuatro: 1) la extracción y preparación de los materiales proporcionados por la naturaleza, 2) el ensamblaje de estos a través de una adecuada técnica de construcción, 3) la vivienda de la casa terminada.[38] Para Van der Laan, esta regulación del “metabolismo” entre el hombre y la naturaleza es lo que permite una comprensión de la actividad humana de la construcción como algo que puede dar lugar a una armonía potencial entre ellos, al ver la arquitectura como el complemento de la naturaleza y hombre.

Homínido usando su fuerza natural contra la de la naturaleza

El papel del cuerpo activo en este proceso es, ante todo, para oponerse a su fuerza de la naturaleza, ya que tiene que usar sus brazos, manos, e instrumentos especiales para extraer de la tierra de los materiales necesarios para la construcción. Por lo tanto, la contradicción entre el hombre y la naturaleza se desarrolla incluso en el nivel más concreto del trabajo material. Marx da cuenta de esto en su conceptualización del proceso de trabajo:

El trabajo es, en primer lugar, un proceso en el que el hombre y la Naturaleza participar, y en el que comienza el hombre por su propia voluntad, regula y controla el material de re-acciones entre él y la naturaleza. Él se opone a la Naturaleza como una de sus propias fuerzas, poniendo en movimiento los brazos y las piernas, la cabeza y las manos, las fuerzas naturales de su cuerpo, con el fin de apropiarse de la naturaleza de las producciones en una forma adaptada a sus propias necesidades. Al actuar así en el mundo externo y el cambio de él, al mismo tiempo que cambia su propia naturaleza.[39]

Desde el bloque al machón por la disminución de la superficie superior y el aumento de la altura

La interdependencia dialéctica de este proceso es clara: mediante la transformación de la naturaleza, el hombre transforma su propia naturaleza, mediante la construcción de su propia casa, que él mismo construye. Observe cómo los dos, Marx y Van der Laan, charla sobre el proceso en lugar de las cosas: los centros de Marx sobre las conversaciones del proceso de trabajo, en lugar de productos como la principal actividad humana que asegura la supervivencia, y Van der Laan sobre el proceso de la vivienda, en lugar de la casa – para referirse a la construcción como la actividad principal que permite al hombre sobrevivir en la naturaleza. Por lo tanto, debe haber algo dentro de este proceso un material que es crucial para entender la naturaleza de todas las construcciones arquitectónicas. Este conocimiento nos dará un indicio de la importancia del movimiento humano en la producción del espacio, y por lo tanto, de la arquitectura. Siguiendo este camino, necesitamos primero en dejar atrás el hecho evidente de que la arquitectura surgió de la necesidad de refugio. Sólo después de hacer esto, podemos empezar a llegar a una comprensión más profunda de la aparición de la arquitectura como una extensión de nuestra propia estructura corporal y el movimiento. En este sentido, Van der Laan es crítico de los intentos de justificar la arquitectura de los requisitos funcionales, adecuación de materiales o métodos de construcción. Se considera que estos requisitos, según sea necesario, pero en última instancia, contingente y específicos, que no llegan a ‘los primeros fundamentos de la forma de la casa’.[40] Está claro que si la arquitectura está estrechamente explicarse en términos de ‘refugio’ no ir muy lejos en la obtención de conocimiento acerca de por qué el hombre construye, y por qué se construye de una manera determinada y no otra. En consecuencia, para Van der Laan la contradicción entre la vertical (naturales) y horizontal (la experiencia) el espacio es lo que da lugar a la arquitectura como un hecho primordial:

La arquitectura nace de esta discrepancia original entre los dos espacios, el espacio orientado horizontalmente de nuestra experiencia y el espacio de orientación vertical de la naturaleza, sino que empieza cuando añadimos las paredes verticales de la superficie horizontal de la tierra.[41]

El muro como el segundo dato arquitectónico

Con el fin de cambiar la naturaleza en una forma útil, el hombre tiene que unir dos componentes: la materia y mano de obra.[42] La materia como tal no tiene forma definida, sino que no tiene forma, porque es una abstracción universal.[43] Considerando que la materia natural existente y concreto no tiene la verdadera forma de los seres humanos, porque es sólo una variación en la superficie de la tierra. Para la forma de existir los materiales tienen que ser montados en una forma definida. Van der Laan se identifican tres sistemas de referencia primarios arquitectónicos: el muelle, desde el muro, y el espacio arquitectónico.[44] La primera se produce cuando nos damos cuenta de que un bloque de piedra extraída de la tierra no es suficiente para construir un espacio separado. Debemos apilar varios bloques, de tal forma que se reduzca su superficie superior en relación a su altura, formando así una posición vertical de barras forma o “barra en forma de muelle ‘. Sin embargo, este muelle no es suficiente, sin embargo, por lo tanto, “a fin de subdividir el espacio en dos partes de la barra de forma debe ser ampliada hacia una losa”.[45] Esta losa vertical constituye la pared, que sin embargo no se puede crear por sí mismo un espacio separado limitada, ya que sólo se puede dividir en dos el espacio natural en dos espacios principales, “pero para cortar un trozo de espacio en el gran espacio una segunda pared que se necesita que se relaciona a la primera de tal manera que un nuevo espacio se genera entre los dos “[46], El espacio arquitectónico.


[1] In reference to Hegel’s concept of nature, see: Alfred Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx (Madrid: Siglo XXI de España, 1977), 38. Translated from Spanish to English for academic purposes by Patricio De Stefani, 2012.

[2] Henri Lefebvre, Introduction to Modernity: Twelve Preludes September 1959–May 1961 (London: Verso, 2011), 138.

[3] Ibid, 136.

[4] Ibid, 134.

[5] We are not speaking here in historical terms, but just highlighting the fact that external nature (the earth) in no way needs the human species to evolve itself, though this could be rightly put into doubt if we confront it with current climate change issues –i.e. historically.

[6] Lefebvre, Introduction to Modernity, 143.

[7] Hans Van der Laan, Architectonic Space: Fithteen Lessons on the Disposition of the Human Habitat (Leiden: E. J. Brill, 1983), 5.

[8] Ibid, 6.

[9] Ibid, 21.

[10] Ibid, 5.

[11] Ibid.

[12] Juan Borchers, Meta-Arquitectura (Santiago: Mathesis, 1975), 28. Translated from Spanish to English for academic purposes by Patricio De Stefani, 2012.

[13] Jorge de la Cruz, “Alquimia: El Acto y el Número” (Master diss., Pontificia Universidad Católica de Chile, 2000), 87. Translated from Spanish to English for academic purposes by Patricio De Stefani, 2012.

[14] Lefebvre, Introduction to Modernity, 138.

[15] ‘Organic beings grow by intussusception, the inorganic ones by juxtaposition’. Juan Borchers, Meta-Arquitectura, 29.

[16] Karl Marx, Economic and Philosophic Manuscripts of 1844, trans. Martin Mulligan (Moscow: Progress Publishers, 1959), 31, accessed December 10, 2011, http://www.marxists.org/archive/marx/works/download/pdf/Economic-Philosophic-Manuscripts-1844.pdf

[17] See Marx’s critique of Bruno Bauer: Karl Marx and Friedrich Engels, The German Ideology (Progress Publishers, 1968), 75, accessed December 10, 2011, http://www.marxists.org/archive/marx/works/download/Marx_The_German_Ideology.pdf

[18] Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx, 23.

[19] Ibid, 29.

[20] Marx, Economic and Philosophic Manuscripts, 47.

[21] Henri Lefebvre, The Production of Space (Oxford: Blackwell Publishing Ltd, 1991), 405.

[22] Lefebvre, The Production of Space, 176.

[23] ‘(…) all that a subject perceives becomes his perceptual world and all that he does his effector world. Perceptual and effector worlds together form a close unit, the Umwelt.’ Jakob von Uexküll, “A Stroll Through the Worlds of Animals and Men: A Picture Book of Invisible Worlds”, in Instinctive Behavior: The Development of a Modern Concept, ed. Claire H. Schiller (New York: International Universities Press, Inc., 1957), 6.

[24] Van der Laan, Architectonic Space, 1.

[25] See the concepts of throwness and Being-in-the-world. Martin Heidegger, Being and Time (Oxford: Blackwell Publishers Ltd, 2001), 174.

[26] Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx, 26.

[27] Jakob von Uexküll, Cartas Biológicas a una Dama (Santiago: Zig-Zag, n. d.), published originally as “Biologische Briefe an eine Dame” (Belin: Verlag von Gebrüder Paetel, 1920), 30. Translated from Spanish to English for academic purposes by Patricio De Stefani, 2012.

[28] Karl Marx, Capital: A Critique of Political Economy (Volume I), trans. Samuel Moore and Edward Aveling (Mineola, NY: Dover Publications Inc., 2011), 50, 205.

[29] Ibid, 82.

[30] See: Hannah Arendt, The Human Condition (London: The University of Chicago Press, 1998), 79-167.

[31] ‘The elementary factors of the labour-process are 1, the personal activity of man, i.e., work itself, 2, the subject of that work, and 3, its instruments.’ Karl Marx, Capital, 198.

[32] Ibid, 198-199.

[33] Van der Laan, Architectonic Space, 21.

[34] Ibid.

[35] Lefebvre, The Production of Space, 191.

[36] Van der Laan, Architectonic Space, 2.

[37] Ibid, 1-2.

[38] Van der Laan, Architectonic Space, 2-3.

[39] Karl Marx, Capital, 197-198.

[40] Van der Laan, Architectonic Space, 4.

[41] Van der Laan, Architectonic Space, 5.

[42] Karl Marx, Capital, 50.

[43] ‘Matter as such is a pure creation of thought and an abstraction. We dispense with the qualitative differences of things when we gather them under the concept of matter as corporeally existent.’ Friedrich Engels, quoted by Schmidt, El concepto de naturaleza en Marx, op cit, 30. Translated from Spanish to English for academic purposes by Patricio De Stefani, 2012.

[44] Van der Laan, Architectonic Space, 9-10.

[45] Ibid, 9.

[46] Ibid, 10.

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