UNCTAD III: Arquitectura Contradictoria (Borrador)

*Este ensayo fue traducido electrónicamente desde el inglés.
Nota: Borrador para la segunda sección del Capítulo 5.

Por Patricio De Stefani

Este edificio refleja el espíritu de
trabajo, la capacidad creadora y el
esfuerzo del pueblo de Chile,
representado por:
 
sus trabajadores
sus técnicos
sus artistas
sus profesionales
 
Fue construido en 275 días y terminado
el 3 de abril de 1972, durante el gobierno
popular del compañero presidente de la
República, Salvador Allende G.
 
S.R.R[1]

1971, Utopía:

Industria, Modernismo, y Lucha de Clases en la Vía Chilena al Socialismo

El edificio para la tercera reunión internacional de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD III)[2] Fue construido en Santiago de Chile, entre junio de 1971 y abril de 1972, durante el gobierno del presidente socialista Salvador Allende.[3] Su historia está marcada por una serie de “traumáticas” eventos sociales y políticos, para decir lo menos. En esta sección se centrará en una “economía política” del edificio en relación con determinados aspectos del sistema económico chileno durante la década de 1960 y principios de 1970. Para ello voy a utilizar las principales hipótesis y conceptos desarrollados en la primera parte de esta investigación, el fondo económico más amplio, social y político de la época, y el caso y el papel de CORMU[4] en el diseño de una nueva forma de concebir el espacio urbano y la arquitectura influenciada principalmente por la Bauhaus y las ideologías del CIAM, sino también por las visiones sociales y políticos implícitos en las economías emergentes la cultura moderna de Chile.

Tendremos que comparar las premisas generales que el proyecto previsto sobre la relación entre la arquitectura moderna y la ciudad existente, con la relación actual del edificio establecido con la ciudad de Santiago. ¿Cómo UNCTAD III en relación con la ciudad existente? ¿Cuál fue el modo general y específica de esta relación? Responder a estas preguntas requiere que distingamos entre el edificio como lo sensorial y el edificio como objeto social.

Como una intervención urbana concreta, que estaba destinado originalmente para completar un gran complejo de viviendas modernistas: San Borja Renovación Urbana. Este desarrollo forma parte de las políticas urbanas llevadas a cabo por CORMU (desde 1966) y las políticas de vivienda de CORVI[5] -Dos. Dependiente del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU)[6] El papel y la visión de estas instituciones del Estado fue en gran medida progresista y enfocado en resolver los problemas de vivienda y urbanas de la clase obrera. El edificio está situado en el centro de Santiago en un bloque triangular. Su entrada principal está orientada al sur de la calle principal de la ciudad, Alameda (Libertador Bernardo O’Higgins) y San Borja, al oeste se encuentra el Cerro Santa Lucía (lugar fundacional de la ciudad), en el barrio norte Lastarria, Parque Forestal, y Cerro San Cristóbal, y al este, una de las plazas principales de la ciudad, la Plaza Baquedano. Se trata de un edificio aislado formado por dos volúmenes principales, un volumen horizontal en forma de losa que contiene todas las salas de conferencias principales y otras instalaciones, y una torre que comprende las funciones de secretaría (Fig. 1). Magnitud general del bloque horizontal se podría resumir de la siguiente manera: 180 m de longitud, 50 m de ancho y 20 m de altura, mientras que la torre es de 24 metros de eslora, 20 m de ancho y 80 m de altura. El edificio principal consta de tres edificios más pequeños (de estructura de acero y revestimiento de chapa ondulada), y sobre ellos un techo de acero plano tridimensional se basa en dieciséis pilares de hormigón. El edificio se conecta, a través de su entrada principal, la Avenida Alameda y el barrio Lastarria (Fig. 2).

Fig.1. Edificio UNCTAD III, placa y torre, 1972

Fig.2. Contexto urbano (Santiago Centro), vista desde Cerro San Cristóbal hacia el sur, 1973

Como un objeto urbano, el edificio se materializa un esquema más general de intervención en la ciudad existente. CORMU vio esto como una estructura burguesa obsoleto e ineficiente que fue el resultado directo de la “anarquía” y desigualdades del capitalismo (Honold y Poblete, citado por Gámez 2006, 11). La principal tarea de los planificadores chilenos y los arquitectos modernistas consistía en imponer el orden en la ciudad existente, un orden que era a la vez necesario y racional, universal y humana. Sin embargo, veremos que el modernismo chileno difieren en aspectos importantes de la evolución más generales dentro de la arquitectura moderna internacional, y parte de ello se debió a la influencia de las políticas económicas de América Estados Unidos. Como objeto arquitectónico, la UNCTAD III, se organizó en torno a una variante de la idea moderna del plan libre homogénea. Las múltiples actividades relacionadas con la conferencia fueron organizadas en un único plano compacto, rectangular donde las actividades sean «libremente» distribuidos por núcleos funcionales, incluyendo salas de conferencias propiamente dichas (Fig. 3).

Fig.3. Plano de ubicación y planta primer piso

Tan pronto como se analizan estas condiciones y las ideas más estrechamente, contradicciones emergen. La ideología de la CORMU refleja en gran medida los objetivos contradictorios, como la integración a través de la urbanización de la población pobre, como medio para evitar revueltas sociales-mientras que al mismo tiempo argumentar a favor de una transformación “socialista” y moderna de la ciudad burguesa. Sin embargo, como este discurso venía de la ideología dominante ‘modernización’ del Estado de “productivismo”[7], Necesitamos una comprensión más profunda de las condiciones económicas de las últimas décadas.

Desde la década de 1940 a finales de 1960 el chileno formación socioeconómica[8] Se caracteriza por un modelo de industrialización por sustitución de importaciones parcial (ISI)[9], Siguiendo las teorías económicas desarrollistas.[10] Estos fueron adoptados por diversos gobiernos latinoamericanos con el fin de promover la industrialización como una manera de superar el subdesarrollo y la crisis de los mercados de sus exportaciones-se agravó por la Gran Depresión (Hettne 2001, 137). Las relaciones económicas internacionales de Chile se caracteriza por la forma en que los países subdesarrollados trataron de hacer frente a la modernización sin mantener su dependencia anterior en naciones del primer mundo, que ellos acusados ​​de imperialismo y la explotación a través del intercambio desigual.[11] Bajo este impulso, una serie de instituciones internacionales se han creado a lo largo de las líneas de los conceptos de “desarrollo” y “modernización”[12] -e.g. CEPAL, UNCTAD.[13] En Chile, las instituciones del Estado nuevos, como CORFO[14] fueron creados para estos efectos. Sin embargo, el modelo fue ‘agotado’ pronto debido al impacto de la Segunda Guerra Mundial y los problemas internos, tales como la falta de demanda de bienes de consumo.[15] En 1958, la burguesía emergente logró elegir a Jorge Alessandri, un rico industrial del hombre-como el nuevo presidente, quien promovió la apertura a la inversión extranjera como una forma de financiar el modelo ISI en nuevos sectores de la economía-por ejemplo, bienes de capital y bienes de consumo duraderos (Vitale 1998, 207-208). Durante los años 1950 y 1960 hubo grandes movimientos migratorios de los campesinos a los centros urbanos. Esto dio lugar a una escasez de vivienda y otros servicios que el Estado tenía que cumplir, pero al mismo tiempo un aumento de la demanda, lo que permitió que el modelo ISI para recuperarse. De 1964 a 1970, el presidente Eduardo Frei Montalva, un demócrata cristiano que siguió las líneas desarrollistas recomendadas por CEPAL, basado en gran medida en los préstamos de los EE.UU., que un aumento sustancial de la deuda externa en el marco de la “Alianza para el Progreso” plan de puesta en marcha de Kennedy en 1961[16]– Para financiar sus propuestas. Dos de sus medidas más populares fueron la “chilenización del cobre”[17] y la “Reforma Agraria”[18] , Ambos de los cuales sólo se lograron parcialmente.

A medida que el desplome financiero de 1929 dio lugar a una disminución de los ingresos de divisas, que se utilizaban para importar productos manufacturados-CEPAL sugirió que los gobiernos de América Latina deberían adoptar el modelo de ISI. Sin embargo, este proceso de industrialización nacional se vio limitado por su dependencia del capital monopolista extranjero, que exportó la maquinaria e insumos necesarios para las industrias sustitutivas nuevos (Vitale 1998, 11). Por esta razón, el gobierno de Chile en virtud de Alessandri y Frei respaldó libre de impuestos a las importaciones extranjeras. Esto permitió a la burguesía industrial para salvar de la gran inversión en maquinaria, el aumento de la composición orgánica del capital, mientras que confían en la fuerza de trabajo barata (capital variable)-en su mayoría campesinos que vienen a los centros urbanos para aumentar sustancialmente sus ganancias y expandir sus industrias de consumo bienes a bienes de consumo duradero y productor (Vitale 1998, 6, 207-208). El aumento de la inflación y el malestar social debido a la vida pobre y las condiciones de trabajo, presionaron al Estado para promover grandes inversiones en urbanización (servicios, vivienda y transporte masivo) como una estrategia para integrar tanto los trabajadores y los campesinos y proporcionar la infraestructura necesaria requerida por la industrialización (Vitale 1998, 146). Mientras tanto, la burguesía agraria y comercial comenzó a trasladar sus inversiones al sector industrial, que pronto comenzó a ser controlada por empresas extranjeras a través de la inversión masiva de capitales. Hacia finales de 1960 el modelo de acumulación chileno se caracteriza por ser altamente concentrado, mono-exportador, heterogénea, con bajo nivel de ahorro, el crecimiento y el progreso técnico, y que no pueden superar la inflación crónica (Cornejo 2011, 174).

El clima ideológico general que surgió de e influyó en estas condiciones económicas fue dominada por dos tendencias principales. La primera fue la participación directa de la clase dominante con capital extranjero en el contexto de la Guerra Fría. Esto dio lugar a una feroz defensa de la propiedad privada y el control sobre los medios de producción, enmascarada como una defensa del individuo “libertad” y “democracia”, por lo general complementada con objetivos contradictorios, como el “reformismo” y la “integración nacionalista», representada por el Partido Demócrata Cristiano (DC) y el Partido Nacional (PN), respectivamente. El segundo fue el levantamiento campesino y movimientos obreros demandan tierra y la vivienda, que pronto se tradujo en “ocupaciones de tierras. Impulsado por la Reforma Agraria, la Revolución Cubana y las experiencias francesas de mayo de 68 ‘, este período se caracterizó por la escalada de huelgas y un rápido proceso de sindicalización, que fue reprimida violentamente por el gobierno de Frei, lo que resulta en varias masacres (Vitale 2000, 26). Sin embargo, fue precisamente su administración que desencadenó estos movimientos sociales que exigían la realización de sus promesas de una “revolución en libertad” (Vitale 2000, 23). Esta situación, junto con las divisiones internas dentro de DC, y la pérdida de la hegemonía de la burguesía industrial y financiera condujo en 1970 al triunfo de la coalición de la Unidad Popular (UP)[19] representada por Salvador Allende (Saavedra 2007, 178).

La estrategia económica seguida por el gobierno de Allende fue resumido por él de la siguiente manera: “Al desencadenar en el sistema económico fuerzas dinámicas frustrado antes, tenemos la intención de superar el modelo tradicional de crecimiento que se basó casi exclusivamente en aumentar las exportaciones y la sustitución de importaciones. Nuestra estrategia consiste en dar prioridad al consumo popular y confiar en las capacidades del mercado interno ” (Allende 1989, 317). Aunque Allende era abiertamente marxista y socialista, dejó en claro que su gobierno no iba a alcanzar el “socialismo”, sino más bien abrir un “camino” hacia ella, según el propio Chile, la autodeterminación y la situación. Su gobierno fue de transición, dijo, pero no obstante “popular, nacional, antiimperialista y revolucionario” (Allende 1983, 50). Por lo tanto, la llamada “vía chilena al socialismo” surge de “frente a la necesidad de iniciar una nueva forma de construcción de la sociedad socialista: nuestro camino revolucionario, el camino pluralista, anticipada por los clásicos del marxismo, pero nunca antes de poner en práctica ‘ (Allende 2009, 71).

Las contradicciones del chileno ‘dependiente’ forma de capitalismo, que comenzó a explotar bajo el gobierno de Frei, se profundizó durante el período de seguimiento. Como el cobre Allende nacionalizó y todas las industrias-que importantes ahora formaban parte del “área social”[20]– Y radicalizó la Reforma Agraria, los conflictos entre estos procesos sociales y el aparato legal e institucional dirigido por y para la burguesía, aumentado dramáticamente. Varios intentos para evitar que Allende asumiera el poder fueron hechas por la extrema derecha, incluyendo un fallido golpe de Estado respaldado por la CIA.[21] En el plano ideológico, el centro político lanzó campañas en los medios planteando la puesta de “tiranía comunista” contra “la libertad y la democracia”.[22] Lucha de clases como un proceso social objetivo, empieza a convertirse en parte de la realidad cotidiana chilena.

Como cualquier institución del Estado durante este período, CORMU también tomó parte activa en el proceso de transformación de la sociedad chilena. Esto se manifestó en la radicalización de su dirección y objetivos. A pesar de haber heredado el “reformista” enfoque de la administración de Frei, CORMU se llamaba ‘para sustituir a la deshumanización clasista creciente que demuestra el crecimiento caótico de la ciudad, mediante una política de recuperación de nuestro paisaje, las tradiciones populares y los hábitos de recreación, guiándolos ahora a los sectores pobres de la población “(CORMU, citado por Gámez 2006, 17). Podemos ver aquí un intento de conciliar un socialista, un moderno, un “regionalista”, y un enfoque asistencial al problema de la ciudad, por lo tanto, alejándose de la influencia de los regímenes de Europa y América (norte). Todas estas instituciones se crearon durante el gobierno de Frei, y tenían la intención de dar al Estado un papel de liderazgo en la producción del espacio urbano como una forma de impulsar la economía, así como integrar a la población marginada en el proceso de modernización (Raposo and Valencia 2005, 95). Sin embargo, en la práctica real, este proceso fue dirigido sobre todo a las clases medias, lo que sugiere que la creciente polarización social provocada por las contradicciones del capitalismo pueden mitigarse mediante el reposicionamiento de las clases medias en el centro de la ciudad (Raposo and Valencia 2005, 139). San Borja Renovación Urbana representado precisamente este tipo de intento. Así, el gobierno espera que “desde estos lugares de renovación comenzará el proceso de reducción gradual de las distancias sociales heredadas ‘ (Raposo, Raposo and Valencia 2005, 247-248).

Una vez en el poder, UP fue crítico de los intentos realizados por CC. Descenso de las masas populares hacia la periferia de las ciudades, la falta de contenido social en las políticas de vivienda, y el predominio de criterios de mercado, fueron denunciados y se enfrentaron. Sin embargo, a pesar de sus pretensiones radicales contra la ciudad burguesa, en su práctica real CORMU siempre reconoció su dependencia de las inversiones privadas para llevar a cabo su programa de (Raposo, Valencia and Raposo 2005, 95, 98, 135). El interruptor estratégica en el segundo circuito de capital prevista por el Estado, podrían entonces ser reorientados para corregir la fragmentación social en el espacio de la propia ciudad. Esto se materializa mediante la construcción de barrios populares en las zonas de clase media y alta (Raposo and Valencia 2005, 109). Atribuciones legales CORMU para poner en práctica estas ideas eran amplios. Podría comprar, vender y expropiar de inmediato un gran número de sitios con el fin de crear “conjuntos armónicos” (Raposo and Valencia 2005, 98) justifica por el hecho de que la ciudad necesita “un instrumento rápido con respecto a las expropiaciones ya que el interés social está por encima de cualquier consideración individual” (Schapira, citado por Gámez 2006, 10).

Con estos antecedentes en mente, podemos ahora abordar la UNCTAD III con más claridad. Para nuestro primer “pragmática” distinción entre el edificio y el objeto como cosa, tendremos que añadir un par dialéctico nuevo. Para los que nos encontramos en este edificio una confluencia de muchos factores de relevancia política, arquitectónica y económica. La pregunta es: ¿cuál de ellos deben ser considerados como inherentes a su arquitectura y qué parte de la contingencia de la situación histórica? Como se describe brevemente en el capítulo anterior, esto nos obliga a distinguir entre el edificio como el resultado y la condición de una práctica social concreta, y como representación ideológica-con todos sus significados y simbolismos asociados, que son particularmente fuertes en este caso .

Después de un año y medio de gobierno, el balance nacional se mostró optimista debido a la exitosa política de redistribución y de reactivación económica, que a su vez, un mayor apoyo popular, incluso en el plano internacional, la elección democrática del presidente marxista primera no pasó desapercibido , ya que la mayoría de la izquierda europea en ese momento, frente a estalinismo, estaba buscando una vía democrática al socialismo (Harnecker, Los tres Años del Gobierno Popular de Salvador Allende”. 1998, 34). Esto se vio reflejado en la designación de Santiago de Chile, por la comisión de la UNCTAD, para organizar la tercera edición de la conferencia con la condición de que las instalaciones necesarias se podría proporcionar. Además, la UNCTAD fue fuertemente influenciado por dependencia teóricos marxistas[23] de la CEPAL, quien argumentó que la situación de los países subdesarrollados no se debió a su falta de inclusión en el mercado mundial, sino por la forma misma en que se integraron en él (Hettne 2001, 137). Allende mismo fue influenciado por esta visión, afirmando que “la tarea asignada a la UNCTAD III es determinar nuevas estructuras económicas y comerciales, precisamente porque las establecidas después de la guerra, perjudicando gravemente los países en desarrollo, se caen a pedazos y desaparecerá ‘ (Allende 1989, 319). Desde el principio se vio la conferencia como una oportunidad para mostrar al mundo los beneficios de los cambios estructurales que se llevan a cabo.

Lo más notable acerca de la construcción fue el extraordinario esfuerzo exigido a las personas involucradas: a sólo diez meses para construir casi 40.000 m2, una tarea que normalmente lleva entre tres y cuatro años en esa época. El equipo de cinco arquitectos encargados (José Covacevic, Juan Echeñique, Hugo Gaggero, Sergio González y José Medina) pertenecían a CORMU y compartimos una fuerte cohesión ideológica y el compromiso (Raposo and Valencia 2005, 110). El sitio fue elegido debido a su ubicación central y, desde que estaba destinado originalmente para ser parte de San Borja Conjunto de viviendas-una de las torres de apartamentos ya estaba siendo construido, el cual fue aprovechado para ahorrar tiempo. Una estrategia que se necesitaba para avanzar tan rápido como sea posible. Según sus colegas, González se le ocurrió la idea original para el edificio: un “gran carpa” con todos los préstamos formalizados en virtud del mismo (Fig. 4, Wong 2011, 66). De este modo, las tareas tales como la construcción del techo y las salas de conferencias se puede realizar al mismo tiempo. A esta estrategia inicial varias ideas se suman: la continuidad (‘túnel’) con San Borja todo el camino a través del edificio hacia Lastarria barrio (Fig. 5), la idea de una ‘plaza de la capacidad “, y que también debería funcionar como una “estación” con conexiones subterráneas y de superficie de la ciudad (Fig. 6). Además, Allende propuso que después de la conferencia, el edificio debe convertirse en un centro cultural para la cultura popular, un “edificio de los trabajadores.[24]

Fig.4. primer modelo y modelo definitivo, 1971

Fig.5. Concepto constructivo y estructural ‘faenas paralelas’; túnel desde viviendas hasta el parque

Fig.6. Edificio-Plaza; Edificio-Estación

Sin embargo, centrarse únicamente en estas “ideas arquitectónicas” sería poco satisfactorio para nuestro análisis. Debemos hacer referencia a su marco ideológico y aún más, a la práctica social de la que surgió. La noción ya se ha discutido de extracto espacio-el espacio de acumulación-tendrá que considerarse en relación a la particular ‘modernismo’ que este edificio destinado a realizar. Por lo tanto, una pregunta inevitable asoma: ¿cómo un espacio provocada por la modernidad (el capitalismo) se podría utilizar para encarnar a un socialista “revolución”? ¿Sabía UNCTAD III logró cerrar la brecha entre la negación crítica de la actual (burguesa) de la ciudad y el positivo presagio de “socialista” de un futuro espacio? Estas preguntas, que pertenecen a la esfera ideológica, nos llevará a enfrentar la contradicción entre una concepción negativa de la ideología (fetichismo) y una positiva (conciencia de clase). ¿Qué pasa con el edificio como una práctica social-como la organización de actividades, tanto para su producción y su uso? Funcionales (mental) abstracciones tendrá que hacer frente a la abstracción (social) de los objetos que las actividades de las estructuras, de los trabajadores de primera y de “usuarios”. Fue el último UNCTAD III “esperanza” de la vía chilena al socialismo, su última utopía? Como veremos, la tensión entre las utopías modernas y socialista encarnada en este edificio entre reproducción y transformación, el Estado y los trabajadores, tendrá un giro inesperado, que hará hincapié en la brutalidad (arquitectónica) necesaria para mantener el orden social.

1973, Tragedia:

La Utopía Neoliberal, el Terror y el Desmantelamiento de la Arquitectura Chilena

Tras la apertura del edificio y el desarrollo de la conferencia durante abril y mayo de 1972, algo cambió.[25] El gobierno tuvo que hacer frente a graves problemas económicos, tales como la disminución de la inversión privada, la hiperinflación, escasez de la oferta, los altos niveles de especulación y fuga de capitales, y varias huelgas. Algunos economistas han tratado de explicar estas cuestiones sólo como fracasos de la “irresponsabilidad” del Estado, en su “populista” el gasto y redistribución a través de aumento salarial (Cornejo 2011, 182; Meller 1996, 117-133; Ffrench-Davis 2003, 28-29 ). Pero sus conclusiones se basan en ignorar el impacto económico de la lucha de clases, el sabotaje reaccionario de la burguesía, y el intervencionismo estadounidense (Cornejo 2011, 181-182). Allende y la clase obrera se unieron para enfrentar las causas reales de la situación económica: la propaganda negro, corrida bancaria, el mercado negro, el acaparamiento, los ataques terroristas contra los bienes industriales, bloqueo de EE.UU. invisible (veto a los préstamos y créditos internacionales), dejando de piezas de repuesto las importaciones, y la financiación y el entrenamiento de grupos fascistas paramilitares para crear un “clima de golpe” (Harnecker, Los tres Años del Gobierno Popular de Salvador Allende”. 1998, 36). Para contrarrestar algunas de estas acciones sin transferir su impacto en los trabajadores, el gobierno tuvo que ampliar la oferta de dinero-con los consiguientes presiones inflacionarias (Harnecker, Los tres Años del Gobierno Popular de Salvador Allende”. 1998, 34)- Y crear DINAC, JAP, y los “mercados populares”[26] para controlar el suministro, la distribución y los precios. Como complemento de estas medidas, los trabajadores comenzaron a tomar el control de las fábricas expropiadas, formando “cordones industriales”[27], Y “comandos comunales” en la organización de los barrios populares para ayudar voluntariamente a los organismos gubernamentales. Este espíritu de cooperación entre los trabajadores y entre éstos y el gobierno, va a caracterizar lo que comenzó a ser conocido como el “poder popular”, la organización espontánea y la conciencia colectiva de clase de los trabajadores en la lucha por su emancipación económica.

Las personas involucradas en la construcción de la UNCTAD III pronto se dio cuenta de que no sólo iba a ser un reto enorme, pero que a fin de lograr su objetivo, el proceso de trabajo mismo deben someterse a una transformación radical. Los arquitectos e ingenieros que recordar el hecho de que los trabajadores estaban muy comprometidos con la tarea, querían demostrar que ‘fueron capaces de construir una sociedad más justa ” (Troncoso 2011, 60). Además, según Hellmuth Stuven, uno de los ingenieros, los trabajadores participaron en las reuniones de planificación proponiendo mejoras para ahorrar tiempo. Aún más, añadió que “sin invertir la pirámide no podíamos avanzar, simplemente nos vamos a fracasar” (Stuven 2007). Esto tiene que ser entendida como parte de la situación social en la que se creó la “batalla de la producción” real[28] Para contrarrestar el boicot de la oposición. DC todavía tenía influencia en algunos sectores de la clase obrera y les pagó a la huelga contra el gobierno en demandas “tema único” (Harnecker, Los tres Años del Gobierno Popular de Salvador Allende”. 1998, 36). Para dividir y convertir a los trabajadores contra sí mismos, contra sus intereses como clase, fue un duro golpe para el gobierno. Sin embargo, los trabajadores que eran conscientes de esto entendieron que tenían que trabajar el doble más rápido para mantener la producción. Para ello comenzaron a organizar el proceso de trabajo por sí mismos, denunciando boicots sus directivos a los organismos gubernamentales. UNCTAD refleja claramente este clima, particularmente cuando había escasez de piezas de repuesto para ejecutar algunas máquinas, o cuando el comercio de Ingenieros sindicato se declararon en huelga, y los trabajadores reemplazado (Maulén 2006, 90). A partir de estas experiencias se deduce que la estructura social subyacente de las actividades (actos humanos), que controla la organización del trabajo debe haber sido alterado de alguna manera. ¿Esto significa que tuvo un efecto en la configuración de los objetos arquitectónicos? Ciertamente, las decisiones sobre cómo organizar el tiempo y el espacio influido directamente en la planificación y diseño del edificio, pero los cambios en la organización de los trabajadores no eran paralelos anterior a la construcción.

¿La organización espacial y temporal (objetos) del plan de la UNCTAD fundamentalmente impugnar la producción capitalista de espacio en Santiago? No. En primer lugar, el problema que tenemos que enfrentar es que de una falta de coincidencia entre el discurso de los arquitectos política y moral y la estructura subyacente de su diseño. Esta contradicción no es específico de la UNCTAD, pero se ejecuta a lo largo de la historia de la arquitectura moderna: modernismo como formalismo estético y el modernismo materialista como el funcionalismo puro. Tafuri ha identificado este conflicto interno en el intento de Hannes Meyer para combinar la arquitectura moderna y el marxismo (Tafuri and Dal Co, Modern Architecture 1980, 173). En segundo lugar, hemos mostrado cómo la noción de Lefebvre del espacio abstracto era la base material que permitió el surgimiento de las teorías de la Bauhaus y de la arquitectura modernista, y no al revés (Lefebvre, The Production of Space 1991, 304). Es decir, los arquitectos no ‘inventar’ abstract (moderno) el espacio; sus teorías reproducir algo que ya estaba ahí, una abstracción real funcionamiento y organización de la producción y la sociedad. De ello se desprende que, aun cuando CORMU intentado una “estetización de la política” (Raposo, Raposo and Valencia 2005, 168) Para anunciar el cambio social en el entorno construido él mismo-, no pudo presagiar una arquitectura que estructuralmente se enfrentó a la producción capitalista del espacio. Sin embargo, esto debe ser visto como parte de la relación ambigua de UP a la modernidad como una fuerza limitada pero potencialmente revolucionario (Pinedo 2000, 139). Esto era, en cierto sentido, “reflejo” en la relación entre CORMU y la arquitectura moderna, en la que el racionalismo y el funcionalismo ortodoxo dio paso a enfoques más experimentalistas (Raposo, Valencia and Raposo 2005, 144, 158). A pesar de su apariencia de “grave” y monumental, la UNCTAD III fue un ejemplo de tal variante latinoamericana de la arquitectura moderna. Esto se muestra en dos aspectos importantes: la ‘integración’ de la construcción dentro de la trama urbana y el concepto de “arte integrado” desarrollado por los artistas modernos que intervinieron el edificio durante el proceso de construcción como parte de su función como centro cultural (futuro Fig. 7). Según el asesor artístico de la UNCTAD Eduardo Martinez Bonatti, el arte moderno no debe limitarse a un museo, convertida en arte-mercancía-un privilegio de las clases altas. Un “anti-museo de arte” debería ser “un museo al otro lado de la ciudad, en todo el medio ambiente”, un arte “incorporado como un elemento más de la realidad”, porque “no es propiedad de ningún ser particular, es propiedad de un medio colectivo social ” (Martínez Bonatti 1972, 4). Mientras que los artistas estaban proclamando la convergencia anti-burguesa y revolucionaria entre el arte y la vida, los arquitectos eran ciertamente más moderada-a lo largo de las líneas reformistas del Estado, de vez en cuando levantando la bandera de la “revolución”, pero finalmente conforme a los dictados de lo abstracto ( ) el espacio del capitalismo. El paralelo con la Comisión Europea vanguardias (Lefebvre, The Production of Space 1991, 304) no fue una mera coincidencia, sin embargo, tampoco era sólo una cuestión de “influencia cultural”. Después de trabajar en la Bauhaus y la URSS con Meyer, el arquitecto húngaro Tibor Weiner, viajó a Chile y dio clases en la Universidad de Chile con Sergio González como su asistente, quien luego lo reemplazó (Maulén 2006, 84).

Fig.7. Arte Integrado en la UNCTAD III (de izquierda a derecha y de arriba a abajo): Felix Maruenda (chimeneas de la cocina), Ricardo Meza (tiradores de puertas), Alfredo Manzano (ballenas colgantes), Bernal Juan (claraboyas).

La relación dialéctica entre un “constructivista” funcionalismo -identificado con el marxismo y “científico-mecánico” materialismo- y un “popular” modernismo -que incorpora el arte, la trama urbana y popular simbolismo era el dilema para los arquitectos de la UNCTAD. El primer caso se reflejó en la lucha con la organización, el tiempo, la producción, la eficiencia, y todos aquellos factores que están directamente ‘determinadas por la vida ” (Meyer 1970, 117). La segunda, en la incorporación activa del arte, las referencias populares, tales como la idea de que recuerda un “alero-edificio de porches coloniales (Maulén 2006, 86), Sus económicos impulsados ​​por ‘brutalistas “estética y su” piazzettas’ y jardines en terrazas en la entrada secundaria del barrio Lastarria (Fig. 8; Winograd, citado por Raposo, Raposo y Valencia 2005, 287-288). Sin embargo, desde el punto de vista del espacio abstracto, no sólo estas tendencias no son mutuamente excluyentes, sino complementarios, como los anuncios de Lefebvre en su análisis (Lefebvre, The Production of Space 1991, 354), En el que la eficacia de una racionalización positivista y la objetivación de la arquitectura se basa precisamente en su visualización, la estetización, la cualidad, el simbolismo, el uso. El edificio es a la vez un producto de las fuerzas materiales de la sociedad y de una ideología institucionalizada y en el discurso político. De hecho, la utopía y la ideología están inextricablemente entrelazados en el mismo. Por un lado, el aspecto semi-suspendido y autónomo de las salas de conferencias señala un “salto hacia adelante” en un futuro mejor que está por venir (Fig. 9). Por el otro, se materializa el Estado mismo “reformista” ideología que trata de superar. Su “instrumentalidad” no radica en ser una herramienta directa para la producción de un “nuevo espacio socialista ‘-como’ fábricas dirigidas por workers’, pero al dar la” apariencia “de la misma. El techo spaceframe gigantesco y homogéneo da la necesaria “unidad” con el todo, pues, un sentido de totalidad se encarna, que de otra manera se percibe como tres edificios separados. Sin embargo, más allá de los sentidos posibles, no debemos olvidar el carácter ideológico de estos procedimientos, es decir alegórico su ‘ocultar’ la naturaleza, o el hecho de que las interpretaciones de este tipo son de uso frecuente por los propios arquitectos para “cubrir” lo que realmente hacen sus edificios, lo que incluye la forma en que se producen.

Fig.8. Acceso norte y torre; acceso oeste a través de un callejón lateral

Fig.9. Fachada norte

Todas estas contradicciones, ya sea ideológico, estético o práctico, se unen en torno a una tensión central entre el eje antes mencionado de reproducción y transformación (véase el Capítulo 4). Lo importante a notar aquí es como las anteriores categorías opuestas giran en torno a este eje espacio-temporal sin posición fija: funcionalista-materialismo, por ejemplo, puede tener una función progresiva apuntando a la transformación de la base material de la sociedad, pero también puede se usa para desintegrar diferencias en una objetivación completa de la arquitectura. Un problema difícil abre con esto, el problema de la arquitectura como la media de consumo, la producción, la acumulación, la energía. ¿Puede el uso instrumental de la arquitectura cambiarlo hasta el punto de convertirlo en contra de la finalidad para la que fue concebido? ¿Esto significa que los edificios son dispositivos neutros en espera de ser “significado” y “politizado” por “usuarios”? Formulada de esta manera, estas preguntas no nos lleva muy lejos. Veamos un ejemplo de este problema contando el cambio histórico que se alejó de la UNCTAD III de su anterior ‘destino’.

Notas


[1] Inscripción de la placa de piedra por el escultor Samuel Román, escrito por el arquitecto Sergio González.

[2] La tercera conferencia se celebró en Santiago de Chile, del 13 abril-21 mayo 1972. Persiguió, entre otras cosas, “la promoción del progreso económico de los países en desarrollo por medio de un desarrollo amplio del comercio mundial que sea justo y ventajoso para todos los países” (UNCTAD, 1973, 1).

[3] Salvador Allende fue presidente de Chile del 4 de septiembre de 1970 hasta su derrocamiento por un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973.

[4] Corporación de Mejoramiento Urbano o CORMU fue un organismo creado en 1966 para planificar y ejecutar proyectos de renovación urbana acorde a ideas modernistas.

[5] Corporación de la Vivienda, creada en 1952 por el presidente Carlos Ibáñez del Campo.

[6] Ministerio del Estado de Chile creado en 1965 por el Presidente Eduardo Frei Montalva para la planificación y desarrollo de proyectos de vivienda y urbanización.

[7] Nos referimos a los enfoques deterministas y mecánicos del materialismo histórico y la identificación de la primacía de las fuerzas productivas con el economicismo, por ejemplo, Kautsky, Plejanov. Ver (Harman 1998, 9-11) y (Lefebvre 1991, 72, 322, 410).

[8] Uso este término en lugar de “sociedad” para distinguir un acercamiento histórico de uno teórico a la economía política. Ver (Harnecker 1971, 19-24).

[9] Este modelo aboga por sustituir las importaciones extranjeras para los productos nacionales como una manera de fomentar el desarrollo industrial en los países del tercer mundo.

[10] El desarrollismo fue un conjunto de teorías que surgieron después de la Segunda Guerra Mundial a partir de la teoría de la modernización y la economía estructuralista, y que intentó teorizar estrategias económicas y políticas para los países en desarrollo a alcanzar el desarrollo a través de sus industrias nacionales. Ver (Rist, 2008, 109-122).

[11] Las teorías de la dependencia (desarrolladas en América Latina) tenían varios puntos en común con las teorías marxistas del imperialismo y el desarrollo desigual y combinado (Lenin, Luxemburg, Trotsky). Ver (Hettne 2001).

[12] Para una toma amplia y crítica sobre estos conceptos, véase (Rist 2008).

[13] La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) fue creada en 1948 con sede en Santiago de Chile, y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) fue creada en 1964 en Ginebra, Suiza.

[14] Corporación de Fomento a la Producción, fundada en 1939 por el Presidente Pedro Aguirre Cerda.

[15] Principalmente como consecuencia del alto porcentaje de la población pobre y de bajos ingresos (Vitale 1998, 207).

[16] Según Vitale, este “plan de ayuda” fue dirigida a contrarrestar el impacto ideológico de la Revolución cubana reciente en los países latinoamericanos. Ver (Vitale 2000, 13).

[17] Este término se utiliza para diferenciarla de una completa nacionalización de las minas de cobre.

[18] La reforma agraria diseñada para expropiar la propiedad de la tierra de latinfundistas (terratenientes) y redistribuirla entre los campesinos, poniendo fin a las relaciones de propiedad “colonial-feudales”.

[19] La Unidad Popular siguió al FRAP (Frente de Acción Popular) que fue una coalición de partidos de izquierda que existió desde 1956 hasta 1969. La Unidad Popular estaba formada por el Partido Socialista, Partido Comunista, Partido Radical, Partido de Izquierda Radical, el MAPU (Movimiento de Acción Popular Unitaria), y el Partido de Izquierda Cristiana. La coalición se formó en diciembre de 1969, ya través de elecciones internas designadas Salvador Allende como su candidato presidencial para las elecciones de 1970.

[20] El Área de Propiedad Social de la economía fue una de las medidas más importantes del programa de la Unidad Popular. Consistió en la socialización de las industrias clave hasta ese entonces controladas por los monopolios nacionales y transnacionales. Estas industrias estarían bajo el control democrático de los trabajadores y los representantes del gobierno. El área fue vista como una clave para la construcción de una economía socialista planificada, en contraste con la burocracia del capitalismo de Estado. Ver (Allende 2008).

[21] El General Roberto Viaux planeó el secuestro fallido y resultante asesinato del general René Schneider (que era considerado leal a la constitución) el 25 de octubre de 1970, para provocar la movilización de las fuerzas armadas y por lo tanto para evitar que Allende asumiera su cargo. La operación fue financiada y promovida por la CIA, en coordinación con Asesor de Seguridad Nacional de los EE.UU., Henry Kissinger, en lo que se llegó a ser conocido como operación “Track II” o ‘Project FUBELT’: ‘La opción de un golpe militar fue jugado desde el primer día en que Allende triunfara” (Vitale 2000, 45-48). Véase también (Uribe 1974).

[22] Sólo una semana después de que Allende ganó las elecciones, el ministro de Hacienda de Frei, Andrés Zaldívar, anunció que la economía estaba siendo destruido debido a banco masivo funcionar como una reacción a los resultados de las elecciones. El principal periódico de derecha, El Mercurio, publicó un fotomontaje de los tanques rusos entran en La Moneda, palacio, diciendo que Chile seguiría el camino de Checoslovaquia, e incluso que los niños chilenos serían trasladados a Rusia. Ver (Vitale 2000, 41, 42).

[23] La teoría de la dependencia se desarrolló durante los años 1960 y 1970 como una síntesis de marxismo americano (Baran, Frank, Sweezy), el marxismo latinoamericano (Marini, Dos Santos), y el estructuralismo económico latinoamericano (Prebisch, secretario general de la UNCTAD, Furtado, Pinto, Cardoso, Faletto) Ver (Hettne 2001; Kay 2001).

[24] Allende manifestó la necesidad de recuperar los trabajadores por el increíble trabajo realizado en el acabado de la construcción a tiempo, por lo que propuso dotar al edificio de nuevo a los trabajadores. Ver (Ulibarri 1972).

[25] “Perdimos demasiado en los últimos meses de la Unidad Popular, porque no se podía dormir esperando el golpe de Estado, y si no se puede dormir no se puede soñar, y lo digo literalmente, no se puede soñar en el futuro de un país, en el futuro de una ciudad” (Stuven 2007).

[26] DINAC (Dirección Nacional de Abastecimientos y Precios) y JAP (Comités de Abastecimientos y Precios).

[27] Industrial belts or Cordones Industriales were a form of workers organisation, democracy, and popular power under which several factories or companies were grouped along a common street or area of the city. Their initial intention was the democratisation of the workplace, but soon it became a front to combat strikes organised by the company owners to boycott against the government. They were independent from Trade Unions and the State. See (Silva 1998; Gaudichaud 2004).

[28] “El futuro de la revolución chilena está, más que nunca, en las manos de los que trabajan. Depende de ustedes ganar la gran batalla de la producción ” (Allende 2008, 248).

 

Trabajos Citados

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