La Producción Social de la Arquitectura (Borrador)

*Este ensayo fue traducido electrónicamente desde el inglés.
Nota: Este es el borrador del Capítulo 4. Tuve que posponer la conclusión ya que necesito para entrar en el capítulo 5.

Por Patricio De Stefani

Diagrama conceptual del Capítulo 4

La Arquitectura como Medio de Producción

Para establecer el papel de la arquitectura dentro del capitalismo como un sistema es la difícil tarea que tenemos por delante en esta sección. Si las hipótesis descritas en la primera un son válidas, entonces este problema no podría haber sido dirigida directamente desde el principio. Para nuestra preocupación no es sólo la determinación de distintos tipos de relaciones entre la arquitectura y el capital, sino para demostrar su interdependencia interna y estructural, de tal manera, que la posibilidad de romper con la que podría ser eficaz-y no mera retórica. Por lo tanto, sólo a partir de nuestro análisis de las categorías más elementales relativos a la sustancia de la arquitectura (objetos) y el capital (valor), ahora podemos empezar a construir en la complejidad del análisis histórico de los estudios de casos concretos. En este capítulo vamos a aclarar y ampliar los conceptos básicos que serán presentadas en dicho análisis, teniendo en cuenta que por primera vez en su forma general-es decir, independiente del modo de producción capitalista. Que son el resultado de la cadena de las categorías desarrolladas en la parte anterior, en el que se estableció la importancia de la actividad humana como una mediación fundamental entre el mundo objetivo humano (en una segunda naturaleza) y la vida social que tiene lugar en él y lo produce. De este modo, las contradicciones entre la naturaleza y el hombre, natural y artificial, las cosas y los objetos de uso y de cambio, los objetos y valores, concreto y lo abstracto, sujeto y objeto, apenas se puede entender sin la mediación de las acciones sociales de humanos.

En cuanto a la distinción entre el acto humano y la acción humana, por ejemplo, tanto Lefebvre y de Certeau reconoce-al menos implícitamente-como diferencia. El primero de su ‘ritmo-análisis “, y el segundo de su concepto de” práctica cotidiana “. Lefebvre utiliza, por ejemplo, el sistema gestual para referirse a las acciones rítmicos como “la base de las normas rituales (y por lo tanto codificada)” (1991, 214). Por su parte, De Certeau habla de las prácticas cotidianas como los conjuntos de procedimientos ‘y’ esquemas de operación y de las manipulaciones técnicas “(1984, 43), también la distinción entre las estrategias abstractas (prácticas codificadas) y tácticas (formas de apropiación creativa de esos códigos) más o menos coincide con la que existe entre los actos y acciones (De Certeau 1984, 35-39).

Concepto de Lefebvre de ritmo es especialmente relevante, ya que no sólo se relaciona con el “ritmo” del cuerpo humano y sus ritmos biológicos o cíclico, pero lo más importante de la “colonización” de ellos por las repeticiones artificiales y lineal de la mano de obra, a saber: : ritmos sociales (Lefebvre 2004, 8). Según él, la idea de un rhythmanalysis y la “producción de tiempo social” estaba destinado a poner ‘toques de la clave de su teoría de la “producción del espacio” (1991, 405). Los ritmos son “las relaciones secuenciales en el espacio (…) una relación entre el espacio y el tiempo ‘ (Lefebvre 1991, 206), O más precisamente una “interacción entre un lugar, un tiempo y un gasto de energía” (Lefebvre 2004, 15). Lefebvre es muy enfático en señalar que no hay ritmo sin repetición y la diferencia, y lo más importante, sin medida, y no sólo esto: ya que muestran una relación espacio-temporal, que es una “medida-medida ‘-como’ árboles anillo de citas “o una línea de montaje en fábrica (2004, viii, 8, 1991, 175). También trató de demostrar cómo esta noción del ritmo podría traer la búsqueda de Marx de las relaciones sociales escondidos en los productos básicos a su expresión límite.

Los ritmos del cuerpo humano están directamente relacionados con sus capacidades fisiológicas, por lo tanto, con su fuerza de trabajo. Como vimos anteriormente, la capacidad para llevar a cabo la actividad productiva es uno de los tres factores básicos de la mano de obra-proceso-de trabajo, instrumentos y materias primas. Estos apuntan hacia diferentes dimensiones: la actividad del trabajador, junto con su ritmo, es la fuerza motriz de la producción, los instrumentos y la tecnología son una extensión de esta fuerza, y las materias primas son objeto trabaja y transforma en productos. Estos dos últimos forman los medios de producción-es decir, condiciones necesarias para la puesta en marcha del proceso de (Marx, 2011, 200-201). Instrumentos tales como herramientas de mano, máquinas, computadoras, y similares, sirven directamente en el proceso de producción, mientras que otro tipo de instrumentos no-a menudo se piensa como tal, se utilizan indirectamente como el escenario en que todo el proceso se lleva a cabo, y cuya pre -condición es la existencia de la naturaleza como tales:

Una vez más nos encontramos con que la tierra es un instrumento universal de este tipo, ya que proporciona una legitimación activa para el trabajador y un campo de empleo para su actividad. Entre los instrumentos que son el resultado del trabajo anterior y también pertenecen a esta clase, nos encontramos con talleres, canales, caminos, etc. (Marx, 2011, 201)

Arquitectura cae, entonces, dentro de esta categoría general. ¿Se limita sólo a las fábricas y los almacenes? No. Obviamente, el trabajo productivo-trabajo que produce valores de uso-no sucede sólo en las fábricas, oficinas e instalaciones de todo tipo deben ser incluidos. Sin embargo, el papel que desempeña la arquitectura como medio de producción es mucho más amplio. La arquitectura es al mismo tiempo un medio de subsistencia y de producción, incluso si no sirve a este último propósito, directamente, por ejemplo, como los medios de reproducción de la fuerza laboral en materia de vivienda, los asentamientos, por tanto, la fuerza de trabajo. En este sentido, Lefebvre ampliado el concepto de Marx de la producción para incluir no solamente las cosas en el espacio, pero el espacio mismo como el más general de los productos humanos (Lefebvre 1991: 219), Y ya que los productos también pueden ser medios o instrumentos, el espacio es también el “más general de las herramientas” (1991, 289).

Antes de que podamos continuar, tenemos que aclarar dos conceptos estrechamente vinculados que se han fluyen a través de esta exposición: el espacio y la producción. Este no es el lugar para dar una explicación completa de estas nociones complejas, sino de señalar algunas de sus características básicas desarrolladas por las teorías críticas sobre la materia (véase Lefebvre 1991; Morales, 1969; Suárez 1986) y así evitar posibles malentendidos. Vamos a afinar estos a medida que avanzamos a través de la discusión. Lo primero que llama la atención sobre el concepto de Lefebvre del espacio es su inseparabilidad de la producción: el espacio es siempre un producto social, por lo que, paradójicamente, “el concepto de espacio no es en el espacio” (Lefebvre 1991, 299). El espacio como una abstracción vacía y homogénea, como vacío neutro o volumen, por lo tanto es reemplazada por la noción de espacio social. Este carácter social que le da un papel fundamental dentro de la sociedad: no sólo es socialmente producido, sino una condición básica para que la producción “, a la vez consecuencia y causa, producto y productor de ‘ (Lefebvre 1991, 142), Por lo que ‘no puede ser reducida al rango de un simple objeto ” (Lefebvre 1991, 73). Si la producción es lo que da la noción de espacio de su significado social, la actividad productiva a continuación, en sí, es decir, la práctica social del trabajo, está en el centro de la comprensión del espacio social. Una vez más nos encontramos con que la praxis humana constituye el lugar y la raíz de nuestro entorno humano objetivo. Para Lefebvre es evidente que esta práctica va más allá de la mano de obra, para incluir cualquier gasto de energía que efectúa un cambio en el mundo (1991, 179). En consecuencia, la producción goza al mismo tiempo una amplia y un sentido restrictivo. Siguiendo el concepto de Hegel a Marx y Engels, Lefebvre señala cómo funciona poseen una universalidad aún mayor de mano de obra abstracta que, ya que fue considerado por los economistas políticos clásicos. Sin embargo, al mismo tiempo, se trata de un concepto concreto, ya que sólo tiene sentido la medida en que le pedimos “que produce” y “cómo se produce”: se trata de una abstracción concreta (1991, 69). Para evitar reducirla a su pura “economicista” sentido o diluirlo en general, la producción de ideas, símbolos, discursos, o cualquier cosa para esa materia-Lefebvre se remonta a la praxis y de su “racionalidad inmanente” (1991, 71). La producción va más allá de la fabricación de materiales, pero no caer en el campo indeterminado de conocimiento, sino para incluir la producción y reproducción de las relaciones sociales (Fine 2001, 448). Así, tanto en el espacio y la producción de alcanzar su pleno sentido sólo en relación con una práctica social.

Práctica conlleva inevitablemente las relaciones sociales entre los individuos y la naturaleza (las cosas), los individuos y los instrumentos (objetos), entre los propios individuos y entre grupos de individuos. Hemos visto que de estas relaciones hay un tipo que tiene la primacía sobre todos los demás (Harman 1998, 15): Estas son las relaciones con la naturaleza (a través de trabajo social), ya que sólo mediante la producción de un mundo humano de la naturaleza que son capaces de sobrevivir dentro de ella. Por lo tanto, las relaciones con la naturaleza-que se especifica en el primer capítulo de un punto de vista biológico, son, de hecho, las relaciones sociales de producción (Lefebvre 1971, 62-63). Las relaciones de producción son las relaciones en las que los hombres necesariamente se involucren en el proceso de producción (Marx, 1859, 4; Walker y Gray 2007, 256). Éstos se pueden entender como las relaciones técnicas (personas a las cosas-objetos, a otros individuos, o bien a un grupo) o como las relaciones económicas (entre grupos de individuos), y su función principal es reunir a los trabajadores y sus medios de producción ( las fuerzas productivas) en una determinada organización con el fin de producir sus medios de subsistencia(Shaw, 2001, 235). Para Marx, estas relaciones surgen de acuerdo con el desarrollo de la sociedad las fuerzas productivas tiene a su disposición en un momento dado de la historia-es decir, mejoras en las técnicas y la organización del proceso laboral, así como la producción de nuevos instrumentos y tecnologías. Cazadores-recolectores relaciones de producción, por ejemplo, estaban limitados por su propia organización y medios de trabajo-es decir, bandas nómadas y herramientas rudimentarias. Si sus fuerzas productivas hubiera sido más avanzada, de inmediato se han cambiado las relaciones sociales en sentido amplio (Harman 1998, 17). Esto es lo que se conoce en la teoría marxista como “materialista” concepción de la historia, que ya hemos introducido como un método relevante para la arquitectura (ver revisión de la literatura). Contrariamente a sus críticos (no marxistas, así como los marxistas), no es una teoría determinista crudo que reduce todo a la realidad material, sino que pone la práctica social en su núcleo: es ‘¿No es el resumen de la materia, sino el concreto de la praxis social la verdad de la teoría materialista (Schmidt 1977, 36). De acuerdo con Marx, entonces, la prioridad de las fuerzas y relaciones de producción con respecto a otras relaciones sociales, los convierten en la ‘base real’ sobre la que descansan todas las demás relaciones sociales (1859, 3). Por lo tanto, la arquitectura y, más en general el espacio social, disfrutar de un lugar privilegiado dentro de lo que se ha llamado desde la base económica de la sociedad, en particular, como una de las fuerzas de producción (Lefebvre 1991, 349; Cohen 2000, 51). Como se indica en la Introducción, la UNCTAD III, la construcción será analizada principalmente desde esta perspectiva materialista, poniendo el énfasis en su estructura económica subyacente en el contexto particular de la década de 1970 la sociedad chilena (véase el capítulo 5).

La Arquitectura como Ideología Objetiva

Si la estructura económica de cualquier sociedad está compuesta por las fuerzas que producen la vida material y las relaciones sociales tal proceso conlleva, ¿cuáles son entonces, las otras relaciones sociales que se derivan de ello? Todas aquellas actividades que no están directamente involucrados en el proceso de producción, sin embargo relacionado con él-están, por así decirlo, “construido” sobre ella. Esto incluye las relaciones políticas, jurídicas, religiosas, culturales e ideológicas en general. Marx famoso resumen las premisas de este argumento afirmando que «el modo de producción de la vida material condiciona el proceso general de la vida social, política e intelectual. No es la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino su existencia social la que determina su conciencia “(1859, 4). Este pasaje allana el camino para la reivindicación de un conflicto fundamental e inevitable entre la base económica y la superestructura “ideológica”[1] que se eleva sobre ella, conduciendo finalmente a un proceso de revolución social. ¿Cuál es el estado de la arquitectura en este esquema? Para responder a esta pregunta tenemos que abordar la complejidad del argumento de Marx. Por lo que está en juego no es simplemente una teoría de la estructura general de la sociedad, sino una teoría de la dinámica del cambio social. Como Marx lo pone:

En una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o-esto simplemente expresa lo mismo en términos legales, con las relaciones de propiedad dentro de los cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Entonces comienza una era de revolución social. Los cambios en la base económica, tarde o temprano a la transformación de toda la inmensa superestructura erigida. (1859, 4)

Según Harman, lo que está implícito aquí es más que una distinción simple entre base y superestructura. La asimetría es doble: entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes, así como entre éstas y las relaciones «superada» de la producción establecida y controlada por las relaciones sociales superestructurales o no económica (Harman 1998, 26, 28). Hemos definido las relaciones económicas de producción como una relación entre grupos de personas. Al principio, estos grupos se definen por su relación con el producto excedente, y surgen en un momento determinado en el desarrollo de las fuerzas productivas, como la división social del trabajo crece en complejidad. Siguiendo a Marx, Harman (1998, 19, 1998, 13) afirma que en una etapa temprana en cualquier formación social, la explotación de un grupo sobre otro es una condición básica para el avance de las fuerzas productivas. Esto significa que, dado un exceso de producción de baja por encima de lo que se necesita para la supervivencia, la única manera de desarrollar las fuerzas productivas es que si un grupo social se apropia de ese excedente y la utiliza para sus propios intereses en lugar de distribuirlo entre el resto de la población – en cuyo caso no sería no entrada excedente suficiente para desarrollar la producción. Tras el paso de cazadores-recolectores a las sociedades agrícolas, la explotación de estos grupos se originó el primer lugar entre los sectores de la población que forjó nuevas relaciones de producción-como la agricultura y el comercio o se retiró del trabajo material. Pero esto sólo podría haber ocurrido si las mejoras en las fuerzas productivas ya estaban en marcha. Harman da cuenta de que Marx es enfático en señalar que “las relaciones de producción” corresponden “a las fuerzas de producción, no al revés” (Harman 1998, 26) -Y esto significa que las fuerzas productivas son siempre más “dinámico” de las relaciones que implican (1998, 26). ¿Por qué? Debido a que el objetivo fundamental de los individuos que trabajan juntos es para aumentar sus medios de subsistencia mediante la búsqueda de nuevas formas de producir con mayor eficacia. Para lograr esto, inevitablemente, tienen que comprometerse en nuevas relaciones de producción que progresivamente sustituyen a los antiguos. Por lo tanto, es el objetivo fundamental de encontrar nuevas formas de controlar la naturaleza, junto con el mundo humano que se deriva de ella-la que determina qué tipo de relaciones de producción mejor se adapten a este fin (1998, 26). La división interna de estas relaciones se corresponden con su división temporal: las relaciones económicas tienden a desprenderse de la producción directa, ya que presupone el control económico de las fuerzas productivas y sus productos excedentes por un grupo de individuos-que utiliza este poder para explotar al resto de la población obligándolos a trabajar para ellos. Tan pronto como se apodera de este grupo de mando de estas fuerzas que empiezan a “arreglar” las relaciones de producción y explotación a través de arreglos institucionales, que pueden adoptar las formas jurídicas, políticas, religiosas o ideológicas. Por el contrario, las relaciones técnicas de producción están en constante evolución debido a su implicación directa con la fuerza de trabajo (Marx y Engels, 1968, 12), y en segundo lugar, las mejoras en la productividad requiere de nuevas técnicas y tecnologías, que a su vez modifica las relaciones entre los individuos en el curso de la producción, y en última instancia, desafía a los consolidados relaciones económicas. Las relaciones técnicas son siempre dinámicos, mientras que las cristalizan “en las relaciones económicas de carácter no económico las estructuras que sirven a la función de asegurar el monopolio del grupo en el poder sobre las fuerzas productivas. Por lo tanto, la tesis básica de este enfoque histórico es que “el socio-económicos diferentes organizaciones de producción que han caracterizado la historia de la humanidad surgen o se caiga, ya que permiten o impiden la expansión de la capacidad productiva de la sociedad” (Shaw, 2001, 235).

Para avanzar en un esquema de la relación entre la arquitectura y la superestructura ideológica de la sociedad, tendremos que trascender nuestro “habitual” comprensión de la misma-es decir, como los edificios “en general”. Ya hemos avanzado algunos pasos en esta dirección en los capítulos anteriores, exponiendo su material ontológico, y la base biológica. A partir de este, por lo menos tres significados diferentes se puede afirmar: 1) lo que podríamos llamar Arquitectura, que se refiere a la arquitectura inherente a la estructura biológica de nuestro cuerpo. 2) Todos los días la arquitectura como algo que surge de las necesidades inmediatas de vivienda, el comercio, y así sucesivamente, y que no depende de una disciplina del conocimiento a existir y desarrollarse. 3) La arquitectura como una forma de arte mayor, sujeto a la disciplina y la notación (Borchers 1968, 27). Si no podemos o llamar “arquitectura” de la gran mayoría de las zonas edificadas depende enteramente de la posición que adoptemos con respecto a estas tres definiciones. La arquitectura como el producto de una disciplina supone la existencia de un ámbito cultural, entendida como el desarrollo de prácticas artísticas e intelectuales. Aquí, la arquitectura se establece mediante su propia institución que no es independiente del desarrollo de la base económica, sino que se inscribe en el objetivo general de cualquier superestructura de la fijación y control de legitimación del grupo gobernante sobre la producción. Al principio de la historia, la legitimación de las relaciones de explotación comenzó a tomar formas jurídicas, en particular en el derecho civil romano, con los derechos de propiedad de la tierra, cuya arquitectura “expresión” es la villa romana-, y que finalmente dio lugar a una clase de terratenientes entre finales de Imperial y la época medieval temprana (Lefebvre 1991, 243, 252-253).

Sin embargo, la superestructura no es sólo un conjunto de instituciones que regulan y fijan las relaciones económicas. De diferentes formas de la conciencia ‘o’ las concepciones mentales del mundo surgen junto a él, lo que Marx llamó las formas ideológicas (1859, 4). Ahora bien, el sentido dado a las ideologías aquí no es general ni positivo (Larraín 2001, 248). Desde la superestructura, en su inicio, no es más que la expresión jurídica y política de las relaciones sociales materiales de producción, las ideologías sería la forma en que estas expresiones se unen en el sistema más o menos formada de pensamiento-ya sea político filosófico, científico, artístico , y así sucesivamente. Marx y Engels señaló que “en todos los hombres la ideología y sus circunstancias aparecen al revés, como en una cámara oscura ‘(1968, 11), por lo que las ideologías en que se forme un poco’ deficientes ‘o’ distorsionada ‘de la conciencia. Sin embargo, el punto de que los acontecimientos posteriores y las críticas a menudo han perdido por mala interpretación de la noción de “Lukács falsa conciencia” (ver Larraín 2001, 251; Lukács de 1971, 50-72) es que, en el sentido marxista original, la ideología no es simplemente un ‘falso’ o ‘mal’ la concepción de una realidad objetiva, verdadera, no simplemente una ilusión, sino que es la realidad social y material en sí mismo que es contradictorio e “invertido”(Larraín 2001, 248). De este modo, la ideología es una especie de imaginario o mental “resolución” de las contradicciones reales en el modo de producción de una determinada sociedad. Por otra parte, la distorsión o mala interpretación también implica el ocultamiento de esas contradicciones. Ya hemos mencionado el reino de cambio como algo distorsionada apariencia de que las relaciones de producción de tomar cuando se encarna en el valor de las mercancías bajo el capitalismo (véase el capítulo 3, xx):

Una mercancía es por lo tanto, una cosa misteriosa, simplemente porque en ella el carácter social del trabajo de los hombres se les aparece como un carácter objetivo marcado en el producto de ese trabajo, porque la relación de los productores a la suma total de su propio trabajo se presenta a como una relación social, no existe entre ellos mismos, sino también entre los productos de su trabajo. (Marx 2011, 83)

De esto se deriva que las contradicciones implícitas en el fetichismo de la mercancía son la raíz de toda ideología. El reino de cambio de mercado da paso a un “mundo de las apariencias de los que, sin embargo es absolutamente real y tiene efectos reales sobre la producción y en otros lugares. Este mundo de individuos libres de compra y venta de los productos privados de su trabajo es real, pero oculta el nivel más profundo de las relaciones de producción-sobre todo, la explotación como la fuente de la plusvalía (ganancia). Por lo tanto, Marx ve fetichismo de la mercancía y el mercado como un “real” la distorsión y el ocultamiento de las relaciones sociales de producción, la base material de la sociedad. Este mecanismo sólo podría haber florecido en la sociedad burguesa, y lo contrasta con el feudalismo, en que las relaciones sociales de producción fueron “no disfrazado bajo la forma de las relaciones sociales entre los productos de trabajo” (Marx 2011, 89). Pero el fetichismo no se debe confundir con la ideología, que sólo se plantea como un reflejo en la conciencia de la apariencia de la superficie de intercambio de mercancías.

La extraña naturaleza de una realidad social que es en sí misma engañando ha llevado a algunos a afirmar que estamos “viviendo una mentira” o que el mundo social es en sí misma “ideológica” (ver Hawkes 2003, 171; Žižek 1994, 305). Sin embargo, esto presenta el problema de la ampliación del concepto de ideología hasta el punto que se convierte en “políticamente ineficaz ‘ (Eagleton 1991, 7). La arquitectura es especialmente propenso para adaptarse a este argumento, ya que es tanto un producto de las fuerzas materiales e ideológicas. Pero sería demasiado simplista para poner fin a la discusión planteando la arquitectura misma como el producto de la ideología de los arquitectos. Por el contrario, lo que el problema parece plantea es un ocultamiento de matrimonio, una que es prácticamente real y materialmente (de cambio de mercado), y otro que refleja esta realidad en el pensamiento, con carácter retroactivo de refuerzo, la institución, y la naturalización de la primera. Este ocultamiento dual de las relaciones de explotación (las relaciones de clase de la producción) de manera efectiva asegura la reproducción continua de sus condiciones materiales, por lo tanto asegurar la posición adquirida por la clase dominante y su influencia en los medios y los productos del trabajo.

Arquitectura se encuentra en un lugar extraño con respecto a este régimen general. Por un lado, es el producto y la condición para mantener la vida cotidiana y de mano de obra y, como tal, sujeto a fetichismo dentro de la sociedad burguesa, en las que aparece como un objeto pasivo, neutral y puramente visual-espacial. Por otro lado, se produce de acuerdo con esta misma “realidad ilusoria” de que las instituciones y las industrias de la construcción internalizar en sus ideologías, lo que repercute de nuevo en producción. Un edificio oculta el hecho de que se trata de la “objetivación” de las relaciones sociales, y su propio “diseño” se reproduce y oculta este hecho. Más adelante veremos cómo, en el caso de No-Stop City, la superación de la ideología burguesa y la ciudad coincide con la abolición de la arquitectura en sí misma (véase el capítulo 6). Por lo tanto, el dilema está lejos de ser una de verdad o falsedad. La ideología no tiene su origen en la mente de los hombres, sino en sus relaciones sociales reales. Por lo tanto, no es algo simplemente “impuesta” por las instituciones superestructurales, tales como el Estado, los medios de comunicación, o las escuelas, sino que más bien se deriva de la forma básica en que se organiza la producción y el intercambio dentro del modo capitalista de producción. Esta es la base fundamental en la que deben enfrentarse, no sólo en el nivel de ‘ideas’.

Notas


[1] Una distinción debe hacerse entre la superestructura y la ideología. “Superestructura ideológica” El término surgió de Engels y la primera generación de marxistas posteriores a la muerte de Marx, y se refiere a la totalidad de las formas de conciencia social (véase Larraín 2001, 249-250). Por el contrario, el concepto de ideología tiene un significado más restrictivo y negativo. Nos centraremos primero en el sentido específico dado a la “ideología” por Marx, sobre todo en su relación con la superestructura. Varias críticas se han seguido las interpretaciones posteriores de la original, al uso marxista. Vamos a dar cuenta completa de las mismas y su relación con la arquitectura en el capítulo siguiente.

Trabajos Citados

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de Certeau, Michel. 1984. The Practice of Everyday Life. Translated by Steven Rendall. Berkeley: University of California Press.

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Hawkes, David. 2003. Ideology. London: Routledge,.

Larraín, Jorge. 2001. “Ideology.” In Dictionary of Marxist Thought, edited by Tom Bottomore, 247-252. Oxford: Blackwell Publishers.

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Lukács, Georg. 1971. History and Class Consciousness: Studies in Marxist Dialectics. Translated by Rodney Livingstone. Cambridge, MA: MIT Press.

Marx, Karl. 2011. A Contribution to the Critique of Political Economy. Translated by S. W. Ryazanskaya. Moscow: Progress Publishers, 1859. Marxists Internet Archive, accessed December 10. http://www.marxists.org/archive/marx/works/download/pdf/Capital-Volume-II.pdf

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Marx, Karl, and Friedrich Engels. 1968. The German Ideology. Moscow: Progress Publishers. Marxists Internet Archive, accessed December 10, 2011. http://www.marxists.org/archive/marx/works/download/Marx_The_German_Ideology.pdf

Morales, José Ricardo. 1969. “La concepción espacial de la arquitectura.” In Arquitectónica: Sobre la idea y el sentido de la arquitectura, by José Ricardo Morales. Santiago: Universidad de Chile.

Schmidt, Alfred. 1977. El concepto de naturaleza en Marx. Translated by Patricio De Stefani for academic purposes. Madrid: Siglo XXI de España,.

Shaw, William H. 2001. “Historical Materialism.” In Dictionary of Marxist Thought, edited by Tom Bottomore, 234-239. Oxford: Blackwell Publishers.

Suárez, Isidro. 1986. La refutación del espacio como sustancia de la arquitectura. Santiago: Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Tafuri, Manfredo. 1980. Theories and History of Architecture. Translated by Giorgio Verrecchia. London: Granada Publishing Ltd.

Walker, David, and Daniel Gray. 2007. Historical Dictionary of Marxism. Plymouth: Scarecrow Press, Inc.

Žižek, Slavoj. 1994. “How Did Marx Invent the Symptom?” In Mapping Ideology, edited by Slavoj Žižek, 296-331. London: Verso.

Acerca de patriciodestefani

My main focus is on the role of architecture within capitalist society and the search for a radical alternative practice. https://artificialorder.wordpress.com/
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