La Arquitectura de los Actos [1] y La Abstracción del Trabajo

*Este ensayo fue traducido electrónicamente desde el inglés.
Nota: Este es el tercer y último capítulo de la Parte 1 (La arquitectura de El capital), después de esto voy a pasar a la economía política de la arquitectura y el análisis de los casos de estudio.

Por Patricio De Stefani

Trabajo y objetos

Ya hemos introducido el carácter general del trabajo humano en el capítulo 1, ahora tenemos que desarrollar más en detalle su relación con el concepto de objeto como se ha definido específicamente en el capítulo anterior. Sin embargo, primero tenemos que examinar los objetos y la mano de obra que emplea y las produce, desde el punto de vista de los procesos biológicos, tanto en el mundo de las percepciones y el mundo de las acciones definidas por Uexküll.

Las sensaciones que percibimos los estímulos que provienen de cosas que existen en el mundo exterior no son realmente las propiedades de los mismos, por lo tanto, las sensaciones pertenecen a la materia y la falta de extensión espacial. Esto es lo que Uexküll llega a la conclusión de su comprensión biológica de lo que hace una experiencia del mundo, que está fuertemente basada en la concepción kantiana de la relación sujeto-objeto (Uexküll 1957, 13). Por ejemplo, dice Uexküll, si escuchamos el sonido de una campana muy lejos, esto no es más que una secuencia de procesos: un proceso físico en el que las ondas penetran en nuestros oídos, un proceso fisiológico en el que éstos son transformados por el tímpano en la nerviosa excitación y la transmiten al cerebro, y, finalmente, un proceso psíquico cuando las células del receptor de proyectar una señal de percepción en el Umwelt-en este caso un sonido de sensaciones que aparezca como una propiedad de la campana en sí mismo (1957, 63). Como ya se dijo, este proceso se le llama círculo sensorial, ya que describe una trayectoria desde el exterior al mundo interior del animal y de nuevo al exterior, formando el mundo perceptivo del sujeto (Merkwelt). Cada círculo sensorial corresponde a un órgano de los sentidos, pero en combinación son los responsables de la imagen concreta de nuestro mundo. Uexküll interpuso el presente estudio a su límite preguntando qué parte de la experiencia pertenece al sujeto y que el objeto (sd, 13), concluyendo que un animal no puede percibir nada fuera del alcance de su propio Umwelt, que lo acerca a la noción kantiana de la cosa-en-sí (Uexküll º, 70, 1957, 13). Algunos autores han visto el concepto de Umwelt que apenas se distingue del solipsismo (Weber, 2004, 300), Mientras que otros han hecho hincapié en la distinción entre ellos, argumentando que nunca Uexküll niega la existencia del mundo externo, pero critica el objetivismo científico mecanicista por haber olvidado el papel fundamental que desempeña el sujeto en cualquier experiencia del mundo (Rüting 2004, 49).

Círculo sensorial y la exteriorización de la sensación de sonido

El círculo sensorial ofrece el contenido de nuestras experiencias: se trata de sensaciones de contenido y se distinguen por su calidad e intensidad (Uexküll n. D., 29-30). Este círculo, sin embargo, sólo consiste en “medio” del proceso biológico descrito por Uexküll. Porque si el resultado de esto es una pasiva percepción sensorial, un “natural”-lo que debe haber otro proceso por el cual el sujeto se involucra activamente con su mundo. Un ejemplo sencillo sería si de repente mire directamente al sol o si un objeto se acerca rápidamente a nuestros ojos, en ambos casos se puede parpadear varias veces e incluso taparnos los ojos con la mano o el antebrazo. Esto se conoce como un acto reflejo, y el proceso por el cual los órganos de los sentidos se relacionan con los órganos de acción con el fin de provocar una respuesta del cuerpo se llama arco reflejo (Uexküll n. D., 12-13). Pero sólo una pequeña parte de nuestras acciones puede considerarse reflejos involuntarios, mientras que el resultado resto de procesos más complejos.

Otro círculo tiene que ser considerado, a través del cual los órganos efectores (células efectoras, músculos, glándulas) reaccionan a otro tipo de estímulos que nuestro cerebro convierten en impulsos. Si el círculo sensorial nos permite formar un mundo perpetuo que nos proporcione con las cosas, junto con sus cualidades e intensidades-, el círculo de los impulsos que nos permite formar un mundo de efectos (Wirkwelt) que dotan de objetos que representan las acciones posibles. Merkwelt y Wirkwelt formar una cerrada unidad de sujeto-objeto o, como se mencionó anteriormente, el Umwelt (Uexküll n. D., 68).

Ahora, hemos dicho que los objetos se diferencian de las cosas en que provocan nuestras acciones. Todas las cosas se pueden convertir en un objeto si se articulan con nosotros de tal forma que provocan una acción unitaria de nuestra parte-es decir, una acción regulada (Uexküll n. D., 64). Si las cosas son reconocidos por las sensaciones de contenido que proyectamos sobre ellas, los objetos se distinguen por la sensación de orden. A diferencia de los primeros, éstos han de discernir únicamente por su calidad y no por la intensidad, a saber: la ubicación, dirección, y el momento (Uexküll n. D., 30). Son sólo sirven para ordenar las sensaciones que surgen en la experiencia ” (Uexküll n. D., 30) y nunca se presentan de manera aislada sino en conexión permanente con las sensaciones de contenido, que “envuelven” con las propiedades sensoriales. También sostuvo que el objeto es a la vez concreto y abstracto, es decir- una realidad tangible y útil hecha por el hombre cosa y un esquema mental promulgadas por los órganos internos efectoras. Nuestro sentido de la ubicación, por ejemplo, es responsable de dar a los objetos de su figura concreta. Esto no debe confundirse con su aspecto sensorial como provenientes de las sensaciones de contenido, sino más bien se trata de una estructura espacial constituida por una “relación dada de lugares en el espacio” (Uexküll n. D., 55). Por otro lado, nuestro sentido de la orientación forma las propiedades abstractas de los objetos, de todas las figuras deben estar basadas en un esquema elemental, compuesto por las señales de dirección, como arriba / abajo, adelante / atrás. Estas instrucciones elementales no tienen una forma y forman las unidades básicas con las que configurar las reglas de circulación que se mantienen en nuestra memoria, listos para su uso. Uexküll es enfático en destacar la importancia de estos esquemas abstractos del movimiento: «Sin plan no hay ningún objeto, ya que no hay melodía sin ritmo” (sd, 56).

Círculo de los impulsos y la exteriorización de las acciones

Sensaciones de tiempo son bastante más sencillo que los previuos. Al igual que el espacio, nuestro sentido del tiempo ofrece el “escenario” de nuestras experiencias, por lo tanto “cualquier sensación de contenidos, siempre que presente, siempre está ligado a una sensación de momento, lo que indica el punto en que tiene que ser colocado en la serie de tiempo” (Uexküll n. D., 31). A raíz de los experimentos de Estonia biólogo Karl Ernst von Baer, Uexküll considera el momento como el “más pequeño recipiente de tiempo indivisible” (Uexküll 1957, 29) que se repite sin cesar en la cadena sucesiva de tiempo. Von Baer fijado el momento humano en alrededor de 1/18 de segundo, y esto constituye la medida en que somos capaces de percibir los movimientos y distinguir si algo “era” (antes), “es” (ahora), o “será “(después). Cualquier movimiento más lento o más rápido, no se percibe como tal, por ejemplo, cuando miramos a las manecillas del reloj, o cuando nos fijamos en los radios de una bicicleta en movimiento (Borchers 1975, 212).

En tanto Uexküll y Van der Laan-y, desde luego-reconoció Marx, el trabajo es una actividad que surge de la necesidad de “completar” la naturaleza para vivir en ella (Uexküll º, 112; Van der Laan 1983, 1). Después de las necesidades inmediatas están satisfechas, el hombre tiene que ir más allá de la producción de medios de subsistencia a la producción de sus propios medios de producción. Por lo tanto, las herramientas son el primer producto del trabajo que también se utiliza como un instrumento para ello-un conductor de la actividad del hombre (Marx, 2011, 199). En el capítulo anterior hemos hablado de esto doble carácter de los objetos: por una parte son el resultado del trabajo, por otra son condiciones para ello. Es esta última propiedad que nos interesa, ya que tiene un “operativo” relevancia. Incluso podemos considerar a todos los objetos como instrumentos de una especie, en razón de su ‘equimentality’ (Heidegger, 2001, 97). Del Trabajo se puede entender, entonces, como una actividad mediante la cual (naturales) las cosas se transforman en (artificial) los objetos, y en el que estos últimos, como también las condiciones o las herramientas de mano de obra adicional, es necesario incorporar las ‘operaciones’ para su uso productivo. Entendido de este modo, los objetos deben pre-existen en nuestra memoria cerebral y corporal con el fin de estar debidamente efectuada durante el proceso de trabajo. Sin embargo, esto no debe ser considerado como una imagen concreta, sino como un conjunto de reglas o instrucciones, que activan tan pronto como se ‘ven’ un potencial de acción en las cosas.

El hecho de que los objetos no pueden ser percibidas directamente a través de nuestro aparato sensorial condujo Uexküll para examinar el proceso por el cual nuestros órganos internos se estimulan, por lo que propuso la idea de un espacio de tres humana: táctil, visual y operacional. En el espacio táctil proyectamos signos locales en el mundo exterior, formando una especie de lugar-mosaico. En el espacio visual, estos signos locales coinciden con los elementos visuales de la retina, formando una malla que envuelve todas las cosas, y de la que depende la nitidez y el detalle de nuestra imagen visual (Uexküll 1957, 19-20). De acuerdo con la distribución peculiar de nuestro órgano táctil (la piel), cuando proyectamos fuera de las unidades sensoriales, éstos forman una “extensión” que nos rodea por completo, al igual que una pompa de jabón llena de signos locales (Uexküll n. D., 43-44). Por lo tanto, nuestro sentido interno de la ubicación se activa a través de dos sentidos externos, el tacto y la vista, y de esa manera se asocia con la cara de concreto de los objetos-es decir, la “figura” compuesto por numerosas localidades. Los vínculos entre cada señal local en la táctil y visual del mosaico del lugar-se realizan a través del espacio operacional. En él, llevamos a cabo nuestros movimientos diarios que siguen los pasos de dirección de acuerdo a las seis direcciones básicas mencionadas en el capítulo 1, y que podemos reconocer a través de la propiocepción o cinestesia que actúa como señales de dirección (Uexküll 1957, 14). El sentido de la dirección organiza éstos en tres planos intersectados perpendicularmente entre sí, formando un sistema de coordenadas centrado en la cabeza (Uexküll 1957, 15). Medidas de dirección son responsables de vincular entre sí todos los signos locales de nuestra “extensión” y también para guiar nuestros movimientos. Los estímulos que afectan al círculo de los impulsos no viene de las cosas naturales, pero a partir de los objetos de nuestra propia creación, que llevan la marca de las señales de dirección que imprimen en ellos. Esta correlación nos puede llevar a comprender la obra de arquitectura como el resultado de la reacción del motor “a gran escala.

El círculo funcional como la unión de los círculos sensoriales y de los impulsos

Cuando recibimos estímulos externos provenientes de las cosas, que al instante los marcan con señales de los receptores (es decir, la percepción), cerrando el círculo sensorial. Por el contrario, cuando recibimos estímulos internos provenientes de nuestro propio cuerpo, lo que se refiere a las sensaciones de la primera “circle’-marcamos las cosas con las señales efectoras (significado operacional), cerrando el círculo impulsos transformándolos en objetos. La unión de los dos se llama círculo funcional (Uexküll 1957, 9-10; º, 68) y describe las acciones que llevamos a cabo como consecuencia de tener una experiencia perceptiva del mundo. Esta es la actividad continua de la producción que los seres humanos, inevitablemente, tiene que llevar a cabo con el fin de ganarse la vida.

Se puede considerar entonces el trabajo humano como una forma particular del círculo funcional. Recordemos que Marx lo describió como un “metabolismo” relación con la naturaleza. Lo que está en juego a continuación, en el círculo funcional, si no una relación de este tipo? Podemos ver fácilmente que el trabajo se lleva a cabo principalmente en el espacio operativo como un conjunto de instrucciones que guían los pasos de dirección. Por lo tanto, la doble naturaleza del círculo funcional de su motor y perceptivo-aspectos deben ser considerados como la base biológica de toda la actividad productiva, y es en ese sentido que la producción de la obra arquitectónica se puede entender como una reacción química “de la proporciones grandiosas de los (Borchers 1975, 10). Mirado desde este punto de vista, los objetos aparecen no sólo como el resultado material de la actividad productiva, sino también como una proyección de las acciones coordinadas de trabajo social.

Trabajo y Valor

Hasta ahora, hemos considerado, desde el punto de vista biológico-la relación sujeto-objeto con gran detalle. En este punto es necesario que nos movamos en el análisis de las relaciones sociales implicadas en ella. Esto se hará para compensar la falta de dominio como en la evidente aproximación fenomenológica de Uexküll. Porque si algunos han etiquetado a su vez subjetiva en la biología como en gran parte neo-kantiana de carácter, otros han notado la “contextual” influencia de sus contemporáneos de Husserl y Frege (Chang 2004, 116, 119).

En cuanto a los objetos como realizaciones concretas de muchas cualidades útiles, que son el producto de una variedad interminable de los tipos de trabajo. Para Marx, los valores de uso debe ser, en consecuencia, los productos de trabajo útil, es decir de “actividad productiva de una determinada clase y se ejerce con un objetivo definido” (Marx 2011, 49). La heterogeneidad del trabajo concreto y útil corresponde a la de los objetos, por lo que la carpintería, corte y confección, tejido, la construcción, y así sucesivamente, producir sillas, abrigos, ropa de cama, los edificios: “lo que aparece objetivamente como la diversidad de los valores de uso, parece, cuando miró de forma dinámica, como la diversidad de las actividades que producen esos valores de uso “(Marx, 1859, 7).Pero una y la misma actividad puede producir muchos tipos diferentes de objetos. Un carpintero puede producir sillas, camas, o mesas, un constructor puede construir casas, fábricas, escuelas, etc. Esto es lo que Marx se refiere como la “división social del trabajo”-del que hablaremos en el próximo capítulo-como el conjunto heterogéneo de diferentes formas de trabajo útil realizado por separado, y que constituye la condición básica para la producción de mercancías (Marx, 2011, 49; Mohun 2001, 153-154). De acuerdo con Jameson, es el trabajo concreto y sus ramas y productos concretos que Marx considera como el ámbito de la calidad que está directamente relacionado con el cuerpo en su dimensión fenomenológica: “El valor de uso es por lo tanto, la calidad, sino que es la vida del cuerpo, de la experiencia existencial o fenomenológica, del consumo de productos físicos, sino también la textura misma del trabajo físico y el tiempo físico ” (Jameson, 2011, 19). Como se mencionó anteriormente, el uso y los valores en uso (objetos concretos) son por su naturaleza eventual, en particular, y cualitativo. Hemos visto también, cómo los objetos no puede ser reducido a un conjunto de sus cualidades sensoriales o ‘accidentes’ como Harman (2011, 24) con razón, reflexiona sobre el concepto de Husserl de Abschattungen. Sin embargo, aunque los objetos están a menos de estas propiedades sensoriales, no pueden existir sin ellos. Volveremos a esta cuestión fenomenológica en el objeto, pero primero tenemos que profundizar nuestra comprensión del proceso de abstracción del trabajo concreto a través de la parte abstracta de los objetos.

El trabajo abstracto como “abstracción real”

Si el trabajo siempre se presupone la colaboración entre los individuos con el fin de presentar los objetos en el primer lugar, ¿por qué lo consideran simplemente como una relación biológica entre un sujeto y su objeto? Si, por lo tanto, el trabajo es intrínsecamente social de empresa, por lo que consideramos hipotéticamente como una relación aislada entre un ser humano, sus herramientas, y la naturaleza? Esto nos lleva a la cuestión de la abstracción como método y la realidad. Porque incluso el propio Marx considera necesario excluir la dimensión social de la mano de obra por primera vez en el fin de analizar el proceso de trabajo en general, como una categoría común a todas las sociedades humanas de la historia.[2] Esto no fue un mero accidente, y aparte de que está llevando a cabo para la ‘causa de análisis “sugiere, como Ollman (1993, 26) explica, que la abstracción tiene al menos tres significados diferentes para Marx-no exclusivamente para él, sin embargo: 1) una enfermedad mental actividad que se subdivide el mundo en categorías conceptuales, 2) el resultado de esta actividad, o de una totalidad conceptual y sus partes, y 3) categorías mentales reduccionistas y aisladas que se convierten en la base de las ideologías y prácticas dominantes. Vamos a tener que agregar a esta lista un cuarto significado que tiene mayor relevancia para nuestra discusión: la de asbtraction real o concreto. Marx nunca utilizó este término, pero se da a entender thorughout sus últimos escritos. Otros pensadores han desarrollado este concepto desde el punto de vista del intercambio de mercancías (Sohn-Rethel 1978, 17) y el espacio como mercancía (Lefebvre 1991, de 27 años; Stanek 2008). Para Marx, entonces, a considerar el trabajo como una actividad general, independientemente de su ubicación en particular, las personas involucradas, y la época histórica, tiene el propósito de mostrar cómo este defintion abstracto de la mano de obra simple y medio sólo podría surgir en el marco de la sociedad burguesa:

(…) Esta abstracción del trabajo como tal no es más que el producto mental de una totalidad concreta de trabajos. La indiferencia hacia labores específicas corresponde a una forma de sociedad en la que los individuos pueden, con facilidad de transferencia de un trabajo a otro, y donde el tipo específico es una cuestión de suerte para ellos, por lo tanto, de la indiferencia. No sólo la categoría, el trabajo, pero la mano de obra, en realidad, aquí se ha convertido en el medio de crear riqueza en general, y ha dejado de ser orgánicamente vinculada con personas determinadas, en cualquier forma específica. Tal estado de cosas es en su forma más desarrollada de la forma más moderna de la existencia de la sociedad burguesa-en los Estados Unidos. Aquí, entonces, por primera vez, el punto de partida de la economía moderna, a saber, la abstracción del “trabajo” de la categoría, “mano de obra como tal”, pura y simple mano de obra, se hace realidad en la práctica.(Marx, 1973, 32-33)

Trabajo como “abstracción real” se produce sólo cuando la producción de mercancías es generalizada, en otras palabras, cuando el trabajo se convierte en una mercancía con un valor, un valor de uso y un valor de cambio. Esto sólo pudo haber ocurrido cuando el valor de a poco fueron surgiendo como la ley que regula la estructura económica de la sociedad. Bajo estas condiciones, el trabajo ya no es particular, sino universal, ya no concreto, pero abstracto es decir- gasto productivo de la energía humana en general. Las similitudes con esta definición de la mano de obra y el círculo funcional, están a la vista, con una excepción: sólo con Marx, el trabajo abstracto se convierte en la fuerza que actúa sobre la sociedad con efecto retroactivo, porque se define por su rol social, específicamente la determinación de valores y valores de cambio-, mientras que Uexküll se mantiene dentro del ámbito fenomenológico. No obstante, el círculo funcional describe un proceso real biológico común no sólo a los seres humanos, pero la mayoría de especies animales así. Para Uexküll, los objetos son el resultado de una exteriorización de nuestra estructura biológica subjetiva, mientras que para Marx, los objetos son el producto de una objetivación de nuestras actividades y propósitos específicos, los cuales a su vez, reflejan nuestras condiciones materiales de vida. Por lo tanto, el movimiento circular se afirma por tanto: desde el mundo exterior a nuestro cerebro y luego de vuelta al mundo, cambiando continuamente y cambiarnos a nosotros mismos en el proceso. Marx lo describe de la siguiente manera:

En el proceso de trabajo, por lo tanto, la actividad del hombre, con la ayuda de los instrumentos de trabajo, los efectos de una alteración, diseñado desde el comienzo, en el material trabajado sobre. El proceso desaparece en el producto, éste es un valor de uso, el material de la naturaleza adaptadas por un cambio de forma para las necesidades del hombre. Trabajo se ha incorporado con su tema: el primero se materializa, este último transformado. Lo que en el obrero apareció como movimiento, aparece ahora en el producto como una calidad fija sin movimiento. Las forjas de herrero y el producto es una falsificación. (2011, 201)

Actividades en coordinación con un objetivo claro a ser “incorporado” en el objeto producido, pero como ya hemos visto que ambas acciones y el resultado tiene que pre-existen en la mente del trabajador. Sin embargo, el objeto resultante está lejos de ser “estático”, ya que debe servir a las acciones posteriores que se consumen, por otro lado, también puede servir para este fin por volver a entrar en el proceso de producción como medio o herramienta. La estructura de estas acciones debe ser señalado en el objeto. Estos dos efectos hacen que los objetos los valores en uso, y en ese sentido que se definen por las condiciones particulares y los objetivos con los que se producen, son de hormigón objetos útiles que resultan de trabajo útil concreto. Pero si los objetos se producen para ser intercambiado con otros objetos, lo único que importa es la cantidad de medio de trabajo-energía necesaria para su producción, para que puedan ser comparados entre sí. Paradójicamente, el tiempo de trabajo-y las acciones ejercidas en ese momento-que mide la cantidad que se rige por los productos de esa misma mano de obra, es decir, por su relación con el valor (Marx 2011, 86). Son, por tanto, abstractos objetos sociales que se derivan del trabajo social igualmente abstracta.

Promedio de tiempo de trabajo social y el disciplinamiento de la mano de obra

La naturaleza misteriosa de la definición del valor de Marx reside en su «inmaterial-todavía-social-objetivo del personaje: para los productos básicos que tienen los medios de valor que cuentan sólo como ‘congelations homogéneos de trabajo indiferenciado” (Marx 2011, 52). Marx utilizó términos como ‘congelación’, ‘cristalización’ y ‘objetivación’ alternativamente para ilustrar cómo el trabajo concreto y su producto se extrajeron como valores en el intercambio de mercancías, y cómo esto no es “una ilusión meramente subjetiva o capricho individual, sino más bien una social, De hecho, una realidad social descuidamos a nuestro propio riesgo “(Jameson, 2011, 26). El valor-trabajo incorporado en los productos básicos, entonces, tiene una existencia puramente social, despojado de cualquier cualidad particular. Aquí, el objeto cuenta sólo como la subyacente estructura temporal de la actividad de trabajo y no como una cosa material útil. Por lo tanto, el objeto ya no es una silla concreta, sino un conjunto de instrucciones distendidos en el tiempo, e indispensable para construir cualquier silla en una determinada cantidad de tiempo, este último en última instancia determinada por lo que la sociedad requiere, como «socialmente necesario». Por otra parte, como objeto abstracto, el presidente también representa un conjunto de instrucciones de uso que, ya sea de manera productiva (medios de producción) o improductivamente (medios de subsistencia). ¿Qué tipo de acciones, entonces, determinar la naturaleza de estos objetos?

La Doble Dimensión de los Actos Humanos

El problema que enfrentamos ahora es cómo especificar los tipos de acciones llevadas a cabo durante el proceso de trabajo, y cuál es su relación con los objetos arquitectónicos. Para nuestro análisis comparativo de las teorías de Uexküll y Marx plantea la cuestión, una vez más, de lo universal y lo particular. El enfoque biológico y fenomenal del círculo funcional es claramente un proceso universal, común a todos los seres humanos. Pero también es un compromiso concreto fenomenal entre un sujeto y su objeto. Del mismo modo, la premisa social de valor implica a la vez, un proceso productivo concreto, y una homogeneización abstracta de todas las diferencias cualitativas entre las actividades laborales. Por lo tanto, no sólo los objetos están presos entre estos dos polos, sino también las acciones que conllevan. En lo que sigue, voy a sugerir que podría ser que los objetos, a causa de su abstracción, son el terreno crucial donde la mercantilización ha tenido lugar en un nivel espacial, con el advenimiento del capitalismo.

Trabajo de tiempo es de una magnitud cuantitativa, y como tal, completamente no-espacial, así como las sensaciones que se forman en el cerebro y proyectar sobre los objetos externos. Cuando se realiza el trabajo, las acciones humanas son tan variadas como la división social del trabajo. Durante este proceso, las acciones deben ser planificadas con antelación y realizarse de forma coordinada que asegure la realización de los fines perseguidos desde el principio, pues no sólo los efectos del hombre un cambio de forma en el material sobre el que trabaja, pero se da cuenta también una finalidad propia, que da la ley a su modus operandi, ya la que debe subordinar su voluntad ” (Marx, 2011, 198). Por lo tanto, las acciones están reguladas por nuestra voluntad. Movimientos libres y espontáneas son sometidos a continuación, a una estructura temporal-direccional de las normas e instrucciones establecidas de antemano. Incluso puede sugerir que este es el caso, no sólo en el proceso de trabajo, pero en la sociedad en su conjunto. Al igual que las reglas de los deportes y juegos, por ejemplo, las actividades humanas están reguladas por los objetos sociales, que están incorporadas en todas las cosas que tienen valor en uso para nosotros. Esta estructura social de la actividad del, por lo tanto, todos los movimientos humanos, el trabajo de ser el caso más evidente y relevante.

Hay un concepto dentro de la teoría arquitectónica que podría explicar cómo las cosas se convierten en objetos, y cómo éstos a su vez regulan nuestras acciones: el concepto de acto humano. Lamentablemente, hasta ahora, ha sido escasamente formulado, pero se espera que puedan seguirle la pista y la reconstrucción de algunas de las contribuciones pertinentes. Dicho en términos simples, un acto humano es “la estructura abstracta de la acción” (De la Cruz 2000, 139). En contraste con las nociones de uso, acción, actividad, y la función, voy a sugerir que los actos humanos tienen un carácter abstracto y sustancial en la arquitectura. Por lo tanto, primero tenemos que distinguir claramente este concepto a partir de estos conceptos aparentemente similares. Como sabemos, estas fueron desarrolladas dentro del Movimiento Moderno, y representó un intento de encontrar la base objetiva de la arquitectura. No obstante, de acuerdo con Lefebvre (1991, 144, 273, 369) y Adorno (1997), Por ejemplo, la función no era más que una abstracción de uso real, y en última instancia, sirve como base para la ‘taylorización’ de la arquitectura. Por otra parte, los movimientos corporales y acciones simples que realizamos para usar algo que no puede ser considerada como importante, ya que varían de acuerdo a la situación concreta en que se llevará a cabo. Podemos nadar en diversas maneras y con diversas técnicas, pero el acto de la natación, junto con sus reglas básicas, subyace en todas las variaciones posibles. Las similitudes con el concepto de objeto son evidentes. Sin embargo, los problemas surgen en cuanto nos dejan ejemplos sobre la base de las prácticas institucionalizadas, como el deporte y avanzar hacia las prácticas cotidianas, como el trabajo y la vivienda.

El acto humano como la estructura abstracta de las acciones

Dos de los pioneros en elevar el concepto de acto humano fueron Juan Borchers y Alberto Cruz, ambos teóricos de renombre en Chile y arquitectos de los años 1950 y 1960. Este último tenía su propia visión de lo que él llamó “acto arquitectónico”, y que estaba más cerca de una noción de los actos creativos de experimentación en un esfuerzo conjunto entre la arquitectura y la poesía (Cruz 2005; Pérez Oyarzun 1997, 12-14; 2010 , 3-4). Esta definición lo lleva lejos del significado que llevan a cabo actualmente. Por otro lado, hemos notado la gran influencia Uexküll y Van der Laan se reproduce en la teoría de Borchers, y estos sin duda fueron sus principales fuentes para proponer el acto humano como el elemento sustancial y específica de la arquitectura. Otros intentos para especificar este ámbito se han hecho difícil de alcanzar, por ejemplo, de Bernard Tschumi, con su concepto de ‘eventos’ (1996, 139-149, 1994, 10, XXI). Su enfoque, aunque altamente experimental, carece de rigor empírico y termina refugiándose en una analogía entre la narrativa literaria y la arquitectura. Por el contrario, por Borchers, los actos no son una cuestión de analogías, sino una relación real y mensurable entre el cuerpo humano y la obra arquitectónica:

El acto es la unidad más simple en la arquitectura, es el elemento, como el color en la pintura y el sonido en la música.

Un acto contiene un número de impulsos que son concatenados acciones cristalizadas en las cosas, que son el portador perceptible de objetos.

Una pared es un obstáculo para el camino. Una escalera facilita el ascenso y descenso (…) Son las acciones inmovilizadas. (Borchers, citado por De la Cruz 2000, 136)

El contexto de estas ideas tiene que ver con el intento de Borchers para definir la especificidad de la disciplina de la arquitectura, separándolo de los demás, y la conduce hacia su autonomía (Borchers 1968, 41, 118-122, 145; Pérez Oyarzun de 1997, 11 ). A través de una crítica radical de la tendencia visual y sensorial del Movimiento Moderno, que se considere necesario para identificar el sentido específico en torno al cual la arquitectura debe estar centrado, al igual que la pintura es a la vista, la escultura en el tacto, o la música en la audición (1968, 101, 118). También fue muy crítico tanto de la práctica profesional de la arquitectura y el mundo académico durante los años 1950. En consecuencia, propuso a la arquitectura de base en un nuevo sentido: la totalidad del cuerpo humano tomado como un gran órgano (1968, 118, 169), de tal manera que la arquitectura sea capaz de trascender una mera organización estética de las sensaciones (1968, 116) . Al principio, esto puede parecer como un hecho obvio, pero su propuesta crece en complejidad: para todo el cuerpo para ser la base de la arquitectura significa que este último no tiene ningún sentido privilegiado o específica a la cual apelar. El hecho de que hasta ese momento nadie había identificado este sentido específico fue una de las razones por las que, según él, la arquitectura estaba en un estado confuso e indeterminado, paradójicamente, en busca de su propia especificidad, en otros campos del conocimiento (1968, 101). Aunque el alcance y la profundidad de la teoría de Borchers excede la exposición actual, es importante contextualizar, aunque sea brevemente, su concepto de la ley, que se basa en la búsqueda de los órganos específicos del cerebro que son responsables de nuestra percepción y las respuestas corporales el mundo exterior.

Uexküll también trató de identificar, dentro del cerebro, los órganos centrales. Él encontró un receptor central o de órganos percepción (Merkrorgan) capaz de unificar el contenido de las sensaciones de los círculos sensoriales para formar nuestra Merkwelt. Él lo llamó apercepción o de plástico órgano de toma de la primera de Kant (Uexküll n. D., 57-58). Pero nunca se especifica que el motor parte del cerebro responsable de dar nexo con sensaciones de orden procedentes de los círculos de impulsos, para formar nuestra Wirkwelt. Este órgano central efector o acción (Wirkorgan) lo llamó la voluntad del órgano, pero aparte de su vinculación a un “órgano de la memoria ‘que almacena las” reglas del movimiento “, que sin duda dejó indeterminada (sd, 140). Sin embargo, él desarrolló una teoría biológica completa (Uexküll 2010) que sirvió de base para desarrollos posteriores de la biosemiótica, y en el que reconoce la importancia central de las respuestas activas de hombre y el animal hacia el mundo: los organismos vivos, especialmente de los animales, pueden realizar acciones que no son simples efectos de propiedades particulares, pero que gracias a un plan constructivo uniforme, son verdaderos actos “(sf, 65). Borchers tomó y desarrolló estos conceptos al ver como la única forma de decantar la arquitectura ‘hacia su base radical “(1968, 119). Ya hemos mencionado que, para él, los objetos abstractos son la sustancia de la arquitectura, y que también está vinculada esta afirmación a la aproximación fenomenológica de Husserl. Después de Uexküll entonces, se define la voluntad de nuestro órgano como “el centro de actividad permanente y espontánea que pone en movimiento los órganos imperativas de acciones y cuyas reglas se almacenan en un órgano de la memoria que conserva las reglas de movimiento” (1968, 120), y los impulsos como “algunas sugerencias de la voluntad que sirven para la ejecución de determinados movimientos coordinados de los músculos (1968, 147).

Todo el proceso del círculo funcional, que comienza con una percepción provocada por el órgano-y el plástico termina con una acción iniciada por el. Se orga-es conceptualizado por Borchers como la base de los actos humanos Sin embargo, se centra en el círculo de los impulsos y el órgano se ve como una “necesidad de conexión a tierra la arquitectura como un fenómeno de la voluntad y no como un fenómeno de los sentidos ‘(1968, 118). La particularidad de este argumento es que al centrarse en la voluntad que va más allá de la noción de que la obra arquitectónica que nos afecta exclusivamente a una sensual-emocional-y en última instancia meramente subjetiva o psicológica de nivel. Por el contrario, lo que implica es que la arquitectura es en sí mismo el producto de nuestra “voluntad objetivada ‘nuestros’-acciones cristalizadas.[3] Por lo tanto, si los actos humanos constituyen el elemento fundamental con el que el arquitecto (como figura en general) pueden constituir su objeto-es decir, la obra arquitectónica entendida como una concatenación de múltiples objetos, entonces, no son nada más que su subjetiva pondrá fuera de él en forma de ‘acciones’ congelada. Dicho sin rodeos, los actos son “cristalizaciones de la voluntad ‘ (Borchers 1968, 171), Son la ‘petrificado’ estructura de las acciones que constituyen los objetos. Es difícil ver con claridad la diferencia entre ambos actos y objetos, como él mismo Borchers usarlos alternativamente, pero por ahora creo que el punto está bastante claro.

Los actos humanos como la estructura abstracta de la actividad (relaciones sociales)

Como podemos ver, las similitudes con la terminología de Marx por lo menos sorprendente. Permítanme sugerir que, al señalar este paralelismo, dos definiciones distintas del acto humano surgen: 1) la estructura abstracta de la actividad, que es la base y regula nuestra otra manera “espontánea” acciones-por ejemplo, matrimonio / casarse, la cena / comer, el trabajo / trabajar, y así sucesivamente. 2) acciones unitarias cristalizadas o inmovilizado, que se mantienen en un “latente” estado dentro de los objetos concretos-por ejemplo: entrada / para entrar, corredor / a caminar, escaleras / ir hacia arriba o abajo, y así sucesivamente. La primera definición tiene básicamente un carácter social y lo inmaterial, mientras que el segundo es en esencia arquitectónica, aunque estos últimos ejemplos no deben ser entendidos como objetos materiales, sino como signos elementales temporales y direccionales. En ambos casos podemos distinguir claramente acto de la acción: el primero es siempre un sustantivo, mientras que el segundo, un verbo.

Los actos humanos como acciones cristalizadas (arquitectura)

Ahora podemos clarificar las implicaciones de la teoría del acto de la teoría del valor y viceversa, con el objetivo de determinar los motivos de la relación entre la obra de la arquitectura y el desarrollo del capital. Esta última categoría aún no se ha presentado, ya que su complejidad y las implicaciones históricas necesario profundizar en los siguientes capítulos. ¿Cuáles son, entonces, los aspectos comunes de estos conceptos, uno perteneciente a la arquitectura y el otro a la teoría social y la economía? El proceso de “objetivación” parece ser la primera categoría compartida. Por un lado, el trabajo real se encarna en las materias primas, gracias a su abstracción en unidades de tiempo medio: nuestra práctica concreta de lo que una silla se convierte en una medida cuantitativa, su valor, por lo que pueden vender (cambio) en el mercado. Por otro lado, las acciones reales se convierten en lo que se materializó en “contener” como objetos genéricos: nuestro esquema mental de lo que hace que una silla se convierte en acciones corporales que realmente construir una silla concreta que “contiene” ese esquema general, mismo que es común para todas las sillas particulares. Como podemos ver, tenemos que tener cuidado, porque «objetivación» juega un papel diferente en cada uno de estos ejemplos. En el primero, significa que una actividad concreta se convierte en una medida abstracta (tiempo), que es social, ya que designa un valor de intercambio con otros productos. En el segundo, significa que una actividad concreta se convierte en un esquema abstracto que también es social, pero permanece en el reino de los valores en uso y, por tanto, se ‘activa’ cada vez que nos comprometemos con un objeto. En consecuencia, la abstracción del valor no tiene consecuencias espaciales en sí mismo: un cambio puede ocurrir en cualquier lugar en cualquier momento, en la actualidad, incluso sin necesidad de presencia física. Por el contrario, aunque los actos no son espaciales esquemas, que siempre están relacionados con un componente espacial: para bajar las escaleras, o caminar por un pasillo, sólo se necesita saber de nuestra partida, parada y los puntos de llegada, es decir, las relaciones conectivo que necesitamos para moverse, la figura espacial de la escalera o el pasillo son secundarios, al igual que un mapa de tránsito en el que lo único que cuenta son las líneas de conexión, independientemente de la forma actual, la escala, o la distancia. Borchers entendido esto, y por eso pensó en actos como las cifras de tiempo y espacio de conexión en lugar de (1968, 173). Se basó en la teoría de grafos y topología con el fin de ‘medir’, y lo llevan a la conclusión de que “en un acto, hay un potencial de energía cinética” (citado por De la Cruz 2000, 137), de ahí su definición de la arquitectura como ‘Física hizo carne »(1968, 173).

¿Cómo es posible que el reino inmaterial de las relaciones de valor llega a dominar la esfera material de los valores de uso? Es evidente que, sobre la base de su valor social, es decir la objetividad en su realización en los mismos valores de uso. Por lo tanto, Marx se refiere a las materias primas como “las cosas sociales, cuyas cualidades son al mismo tiempo, perceptibles e imperceptibles por los sentidos ‘y, a continuación, añade que” en la misma forma que la luz de un objeto es percibido por nosotros, no como la excitación subjetiva de nuestra nervio óptico, sino como la forma objetiva de algo que está fuera del propio ojo “(2011, 83). Esta es una comparación muy interesante, por Uexküll, se preguntó algo similar cuando se trata de desentrañar cómo somos capaces de reconocer los objetos:

¿Cómo nos las arreglamos para ver sentado en una silla, beber en una taza, la escalada en una escalera, ninguno de los cuales se les da la percepción? En todos los objetos que hemos aprendido a usar, podemos ver la función que llevamos a cabo con ellos con tanta seguridad como vemos su forma o color. (1957, 48)

Tenemos, por tanto, que ambos productos (como valores) y los objetos son imperceptibles a nuestros sentidos externos, sin embargo, «perceptible», en el caso de los objetos, a nuestros sentidos internos que perciben Uexküll el “significado operativo” describe en su ejemplo. Esto no es más que la activación de nuestra memoria corporal, que de inmediato se despliega las reglas necesarias de coordinación de movimiento, e incluso la creación de nuevas reglas si es necesario, como cuando aprendió a andar en bicicleta con ruedas de entrenamiento, y luego de hacerlo sin ellos. Con los valores de las materias primas qua no es tan simple: ya que sólo se hacen conscientes de su poder con carácter retroactivo para regular nuestras relaciones sociales, cuando los cambiamos en el mercado. Por lo tanto la noción de Marx del fetichismo de la mercancía que se refiere a la naturaleza desconcertante de la esfera del intercambio (el mercado) en el que, por así decirlo, las relaciones sociales concretas entre los productores se convierten en eclipsado y aparecen como propiedades de los productos mismos (Marx 2011, 83 ; Fine 2001). Esto plantea la posibilidad de que los objetos y actos, elementos fundamentales para la arquitectura, se han convertido en mercancía a través del tiempo de tal manera, que es casi imposible distinguir un sustrato no mercantilizado en su interior. Los movimientos regulados y coordinados que aprendemos a través de nuestra vida son, por supuesto, socialmente instituido y conectado a tierra biológicamente, por lo que, al igual que hay un trabajo socialmente necesario tiempo, lo que se oculta de nosotros a través del intercambio, no es una conducta socialmente instituido, lo que está representado por los actos humanos escondidos dentro de todos los objetos, incluidos los objetos arquitectónicos. Tan pronto como estas dimensiones dobles se entrelaza, tenemos que la arquitectura se convierte en otro “instrumento” para disciplinar a nuestros movimientos para adaptarse al ritmo de la ley del valor, que busca disminuir el tiempo de trabajo tanto como sea posible y así acortar el ciclo de producción y la expansión de sí mismo. Como hemos mencionado, esto no es exclusivamente a las actividades laborales, pero vamos a ver cómo una definición más amplia de la noción de producción nos permite ver cómo todas las actividades humanas están implicados directa o indirectamente en la producción social de valor.

Palabras de cierre

El camino que hemos recorrido en estos tres capítulos nos ha llevado a través de un progresivo desarrollo de muchos conceptos. Hemos comenzado con la contradicción y la unidad orgánica entre la naturaleza y el hombre, en el que se define el cuerpo pasivo como orgánicamente vinculado a la primera, y el trabajo del cuerpo activo como la posibilidad de que la superación de esta contradicción a través del mundo humano creado por la arquitectura. A continuación, nos adentramos en la definición de la orden específico en el que la arquitectura de tierra, distinguir las cosas de los objetos dentro de un enfoque biológico y fenomenológico. Por último, nos centramos en el ámbito de la actividad humana productiva para comprender la base de la relación entre los actos humanos y el valor. En los siguientes capítulos vamos a extendernos en este tema desde un punto de vista histórico, el cual tratará de explicar la naturaleza y el destino de la arquitectura en las sociedades capitalistas, y las posibilidades de transformaciones radicales.

Notas


[1] This title is taken from Section 3, Chapter 3 of Jorge de la Cruz’s Master dissertation (De la Cruz 2000, 148).

[2] ‘[In] The labour-process, resolved as above into its simple elementary factors (…) was, therefore, not necessary to represent our labourer in connexion with other labourers; man and his labour on one side, Nature and its materials on the other, sufficed.’ (Marx 2011, 205)

[3] We must bear in mind that Borchers uses a specific definition of will taken mostly from Schopenhauer and his critique of the causality between will and action, which he claim were one and the same thing. See: (Cartwright 2005, 181-182; 15-17), and (Schopenhauer 1969, 100).

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